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Pimenta Neves
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Enviado por Ricardo Noblat -
Pimenta Neves, casi una década de impunidad

Asesino de su exnovia, el periodista Pimenta Neves, confeso, juzgado y condenado en primera y segunda instancia, sigue libre. ¿Cómo es posible?

De Laura Diniz:

El periodista Antonio Pimenta Neves tiene suerte de ser brasileño. Si fuera ciudadano de los Estados Unidos, Italia, Francia, España, Portugal, Argentina, Colombia o Costa Rica, y hubiera cometido en uno de esos países el crimen que cometió aquí, la probabilidad de estar fuera de la cárcel sería prácticamente nula.

En agosto de 2000, el periodista, entonces director del periódico O Estado de S. Paulo, mató a tiros a su exnovia y también periodista Sandra Gomide, de 32 años.

El crimen cumplió nueve años el mes pasado y Pimenta Neves –confeso, juzgado y condenado en primera y segunda instancia– sigue libre como un pájaro.

Peor que eso: las posibilidades de que nunca vaya a la cárcel –o de que, al final de todo, pase no más de un año y once meses allí– son escandalosamente reales.

A sus 72 años, el asesino de Sandra Gomide lleva una vida tranquila y discreta. Sin responsabilidades ni obligaciones (gracias a dos pensiones, tiene ingresos suficientes para no trabajar y no trabaja), pasa los días leyendo y navegando por internet.

Habla por computadora con amigos y sus hijas gemelas, que viven en Estados Unidos, y solo suele ver la televisión cuando hay partido de su equipo, el São Paulo. Una perra teckel, a la que bautizó como Channel, le hace compañía en la casa de 930 metros cuadrados en Chácara Santo Antônio, un barrio exclusivo de São Paulo.

Es la misma en la que vivía antes del crimen.

En las pocas ocasiones en que sale de allí, usa uno de sus dos coches: un Clio de 1998 y un Peugeot de 1995. A veces se arriesga a dar un paseo para tomar un café en la panadería o beber una cerveza con amigos (a finales del año pasado, fue visto con un grupo de ellos disfrutando de una tarde de primavera en un restaurante del barrio).

Otras veces, recibe invitados en casa para almorzar –como el día 11 de junio, en el feriado de Corpus Christi (ocasión para la que se preparó yendo la víspera al supermercado a elegir dos botellas de vino). El periodista goza de buena salud: ha dejado los antidepresivos que empezó a usar poco antes de matar a su exnovia y solo toma medicamentos para controlar la presión.

El año pasado, como tiene título de abogado, intentó registrarse en la Orden de Abogados de Brasil. Fue rechazado por "falta de idoneidad moral". Aparte de este contratiempo, atraviesa sus días con la serenidad de un inocente –incluso siendo un asesino.

En julio de 2000, después de que Sandra pusiera fin a su noviazgo, Pimenta Neves la despidió del periódico que dirigía alegando razones profesionales. A amigos, decía que ella lo había traicionado, incluso profesionalmente.

El día 20 de agosto, se metió un revólver calibre 38 en el bolsillo y se dirigió al Haras Setti, en Ibiúna, interior de São Paulo, donde sabía que encontraría a Sandra –como él, apasionada por los caballos. Tras discutir, Pimenta sacó el revólver y disparó a la joven por la espalda. Cuando ella cayó al suelo, se acercó y disparó un segundo tiro, esta vez, en la cabeza de su exnovia.

En 2006, fue condenado por el crimen en jurado popular. En el mismo año, tuvo la sentencia confirmada por el Tribunal de Justicia (TJ) de São Paulo y, dos años más tarde, por el Superior Tribunal de Justicia (STJ).

¿Cómo explicar el hecho de que siga libre? La respuesta está, sobre todo, en un cambio ideológico que empezó a tomar cuerpo en el Supremo Tribunal Federal (STF) a principios de los años 2000.

Hasta la década de 90, el STF estaba compuesto por una mayoría de ministros llamados conservadores –término que, en derecho penal, indica a aquellos que tienen una interpretación rigurosa de la ley, en oposición, por ejemplo, a los "garantistas", más preocupados en asegurar los derechos fundamentales del reo.

En términos generales, los conservadores serían aquellos que mandan a prender y los garantistas, o liberales, aquellos que mandan a soltar. A partir de 2003, el colegio de once magistrados del STF sufrió siete sustituciones.

El hecho de que casi todos los nuevos ministros fueran liberales llevó a que una tesis pasara a prevalecer en las decisiones del tribunal: el principio de la presunción de inocencia, según el cual nadie será considerado culpable antes de que todos los recursos de la defensa sean juzgados.

En el tiempo de la supremacía conservadora en el STF, se entendía que una condena en segunda instancia era suficiente para que el reo pudiera ser preso. Ahora, con la hegemonía garantista, siempre que tenga dinero para pagar buenos abogados y presentar sucesivos recursos en la justicia, podrá quedar libre hasta la palabra final del STF, aunque esto lleve casi una década –como en el caso de Pimenta Neves.

El principio de la presunción de inocencia ya ha librado al periodista de la cárcel en tres ocasiones. En 2001, fue el principal argumento utilizado por el ministro del STF Celso de Mello para concederle el habeas corpus que puso fin a su breve estancia en la cárcel (siete meses).

En 2006, cuando fue condenado por el Tribunal del Jurado de Ibiúna a diecinueve años de prisión, el juez le permitió apelar en libertad citando jurisprudencia del STF basada en la presunción de inocencia. Por último, en el mismo año, cuando su condena fue confirmada por el TJ de São Paulo y los magistrados ordenaron su detención, sus abogados le consiguieron un habeas corpus en el STJ –nuevamente apoyado en la presunción de inocencia.

En este momento, la defensa de Pimenta intenta de nuevo anular el jurado de 2006. Si el recurso es aceptado, en la práctica, quedará libre para siempre. Si es denegado, el periodista aún tiene el derecho de recurrir al STF –y por más de una vez. Solo cuando (y si) la solicitud sea denegada definitivamente es que Pimenta tendrá que cumplir su pena. Descontados, sin embargo, los siete meses que estuvo preso, restarán solo un año y once meses de cárcel para que pueda pasar al régimen semiabierto.

El principio que sustenta la libertad de Pimenta Neves rige las constituciones más modernas del mundo –existe para garantizar que el reo no cumpla una sanción injustamente. En países como Estados Unidos, sin embargo, no es absoluto –lo que quiere decir que no se aplica, por ejemplo, a reos confesos. "Allí, la presunción de inocencia existe en el grado máximo solo cuando no hay indicios de que el acusado cometió el crimen. Quien confiesa renuncia a este principio", dice el fiscal Marcelo Cunha de Araújo.

"En la mayoría de los países democráticos, el acusado ya estaría preso", afirma el penalista Ricardo Alves Bento. De hecho, en lo que se refiere al periodista, ¿qué inocencia hay que presumir, una vez que él mismo admitió que mató a Sandra? "En este caso, las garantías de la ley se están utilizando como recurso meramente dilatorio", dice la procuradora Luiza Nagib Eluf.

Y es en este punto que coinciden conservadores y liberales, abogados y fiscales: si los reos no pudieran presentar decenas de recursos para entorpecer los procesos y la justicia fuera más célere, aberraciones como la de Pimenta Neves no existirían. Los recursos jurídicos sirven para evitar que el acusado sea víctima de arbitrariedades. Pero, en Brasil, frecuentemente se utilizan para un fin mucho menos noble: el de perpetuar la impunidad.

El Estado tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza para evitar que la sociedad se revuelque en la barbarie, vuelva a batirse a duelo con pistolas o permita que sus integrantes den rienda suelta a sus venganzas disparando contra la cabeza del prójimo.

Cuando, por negligencia, ineptitud o fallo estructural de la justicia, el Estado deja de ejercer este poder, crea un vacío civilizatorio –que es precisamente donde se refugian asesinos como Pimenta Neves.

Si todos los derechos parten del derecho a vivir, quitarle la vida a alguien es el crimen por excelencia: el mayor y más definitivo de ellos. Pimenta Neves lo cometió y de forma cobarde. Su libertad, como la de los demás asesinos impunes en el país, avilanta a la sociedad y nos rebaja a todos.

Fuente: http://oglobo.globo.com/pais/noblat/posts/2009/09/19/pimenta-neves-quase-una-decada-de-impunidade-224687.asp

Pimenta Neves
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Pimenta Neves, casi una década de impunidad

Asesino de su exnovia, el periodista Pimenta Neves, confeso, juzgado y condenado en primera y segunda instancia, sigue libre. ¿Cómo es posible?

De Laura Diniz:

El periodista Antonio Pimenta Neves tiene suerte de ser brasileño. Si fuera ciudadano de los Estados Unidos, Italia, Francia, España, Portugal, Argentina, Colombia o Costa Rica, y hubiera cometido en uno de esos países el crimen que cometió aquí, la probabilidad de estar fuera de la cárcel sería prácticamente nula.

En agosto de 2000, el periodista, entonces director del periódico O Estado de S. Paulo, mató a tiros a su exnovia y también periodista Sandra Gomide, de 32 años.

El crimen cumplió nueve años el mes pasado y Pimenta Neves –confeso, juzgado y condenado en primera y segunda instancia– sigue libre como un pájaro.

Peor que eso: las posibilidades de que nunca vaya a la cárcel –o de que, al final de todo, pase no más de un año y once meses allí– son escandalosamente reales.

A sus 72 años, el asesino de Sandra Gomide lleva una vida tranquila y discreta. Sin responsabilidades ni obligaciones (gracias a dos pensiones, tiene ingresos suficientes para no trabajar y no trabaja), pasa los días leyendo y navegando por internet.

Habla por computadora con amigos y sus hijas gemelas, que viven en Estados Unidos, y solo suele ver la televisión cuando hay partido de su equipo, el São Paulo. Una perra teckel, a la que bautizó como Channel, le hace compañía en la casa de 930 metros cuadrados en Chácara Santo Antônio, un barrio exclusivo de São Paulo.

Es la misma en la que vivía antes del crimen.

En las pocas ocasiones en que sale de allí, usa uno de sus dos coches: un Clio de 1998 y un Peugeot de 1995. A veces se arriesga a dar un paseo para tomar un café en la panadería o beber una cerveza con amigos (a finales del año pasado, fue visto con un grupo de ellos disfrutando de una tarde de primavera en un restaurante del barrio).

Otras veces, recibe invitados en casa para almorzar –como el día 11 de junio, en el feriado de Corpus Christi (ocasión para la que se preparó yendo la víspera al supermercado a elegir dos botellas de vino). El periodista goza de buena salud: ha dejado los antidepresivos que empezó a usar poco antes de matar a su exnovia y solo toma medicamentos para controlar la presión.

El año pasado, como tiene título de abogado, intentó registrarse en la Orden de Abogados de Brasil. Fue rechazado por "falta de idoneidad moral". Aparte de este contratiempo, atraviesa sus días con la serenidad de un inocente –incluso siendo un asesino.

En julio de 2000, después de que Sandra pusiera fin a su noviazgo, Pimenta Neves la despidió del periódico que dirigía alegando razones profesionales. A amigos, decía que ella lo había traicionado, incluso profesionalmente.

El día 20 de agosto, se metió un revólver calibre 38 en el bolsillo y se dirigió al Haras Setti, en Ibiúna, interior de São Paulo, donde sabía que encontraría a Sandra –como él, apasionada por los caballos. Tras discutir, Pimenta sacó el revólver y disparó a la joven por la espalda. Cuando ella cayó al suelo, se acercó y disparó un segundo tiro, esta vez, en la cabeza de su exnovia.

En 2006, fue condenado por el crimen en jurado popular. En el mismo año, tuvo la sentencia confirmada por el Tribunal de Justicia (TJ) de São Paulo y, dos años más tarde, por el Superior Tribunal de Justicia (STJ).

¿Cómo explicar el hecho de que siga libre? La respuesta está, sobre todo, en un cambio ideológico que empezó a tomar cuerpo en el Supremo Tribunal Federal (STF) a principios de los años 2000.

Hasta la década de 90, el STF estaba compuesto por una mayoría de ministros llamados conservadores –término que, en derecho penal, indica a aquellos que tienen una interpretación rigurosa de la ley, en oposición, por ejemplo, a los "garantistas", más preocupados en asegurar los derechos fundamentales del reo.

En términos generales, los conservadores serían aquellos que mandan a prender y los garantistas, o liberales, aquellos que mandan a soltar. A partir de 2003, el colegio de once magistrados del STF sufrió siete sustituciones.

El hecho de que casi todos los nuevos ministros fueran liberales llevó a que una tesis pasara a prevalecer en las decisiones del tribunal: el principio de la presunción de inocencia, según el cual nadie será considerado culpable antes de que todos los recursos de la defensa sean juzgados.

En el tiempo de la supremacía conservadora en el STF, se entendía que una condena en segunda instancia era suficiente para que el reo pudiera ser preso. Ahora, con la hegemonía garantista, siempre que tenga dinero para pagar buenos abogados y presentar sucesivos recursos en la justicia, podrá quedar libre hasta la palabra final del STF, aunque esto lleve casi una década –como en el caso de Pimenta Neves.

El principio de la presunción de inocencia ya ha librado al periodista de la cárcel en tres ocasiones. En 2001, fue el principal argumento utilizado por el ministro del STF Celso de Mello para concederle el habeas corpus que puso fin a su breve estancia en la cárcel (siete meses).

En 2006, cuando fue condenado por el Tribunal del Jurado de Ibiúna a diecinueve años de prisión, el juez le permitió apelar en libertad citando jurisprudencia del STF basada en la presunción de inocencia. Por último, en el mismo año, cuando su condena fue confirmada por el TJ de São Paulo y los magistrados ordenaron su detención, sus abogados le consiguieron un habeas corpus en el STJ –nuevamente apoyado en la presunción de inocencia.

En este momento, la defensa de Pimenta intenta de nuevo anular el jurado de 2006. Si el recurso es aceptado, en la práctica, quedará libre para siempre. Si es denegado, el periodista aún tiene el derecho de recurrir al STF –y por más de una vez. Solo cuando (y si) la solicitud sea denegada definitivamente es que Pimenta tendrá que cumplir su pena. Descontados, sin embargo, los siete meses que estuvo preso, restarán solo un año y once meses de cárcel para que pueda pasar al régimen semiabierto.

El principio que sustenta la libertad de Pimenta Neves rige las constituciones más modernas del mundo –existe para garantizar que el reo no cumpla una sanción injustamente. En países como Estados Unidos, sin embargo, no es absoluto –lo que quiere decir que no se aplica, por ejemplo, a reos confesos. "Allí, la presunción de inocencia existe en el grado máximo solo cuando no hay indicios de que el acusado cometió el crimen. Quien confiesa renuncia a este principio", dice el fiscal Marcelo Cunha de Araújo.

"En la mayoría de los países democráticos, el acusado ya estaría preso", afirma el penalista Ricardo Alves Bento. De hecho, en lo que se refiere al periodista, ¿qué inocencia hay que presumir, una vez que él mismo admitió que mató a Sandra? "En este caso, las garantías de la ley se están utilizando como recurso meramente dilatorio", dice la procuradora Luiza Nagib Eluf.

Y es en este punto que coinciden conservadores y liberales, abogados y fiscales: si los reos no pudieran presentar decenas de recursos para entorpecer los procesos y la justicia fuera más célere, aberraciones como la de Pimenta Neves no existirían. Los recursos jurídicos sirven para evitar que el acusado sea víctima de arbitrariedades. Pero, en Brasil, frecuentemente se utilizan para un fin mucho menos noble: el de perpetuar la impunidad.

El Estado tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza para evitar que la sociedad se revuelque en la barbarie, vuelva a batirse a duelo con pistolas o permita que sus integrantes den rienda suelta a sus venganzas disparando contra la cabeza del prójimo.

Cuando, por negligencia, ineptitud o fallo estructural de la justicia, el Estado deja de ejercer este poder, crea un vacío civilizatorio –que es precisamente donde se refugian asesinos como Pimenta Neves.

Si todos los derechos parten del derecho a vivir, quitarle la vida a alguien es el crimen por excelencia: el mayor y más definitivo de ellos. Pimenta Neves lo cometió y de forma cobarde. Su libertad, como la de los demás asesinos impunes en el país, avilanta a la sociedad y nos rebaja a todos.

Fuente: http://oglobo.globo.com/pais/noblat/posts/2009/09/19/pimenta-neves-quase-una-decada-de-impunidade-224687.asp

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