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La Lira de los Veinte Años - Álvares de Azevedo (Análisis - Resumen)
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 "Descansen mi lecho solitario

En el bosque de los hombres olvidado,

A la sombra de una cruz, y escriban en él:

- Fue poeta, soñó y amó en la vida."

("Recuerdo de Morir")

 

Podemos encontrar la obra de Álvares de Azevedo inserta en el segundo momento de la poesía romántica en Brasil; por lo tanto, en el ultra-romanticismo, conocido también como byronismo.

 

Y aunque el poeta muriera extremadamente joven, a los veinte años, puede ser soberanamente considerado como el escritor más importante de su época. Toda su obra fue publicada póstumamente (A Lira dos Vinte anos(1853), Noite na Taverna, cuentos (1855) y Macário, teatro (1855)).

 

A Lira dos Vinte Anos

 

A Lira dos Vinte Anos compone lo mejor de la producción de Álvares de Azevedo. Estructuralmente se divide en tres partes; pero desde el punto de vista temático, en solo dos. ¿Por qué?

 

La primera y la tercera parte tienen temas semejantes: la muerte, la familia, los temas de la adolescencia, el sueño, la religiosidad, la forma femenina como obsesión; la segunda parte, sin embargo, trae lo irónico, lo "satánico", la mujer, aunque sea en sueño, aproximada de lo erótico, carnal.

 

Parte I

 

Compuesta por 33 poemas, se inicia con un prefacio que tiene un epíteto sugestivo de Bocage:

 

"Cantando la vida, como el cisne la muerte."

 

El poeta nos advierte:

 

"Son los primeros cantos de un pobre poeta. Disculpadlos. Las primeras voces del zorzal no tienen la dulzura de sus cantos de amor.

 

Es una lira, pero sin cuerdas; una primavera, pero sin flores; una corona de hojas, pero sin vigor.

 

Cantos espontáneos del corazón, vibraciones dolientes de la lira interna que agitaba un sueño, notas que el viento llevó, - como eso, publico estas armonías.

 

Son las páginas desgarradas de un libro no leído... (...)"

 

La primera parte de la Lira contiene poemas cuya temática es intimista: dolores del corazón, miedo a la muerte, la mujer que ora se muestra, ora se esconde, la familia, el sueño y la fantasía que se mezclan principalmente a través del juego metafórico en la erotización de la mujer. Hay en esta parte la aparición de símbolos que dejan entrever la sexualidad reprimida,

 

Observa algunos textos:

 

En el mar

 

Era de noche - dormías,

En los sueños las melodías,

Al fresco de la brisa;

Acongojada en la falúa,

Al frío claro de la luna,

A los ay de mi corazón!

 

¡Ah! ¡Qué velo de palidez

De la languez de tez!

 

 

¡Cómo tus pechos revueltos

Te palpitaban soñando!

¡Cómo yo cavilaba besando

Tu pelo negro suelto!

 

¿Soñabas? - yo no dormía;

Mi alma se embebía

En tu alma pensativa!

Y temblabas, bella amante,

A mis besos, semejante

¡A las hojas de la sensitiva! (frag.)

 

Cuando por la noche en el lecho perfumado

Lánguida frente en el soñar reclinas,

¿En el vapor de la ilusión por qué te rocía

Lágrimas de amor las párpados divinos?

 

Y, cuando te contemplo adormecida

Suelto el pelo en el suave lecho,

¿Por qué un suspiro tibio resuena

Y se desmaya suavísimo en tu pecho?

 

Virgen de mi amor, el beso a hurtadillas

Que poso en tu faz adormecida

¿No te recuerda en el pecho mis amores

¿Y la fiebre del soñar de mi vida?

 

¡Duerme, oh ángel de amor! En tu silencio

Mi pecho se ahoga de ternura

Y siento que el porvenir no vale un beso

¡Y el cielo en tu suspiro de ventura! (...) (fragmento)

 

El Poeta

 

Era una noche - yo dormía

Y en mis sueños revivía

¡Las ilusiones que soñé!

Y a mi lado sentí...

¡Mi Dios! ¿Por qué no morí?

¿Por qué en el sueño desperté?

 

En mi lecho - adormecida

Palpitante y abatida,

¡La amante de mi amor!

Los cabellos perfumando

En mis fazes corriendo

¡Como el claro de luna en una flor!

 

Sentí su pecho oloroso

Arqueando sediento;

Y en los labios, que entreabría

Lánguida respiración,

¡Un sueño del corazón

Que suspirando moría!

 

No era un sueño mentido;

Mi corazón ilusionado

Lo sintió y no soñó:

Y sintió que se perdía

En un dolor que no sabía...

¡Ni siquiera lo besó!

 

(...)

 

 

Y si yo temblando, señora,

Viniera pálido ahora

A recordarte mi sueño,

Con la frente descolorida

Y con la voz ahogada

Decirte bajo - ¡Soy yo!

 

¡Soy yo! Que no he olvidado

La noche que no dormí,

¡Que no fue una ilusión!

Soy yo que siento morir

La esperanza de vivir...

¡Que la siento en el corazón! - (frag.)

 

Cuando hablo contigo, en mi pecho

Se me olvida este dolor que me consume:

¡Quizás corre el placer por las fibras del alma:

Y me atrevo aún a murmurar tu nombre!

 

¡Qué existencia, mujer! Si supieras

El dolor de corazón de tu amante,

¡Y los ay que por la noche, en el silencio,

Arquean en su pecho delirante!

 

Y cuánto sufre y padeció, y la fiebre

Cómo sus labios descoloró en la vida,

¡Y su alma cansó en el dolor convulso

¡Y adormeció en la ceniza consumida!

 

Tal vez tendrías piedad de la pena insana

Que mi alma votó al desaliento,

¡Y consentirías la virgen de los amores

A descansar-me en el seno un solo momento!

 

Soy un loco quizás de así amarte,

De mustiar mi vida en el delirio...

¡Si en los sueños de amor nunca temblaste

Soñando mi amor y mi martirio!

 

- Y no pude, febril y de rodillas,

Con la mente abrasada y consumida,

Contarte las esperanzas de mi pecho

¡Y las dulces ilusiones de mi vida! (frag)

 

Desaliento

 

Feliz de aquel que en el libro del alma

No tiene hojas escritas,

Y ni nostalgia amarga, arrepentida,

¡Ni lágrimas malditas!

 

Feliz de aquel que de un ángel las trenzas

Ni siquiera respiró

Y ni bebió efluvios descolorando

¡En una voz de mujer!

 

Y no sintió su mano olorosa y blanca

Perdida en sus cabellos,

Ni resbaló del sueño deleitoso

A reales pesadillas!

 

¿Quién nunca te besó, flor de los amores,

Flor de mi corazón,

 

 

Y no pidió frescor, febril e insano,

¡De la noche a la brisa!

 

¡Ah! Feliz quien durmió en el seno ardiente

De la hurí de los amores,

Que ávidamente bebió el rocío santo

De las perfumadas flores. (...) ¿Qué me queda, mi Dios?! A mis suspiros

Ni gime la brisa,

Y dentro - en el desierto de mi pecho

¡No duerme el corazón!

 

Soneto

 

Pálida, a la luz de la lámpara sombría,

Sobre el lecho de flores reclinada,

Como la luna por noche embalsamada,

Entre nubes de amor ella dormía!

 

¡Era la virgen del mar! En la espuma fría

¡Por la marea de las aguas mecida!

Era un ángel entre nubes del alba

¡Que en sueños se bañaba y se olvidaba!

 

¡Era la más bella! El pecho palpitando...

Negros ojos los párpados abriendo...

Formas desnudas en el lecho resbalando...

 

¡No te rías de mí, mi ángel lindo!

Por ti - las noches velé llorando,

¡Por ti - en los sueños moriré sonriendo!

 

Cantiga de Viola

 

La existencia dolorosa

Cansa en mi pecho: yo bien sé

¡Que moriré!

Sin embargo de mi vida

Podía alentarse la flor

¡En tu amor!

 

Del corazón en los pliegues

Suelta un ay! En tu suspiro

¡Yo respiro!

Mas mira al menos tus ojos

Sobre los míos: yo quiero verlos

¡Para morir!

 

Guarda contigo la vihuela

Donde tus ojos canté...

¡Y suspiré!

Sólo la idea me consuela

Que muero como viví...

¡Muero por ti!

 

Si un día tu alma pura

Tiene saudade de mí,

¡Mi serafín!

Quizás notas de ternura

Inspiren el loco amor

¡Del trovador!

 

Recuerdo de Morir

 

 

Cuando en mi pecho se rompa la fibra,

Que el espíritu enlaza al dolor viviente,

No derramen por mí ni una lágrima

En párpado demente.

 

Y ni deshojen en la materia impura

La flor del valle que adormece al viento:

No quiero que una nota de alegría

Se calle por mi triste pensamiento.

 

Dejo la vida como deja el hastío

Del desierto el polvoriento caminero

- Como las horas de una larga pesadilla

Que se deshace al doblar de un cencerro;

 

Como el destierro de mi alma errante,

Donde fuego insensato la consumía.

Sólo llevo una saudade - es de esos tiempos

Que amorosa ilusión embellecía.

 

Sólo llevo una saudade - es de esas sombras

Que yo sentía velar en mis noches...

¡De ti, oh mi madre! Pobre desdichada

¡Que por mi tristeza te marchitas!

 

De mi padre... de mis únicos amigos,

Pocos - muy pocos- y que no se burlaban

Cuando en noches de fiebre enloquecido,

Mis pálidas creencias dudaban.

 

Si una lágrima las párpados me inunda,

Un suspiro en los pechos tiembla aún,

Es por la virgen que soñé... que nunca

¡A los labios me encostó la faz linda!

 

Sólo tú la juventud soñadora

Del pálido poeta diste flores...

¡Si vivió, fue por ti! Y de esperanza

De en la vida gozar de tus amores.

 

Besaré la verdad santa y desnuda,

Veré cristalizar-se el sueño amigo...

¡Oh mi virgen de los errantes sueños,

Hija del cielo, ¡yo voy a amar contigo!

 

Descansen mi lecho solitario

En el bosque de los hombres olvidado,

A la sombra de una cruz, y escriban en ella:

- Fue poeta, soñó y amó en la vida. -

 

Sombras del valle, noches de la montaña,

Que mi alma cantó y amaba tanto,

Protejed mi cuerpo abandonado,

¡Y en el silencio derramad-le un canto!

 

Pero cuando preludia ave del alba

Y cuando a medianoche el cielo reposa,

Arboledas del bosque, abrid las ramas...

¡Dejad que la luna llore mi losa!

 

PARTE II

 

La segunda parte de La Lira de los Veinte Años está compuesta por 14 poemas y no se identifica temáticamente con la

primera y la tercera. Se inicia también con un prefacio:

 

 

"¡Cuidado, lector, al volver esta página!

 

Aquí se disipa el mundo visionario y platónico. Vamos a entrar en un mundo nuevo, tierra fantástica, verdadera isla

Barataria de D. Quijote, donde Sancho es rey; (...)

 

Casi que después de Ariel tropezamos con Calibán.

 

La razón es simple. Es que la unidad de este libro se funda en una binomia. Dos almas que moran en las cavernas de un

cerebro más o menos de poeta escribieron este libro, verdadera medalla de dos caras (...) "

 

La primera pregunta que nos surge es: ¿quiénes son Ariel y Calibán, marcas en las que el poeta se apoya, indicando

cambios? Son personajes de la obra La Tempestad, de Shakespeare. Ariel representa el Equilibrio, el Bien, la

Armonía, la faz clara y afable de los seres, mientras que Calibán simboliza el Mal, el lado oscuro de los seres, el

desorden, el desequilibrio.

 

Dicho esto, está claro que Álvares de Azevedo quiere resaltar algo: en la Parte II están contenidos los poemas

irónicos, las parodias, un supuesto "satanismo" sólo encontrado en Noite na Taverna.

 

¡Un cadáver de poeta!

 

De tanta inspiración y tanta vida

Que los nervios convulsivos inflamaba

Y ardía sin consuelo...

¿Qué queda? Una sombra desvaída,

Un triste que sin madre agonizaba...

¡Queda un poeta muerto!

 

¡Morir! Es resbalar en la sepultura,

Frías en la frente las ilusiones - en el pecho

¡Roto el corazón!

Ni saudade llevar de la vida impura

Donde arqueó de hambre... ¡sin un lecho!

¡En tiniebla y soledad!

 

Tú fuiste como el sol; tú parecías

Tener en la aurora de la vida la eternidad

En la ancha frente escrita...

¡Pero no volverás como surgías!

Se apagó tu sol de la mocedad

¡En una tiniebla maldita!

 

Tu estrella mintió. Y del hado

De tu vida la página primera

En la tumba se rasgó...

¡Pobre genio de Dios, ni un sudario!

¡Ni túmulo ni cruz! Como la calavera

¡Que un lobo devoró!...

 

Mi ángel

 

Mi ángel tiene el encanto, la maravilla,

De la espontánea canción de los pajaritos;

Tiene los pechos tan blancos, tan suaves

Como el pelo sedoso de los armiños.

 

Triste de noche en la ventana yo la veo

Y de sus labios el gemido escucho.

Es leve la criatura vaporosa

Como el tenue humo de un cigarro.

(...)

Pero quiso el sino que su pecho

Ni un minuto latiera por mí,

Y que ella fuera leviana y bella

Como el leve humo de un cigarro. (frag.)

 

 

A un poeta moribundo

 

¡Poetas! Mañana a mi cadáver

¡Cortad mis tripas más sonoras!...

Haced de ella una cuerda y canten en ella

¡Los amores de la vida esperanzosa!

 

Canten ese verano que me alentaba...

El aroma de los corrales, el becerro,

Las aves que en la sombra suspiraban,

¡Y las ranas que cantaban en el camino!

 

Corazón, ¿por qué tiemblas? Si esta lira

En mis manos sin fuerza desafina,

Mientras al cementerio no te llevan,

¡Canta en el marimbau el alma divina!

 

Yo muero cual en manos de la cocinera

El pato chillando en la agonía...

Como el cisne de antaño... que gimiendo

Entre los himnos de amor se enternecía.

 

Corazón, ¿por qué tiemblas? Veo la muerte,

Allí viene lazarenta y desdentada...

¿Que novia!... ¿Y debo entonces dormir con ella?

¡Si ella al menos durmiera enmascarada!

 

¡Qué ruinas! ¡Qué amor petrificado!

¡Tan antediluviano y gigantesco!

Bueno, hagan idea de qué ternuras

¡Tendrá esa oruga puesta al fresco!

 

Mejor mil veces que dormir con ella.

Que de esa furia el gozo, el amor eterno

Si allí no hay también amor de vieja,

¡Dénme las calderas del tercer infierno! (frag.)

 

¡Es ella! ¡Es ella! ¡Es ella! ¡Es ella!

 

¡Es ella! ¡Es ella! - murmuré temblando,

Y el eco a lo lejos murmuró - ¡es ella!

La vi... mi hada aérea y pura -

¡Mi lavandera en la ventana!

 

De esas aguas - robadas donde vivo

La veo tendiendo en el tejado

¡Los vestidos de chintz, las faldas blancas;

¡La veo y suspiro enamorado!

 

Esta noche me atreví más atrevido

Sobre las tejas que crujían bajo mis pasos

Ir a espiar su venturoso sueño,

¡Verla más bella de Morfeo en sus brazos!

 

¡Cómo dormía! ¡Qué profundo sueño!...

Tenía en la mano el hierro del planchado...

¡Cómo roncaba maviosa y pura!...

¡Casi caí en la calle desmayado!

 

Aparté la ventana, entré medroso...

Palpitaba su pecho adormecido...

Fui a besarla... robé del pecho de ella

Una nota que estaba allí metida...

 

 

Oh! Ciertamente... (pensé) es dulce página

Donde el alma derramó gentiles amores;

Son versos de ella... que mañana ciertamente

¡Ella me enviará llenos de flores...

 

¡Temblé de fiebre! ¡Venturosa hoja!

¡Quien se posara contigo en este seno!

Como Otelo besando a su esposa,

Yo la besé temblando de devaneo...

 

¡Es ella! ¡Es ella! - repetí temblando;

Pero cantó en ese instante una lechuza...

Abrí celoso la página secreta...

¡Oh! ¡Mi Dios! ¡Era un rol de ropa sucia!

 

Pero si Werther murió por ver a Carlota

Dando pan con mantequilla a los niñitos

Si la encontró así más bella, - yo más te adoro

¡Soñándote lavar las camisitas!

 

¡Es ella! ¡Es ella mi amor, mi alma,

La Laura, la Beatriz que el cielo revela...

¡Es ella! ¡Es ella! - murmuré temblando,

Y el eco a lo lejos suspiró - ¡es ella!

 

Noviazgo a caballo

 

Yo vivo en Catumbi. Pero la desgracia

Que rige mi vida malhadada,

Puso allá al final de la calle del Catete

A mi Dulcinea enamorada.

 

Alquilo (tres mil reales) por una tarde

Un caballo de trote (¡qué esparrela!)

Sólo para alzar mis ojos suspirando

¡A mi enamorada en la ventana...

 

Todo mi sueldo se va en flores

Y en lindas hojas de papel bordado,

Donde escribo temblando, amoroso,

Algún verso bonito... pero hurtado.

 

Muero por la niña, junto a ella

Ni oso suspirar de acobardamiento...

Si ella quisiera yo acababa la historia

Como toda comedia - en matrimonio...

 

Ayer había llovido... ¡Qué desgracia!

Iba a trote inglés ardiendo en llama,

Pero allá va sino cuando un carroza

Mis ropas, ¡tafues!, llenó de lodo...

 

¡No me desanimé! Si Don Quijote

En Rocinante alzando la ancha espada

Nunca volvió de miedo, yo, más valiente,

Fui incluso sucio ver a la enamorada...

 

Pero he aquí que al pasar por el sobredicho,

Donde habita en las tiendas mi bella,

Por verme tan lodosa ella irritada

¡Me golpeó la ventana sobre las narices...

 

El caballo ignorante de noviazgos

Entre dientes tomó la bofetada,

 

 

Se eriza, salta, y me da un golpe

Con piernas para el aire, sobre la acera...

 

¡Di al diablo los noviazgos. Cepillado

Mi sombrero que sufrió en el pagode,

Di de piernas corrido y cabizbajo

¡Y berreando de rabia como un bode.

 

Circunstancia agravante. Los pantalones ingleses

Se rasgaron al caer, de medio a medio,

La sangre por las narices me corría

¡En pago del amoroso devaneo!...

 

TERCERA PARTE

 

Treinta poemas forman la tercera parte del libro, formado, en total, de 77 composiciones poéticas. Ningún prefacio,

ninguna indicación de apertura; pero sabemos que, temáticamente, encontraremos la misma intención de la Parte I:

devaneos adolescentes, amor inaccesible, erotización metaforizada, familia, los temas de la muerte y del sufrimiento, el

poeta tan joven... y el mismo intimismo, el tono inquieto y confesional:

 

Mi deseo

 

¿Mi deseo? Era ser el guante blanco

Que esa tu gentil manita aprieta;

La camelia que mustia en tu pecho,

El ángel que por verte del cielo deserta...

 

¿Mi deseo? Era ser el zapatico

Que tu mimo pie en el baile encierra...

La esperanza que sueñas en el futuro,

Las saudades que tienes aquí en la tierra...

 

¿Mi deseo? Era ser el cortinaje

Que no cuenta los misterios de tu lecho;

Era de tu collar de negra seda

Ser la cruz con que duermes sobre el pecho.

 

¿Mi deseo? Era ser tu espejo

Que más bella te ve cuando desatas

¡Del baile las ropas de escama y flores!

¡Y miras tus desnudas gracias!

 

¿Mi deseo? Era ser de tu lecho

De batista la sábana, la almohada

Con que cubres el pecho, donde reposas,

Suelto el pelo, el rostro hechizador...

 

¿Mi deseo? Era ser la voz de la tierra

Que de la estrella del cielo oyera amor!

Ser el amante que sueñas, que deseas

¡Pero piensas encantadas de langor!

 

Soneto

 

Los quince años de un alma transparente

El pelo castaño, la faz pura,

Unos ojos donde se pinta la candura

De un corazón que duerme, aún inocente.

 

Un pecho que tiembla de repente

Del mimo vestido en la blancura,

La linda mano en la mágica cintura,

Y una voz que embriaga dulcemente.

 

 

¡Una sonrisa tan angélica! ¡Tan santa

Y en los ojos azules llenos de vida

Lánguido velo de involuntaria lágrima!

 

Es ese talismán, es esa la Armida,

El don de mis últimos encantos,

¡La visión de mi alma distraída!

 

¡Adiós, mis sueños!

 

¡Adiós mis sueños, yo lloro y muero!

¡No llevo de la existencia una saudade!

¡Y tanta vida que mi pecho llenaba

¡Murió en mi triste mocedad!

 

¡Misérrimo! Dediqué mis pobres días

Al sino loco de un amor sin fruto,

Y mi alma en la tiniebla ahora duerme

Como una mirada que la muerte envuelve en luto.

 

¿Qué me queda, mi Dios? Que muera conmigo

La estrella de mis cándidos amores,

Ya que no llevo en mi pecho muerto

¡Un puñado siquiera de mustias flores!

 

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