Y no sé si fueron las píldoras anticonceptivas, la guerra fría o los pantalones vaqueros, pero algo sucedió en la segunda mitad del siglo. Nuestras pequeñas parecen haber tomado al pie de la letra el viejo dicho: "si no puedes vencerlos, únete a ellos"; y las consecuencias de esto han sido la aparición de mujeres cada vez más masculinas, que me perdonen aquellos que piensen lo contrario, pero no hay método anticonceptivo más eficiente que una mujer en pantalones, camiseta, diciendo: "joder, tío".
Mientras los hombres intentan desesperadamente mantener su soberanía en el selecto universo de los poderosos, ocupando los cargos más influyentes en el mercado laboral y en los gobiernos, las mujeres parecen actuar en las sombras, mientras nosotros dormimos, en reuniones secretas donde grandes estrategas elaboran los planes más eficientes para la conquista del mundo.
Y aquí, dando mis últimos suspiros en esta guerra de calzoncillos, iré yo, a defender lo que a los hombres, realmente les mueve... ¡Oh, Dios mío! ¡Qué les está pasando! Vienen y van. Ponen la mano donde quieren, usan y abusan, y aproximadamente una hora después, antes de que podamos darnos cuenta de lo que está pasando, ya se han ido. Dejan una nota al lado de la lámpara, y nos quedamos nosotros desesperados esperando al menos un comentario agradable, una palabra de aliento.
Como consuelo queda la tan gloriosa historia de poder y opresión masculina, recuerdos que alivianan los momentos de desesperación mientras esperamos que cumplan sus promesas y llamen al día siguiente.



