Acordaos, oh Madre Aparecida, que nunca se ha oído decir que alguno que haya invocado y suplicado vuestra protección haya sido abandonado por vos. Animados con esta confianza, a vos recurrimos, tomándoos desde hoy y para siempre por nuestra madre, consolación y guía, esperanza y luz en la hora de la muerte. Madre Aparecida, libradnos de todo lo que pueda ofenderos a vos y a vuestro Hijo Jesús, nuestro Redentor, el Señor Jesucristo. Preservadnos de todos los peligros, dirigidnos en todos los emprendimientos temporales. Soberana Señora, libradnos de la tentación y de todos los males que nos amenazan a cada instante de nuestras vidas. Proteged a las familias brasileñas y libradlas de todos los peligros y amenazas. ¡Nuestra Señora Aparecida, rogad por nosotros!



