Seleccione su idioma


<-
Idioma - Language - Idioma - भाषा (Bhāṣā) - 语言 (Yǔyán)

Este hombre, que soporta un doble suplicio, sufre un triple castigo: el del "condenado siguiendo con las manos atadas por la calle", el de la multitud enfurecida que lo acompaña para presenciar el sacrificio y el de los cientos de ojos que lo observan a través de la ventana; todas ellas, formas severas de tortura y reprobación, en las cuales el hombre se ha especializado.

En la primera, segunda, tercera y quinta estaciones, hay claras referencias al doble suplicio, con expresiones como "estoy ante la horca", "cuerda y cruz", "cuerda en mi cuello" y "cuerda atada al cuello", respectivamente. Pero el ritual que predomina es el de la crucifixión, con el flagelo, el suplicio ya registrado en nuestra memoria cristiana. Fragmentos de escenas relatadas en los evangelios se mezclan con las de un hombre común, que, por analogía, puede ser cualquiera de nosotros. Un hombre que sufre privación de la libertad humana; no puede probar su inocencia de una supuesta transgresión; soporta la traición del amigo, especie de Pedro bíblico que, sin embargo, se iguala a Pilatos, lavándose las manos para eximirse de responsabilidad en ese crimen. Que tiene, como Cristo, una madre que sufre por él y con él, y un padre (poderoso-ausente) que no aparta el cáliz de la agonía. Diferentemente, este hombre (¿médico? ¿farmacéutico?) que también cura, pero no por medios extraordinarios, tiene mujer e hijo y una infancia (única época de la vida de Cristo de la que no se tiene registro), una infancia paradisíaca, donde aprendió la cárcel y el salto hacia la libertad.

El cuento, en una atmósfera de "Mitín, procesión o cosa parecida, de no ser por la sangre que moja la tierra", termina, al parecer, con la crucifixión del hombre y la agonía que precede a su muerte: "ese pedir de agua, de agua, de agua, agua". Esta sed no es física. En la esfera de lo simbólico, puede ser la sed el deseo de la plenitud humana. ¿Pero la vida del personaje tiene realmente este desenlace? Literalmente, ¿muere en la cruz?

El lector principiante podrá imaginar que allí se desarrolla la historia de un personaje que de hecho revive la flagelación de Cristo, pasando por otra vía crucis. En realidad (si se puede hablar de verdad en la ficción), la acción es interior y no exterior. Fruto de una presión psicológica, todo sucede en la cabeza del personaje que, dentro de un espacio limitadísimo _ la cárcel _ por una razón que desconocemos, imagina tal suplicio. Por eso, en la Primera Estación, en una especie de delirio, "que viene y (...) huye", el personaje ve todo "en una neblina o nebulosa" o "entre sombras", llegando incluso a decir "tengo una visión", refiriéndose al ahorcamiento. La dilución del argumento, armado de forma tenue y discontinua, colabora para que el lector poco habituado olvide informaciones que, al ser juntadas, nos dan las llaves del rompecabezas. Esta especie de narrativa se construye realmente como un juego. Es, de hecho, un arte interactivo, similar a algunos videojuegos.

Existen dos modalidades de tiempo en este cuento. Varias expresiones conotan que el tiempo en que ocurren los hechos narrados, con el difuso episodio de la crucifixión, es el convencionalmente denominado tiempo psicológico. Este es interior, subjetivo, inmensurable, creado por la imaginación de aquel personaje anónimo que vive un drama que desconocemos y que necesita ser descifrado. No podemos medir cuánto tiempo gasta en sus "delirios", en forma de monólogos interiores, aunque estos se extiendan hasta la decimocuarta estación. Expresiones tales como "y tú sentías caminar" (II estación); "Las escenas se sucedían y tú intentabas ametrallar la memoria con escenas sucesivas" (IV estación); "y los golpes de los martillos (...) podrán ser una visión tan solo mía" (V estación); "Los recuerdos" (VI estación); "colocando recuerdos en cada lugar" (VIII estación); "La cosa [el delirio] fue volviendo lentamente (IX estación); "La agonía nuevamente" (X estación); La agonía de la noche (...) "Y no te queda nada más (...) sino pensar y estar vivo por el pensamiento" (XII estación) todas ellas, entre otras, son índices de un tiempo puramente interior o psicológico.

Sin embargo, también existe en este cuento de Miguel otro tiempo: el cronológico. Pero en lugar de ser exterior, objetivo, medible, perceptible para el lector, con alusiones a las horas del día u otras marcas temporales explícitas, tal como ocurre en las narrativas tradicionales, no es fácil deducir su lapso. Se tiene la impresión de que él, como suele suceder en cualquier cuento, no abarca más de un día en la vida del "prisionero", pues hay referencia a la mañana, en la Primera Estación, y a la "agonía de la noche" en la Duodécima. Son datos lanzados aparentemente al azar, pero, aun así, balizadores de este tiempo cronológico.

Se nota igualmente un espacio psicológico, creado por la imaginación o delirio del narrador-personaje (la calle, el camino, donde se reedita una flagelación similar a la de Cristo) y un espacio físico, "concreto", donde él se encuentra, aparentemente esperando el juicio de un crimen que desconocemos, espacio que, en una primera lectura, se puede entender como el de una prisión.

La acción, consecuentemente, es también puramente interna. No hay lo que se puede llamar acción externa. Todo el tiempo el hombre (anónimo) se encuentra encerrado y quizás inmóvil en un calabozo, o especie de calabozo, dando vueltas "dentro de sí mismo", lo que vale decir perdido en sus elucubraciones. No se desplaza dentro de este espacio. Solo su memoria, o su psique, viaja. Sin embargo, es en la "Tercera Estación", cuando se densifica el sentimiento de angustia del personaje, que ella se refiere, en primera persona, al "frío fétido feo suelo de este calabozo". Luego, cambiando el ángulo de visión a la segunda persona, una voz narradora afirma en la "Octava Estación": "Tú estás nuevamente en aquel calabozo". Y reafirma, dentro del mismo foco narrativo, en la "Décima": "Tu calabozo era como la casa de tu infancia". Por fin, en la "Decimotercera", alternándose nuevamente el ángulo de visión a la primera persona, el propio personaje confirma: "el sonido (...) llegaba a mí a través de los barrotes de hierro de una ventana de cincuenta años". ¿Ventana de cincuenta años? He aquí nuevamente la ambigüedad propia de lo poético. Además de objeto físico atado a una cronología, esta ventana así calificada puede referirse a un ser maduro (de cincuenta años) que desde su prisión humana ("barrotes de hierro") logra auto-evaluarse. Quizás por eso mismo el personaje, a través de la visión de una segunda persona, admite no tener nada más que hacer "sino pensar y estar vivo por el pensamiento".

Obsérvese, de paso, que el autor usa, de principio a fin de la narrativa, estos dos ángulos de visualización de la historia: primera y segunda persona. Esta última modalidad nunca apareció en narrativas convencionales. Es un recurso de experimentación. La alternancia de estas dos modalidades focales parece asumir un sentido simbólico de complicidad. Un cierto modo de decir que el "yo" y el "otro" se miran y se identifican.

Deixe seu comentário - Leave a comment - Deja tu comentario - 发表评论 - अपनी टिप्पणी छोड़ें

O editor não se responsabiliza pelos comentários registrados aqui., El editor no se hace responsable de los comentarios registrados aquí., The editor is not responsible for the comments registered here., 编辑不对此处记录的评论负责。, संपादक यहाँ दर्ज की गई टिप्पणियों के लिए जिम्मेदार नहीं है।

Número de celular e e-mail não irão aparecer na internet, El número de móvil y el correo electrónico no aparecerán en internet, Mobile number and email will not appear on the internet, 手机号码和电子邮箱不会出现在互联网上, मोबाइल नंबर और ईमेल इंटरनेट पर दिखाई नहीं देंगे.

Seja o primeiro a escrever um comentário.
❤️Espaço do anunciante❤️[mpx]