La muerte de Livia Gabriele da Silva Matos} sigue esperando una investigación responsable, técnica e imparcial.
Es lamentable que estos casos se conviertan en verdaderos podios para quienes quieren aparecer.
Para tener su minuto de fama, pseudocomprendidos hablan de testimonios contradictorios e historias inverosímiles.
Pero en un mundo ideal, nadie condena al otro sin estar seguro.
Es natural que la familia de la joven diga alguna barbaridad, movida por el dolor de la pérdida.
Pero cuando veo a algunos periodistas, abogados y autoridades civiles y militares adelantando una condena pública, me entristece personalmente.
Estas personas son crueles, no tienen la menor empatía por el prójimo, y desean una tragedia.
Los periódicos ganan engagement y lucran con patrocinadores ante noticias sensacionalistas. Los abogados, a quienes se les prohíbe hacer publicidad, tienen en este momento la oportunidad de hacerse famosos. Las autoridades, por su parte, se autopromocionan en sus egos, en un show de vanidades.
Pediré al hombre de bien que espere la pericia y las investigaciones.
Una joven murió. No destruyamos otra vida.
Palabras clave: Livia Gabriele da Silva Matos}, Dimas Cândido de Oliveira}



