
Oh María Santísima, Señora de la Peña, en cuyas manos Dios depositó los tesoros de sus gracias y favores. Heme aquí lleno de esperanza, solicitando con humildad la gracia que hoy necesito (hacer el pedido), por la cual le estoy agradecido(a) desde este momento. Acuérdate, oh Señora de la Peña, que nunca se ha oído decir que alguno de los que en ti han depositado toda su esperanza haya dejado de ser atendido, oh buena Madre. Ayúdanos en las dificultades de la vida, para que hagamos de ellas semillas para un mundo más fraterno y más humano. Enjuga el llanto de las personas que sufren y consuela a los afligidos en sus necesidades. Todo esto te lo pedimos por Jesús, tu Hijo y nuestro hermano. ¡Amén!



