PRESENTACIÓN
Macunaíma y la renovación del lenguaje literario Publicado en 1928, en una tirada de solo ochocientos ejemplares (Mário de Andrade no consiguió editor), Macunaíma, el héroe sin ningún carácter, es una de las obras pilares de la cultura brasileña.
En una narrativa fantástica y picaresca, o mejor dicho, "malandra", heredera directa de las Memorias de un Sargento de Milicias (1852) de Manuel Antônio de Almeida, Mário de Andrade reelabora literariamente temas de mitología indígena y visiones folclóricas de la Amazonía y del resto del país, fundando un nuevo lenguaje literario, sabrosamente brasileño. Macunaíma, al igual que Memorias Sentimentales de João Miramar (1924) y Serafim Ponte Grande (1933), de Oswald de Andrade, fueron obras revolucionarias en la medida en que desafiaron el sistema cultural vigente, proponiendo, a través de una nueva organización del lenguaje literario, el lanzamiento de otras informaciones culturales, diferentes en todo de las posiciones mantenidas por una sociedad dominada hasta entonces por el reaccionarismo y el atraso cultural generalizado.
Nacionalista crítico, sin xenofobia, Macunaíma es la obra que mejor concreta las propuestas del movimiento de la Antropofagia (1928), creado por Oswald de Andrade, que buscaba una relación de igualdad real de la cultura brasileña con las demás. No el rechazo puro y simple de lo que viene de fuera, sino consumir aquello que hay de bueno en el arte extranjero. No evitarlo, sino,
como un antropófago, comer lo que merezca ser comido. El tono bien humorado y la inventiva narrativa y lingüística hacen de Macunaíma una de las obras modernistas brasileñas más afinadas con la literatura de vanguardia en el mundo, en su época. En esta novela se encuentran dadaísmo, futurismo, expresionismo y surrealismo aplicados a un vasto conocimiento de las raíces de la cultura brasileña.
BIOGRAFÍA
Vida de Mário de Andrade
Universidad del Distrito Federal. No se adapta al cambio, vive deprimido y, "en una noche de gran borrachera" golpea con el puño la mesa del bar y se dice a sí mismo: "Me voy a São Paulo, a vivir a mi casa". Regresa a São Paulo en 1940, trabaja en el Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, que había ayudado a crear en el 36, y viaja por todo el estado de São Paulo, realizando investigaciones.
En 1942, publica O Movimento Modernista, famosa conferencia, en la que hace el balance y la crítica de su generación, "señalando los errores del Modernismo, principalmente lo que considera como 'abstencionismo' ante los graves problemas sociales de su tiempo". Su salud, ya frágil, empeora a partir de esa época. En el 43, inicia la publicación de sus Obras Completas, planeada
para salir en dieciocho volúmenes.
El 25 de febrero de 1945, a los 51 años de edad, Mário de Andrade sufre un ataque cardíaco fulminante y muere, dejando inacabado el libro Contos Novos (1946) en el que se destacan narrativas de inspiración freudiana, como "Vestida de Preto" y "Frederico Paciência", y cuentos de preocupación social, como "O Poço" y "Primeiro de Maio". Como crítico literario su legado es inmenso. En A escrava que não é Isaura (1925), por ejemplo, reúne ensayos provocativos contra el pasadismo. Ya en Aspectos da Literatura Brasileira (1943), aborda, de manera mucho menos pasional, a los más importantes escritores de la literatura
brasileña.
Con su muerte precoz Brasil se quedó huérfano de uno de sus intelectuales más fecundos, múltiples e íntegros que, alguna vez, se definió como "trescientos, soy trescientos y cincuenta". Números muy modestos, si se tiene en cuenta su importancia para la cultura brasileña del siglo XX.
ESTILO
Mário de Andrade y el Modernismo
Fueron la Semana de 22 y sus desdoblamientos los que proyectaron a Mário de Andrade como figura decisiva del movimiento modernista. En el proceso de implantación de la nueva mentalidad cultural, Mário se destacó como teorizador y activista cultural. Con la determinación propia de los líderes que pretenden inyectar una nueva conciencia, se multiplicó en músico, investigador de etnografía y folclore, poeta, cuentista, novelista, crítico de todas las artes, corresponsal cultural que intercambia cartas con artistas nuevos y consagrados, además de haber ocupado varios cargos en la burocracia estatal, relacionados con el desarrollo de la cultura en sus diversas manifestaciones.
Era un sujeto muy serio, católico fervoroso, dotado de una capacidad extraordinaria de estudio y acción. Con carisma y afecto, consiguió poner la renovación modernista en la senda de un presente y un futuro culturales marcados por un nacionalismo aireado y lúcido.
ESTILO LITERARIO
Mário de Andrade nos cuenta que escribió Macunaíma en seis días, acostado, muy a la manera de su héroe, en una hamaca en la "Chácara de Sapucaia", en Araraquara, SP. Dice además: "Gasté muy poca invención en este poema fácil de escribir (?). Este libro, al fin y al cabo, no pasa de ser una antología del folclore brasileño". La obra, compuesta en solo seis días, es fruto de años de investigación de las leyendas y mitos indígenas y folclóricos que el autor reúne utilizando el lenguaje popular y oral de varias regiones de Brasil. Se trata, por eso mismo, de una rapsodia. Así los griegos designaban obras como la Ilíada u la Odisea de Homero, que reúnen siglos de narrativas poéticas orales, resumiendo las tradiciones folclóricas de todo un pueblo. Para el musicólogo Mário de Andrade, el término ciertamente remite a las fantasías instrumentales que utilizan temas y procesos de composición improvisada, tomados de cantos tradicionales o populares, como las rapsodias húngaras de Liszt.
Es importante notar que, además de relatar innumerables mitos recogidos de diversas fuentes populares, Mário de Andrade también inventa, de manera irónica, varios mitos de la modernidad. Presenta, entre otros, los mitos de la creación del fútbol, del truco, del gesto de la "banana" o del término "¡Vete a bañarte!". Hay, en Macunaíma, por lo tanto, además de la inmensa investigación, mucha invención.
CONTEXTO HISTÓRICO
Brasil en la década de los 20
La sociedad brasileña, en la época en que surgió Macunaíma, parecía bastante cambiada. Ya no tenía ese aire de hacienda que respiramos durante 4 siglos. Había muchas fábricas (principalmente en São Paulo), grandes aglomeraciones urbanas, con poblaciones de casi 1 millón de habitantes. El comercio y la industria prosperaban rápidamente, gracias al mercado consumidor formado por los habitantes de las ciudades y por los colonos de origen extranjero. Las mujeres fumaban, iban solas al cine, exhibían las piernas.
Algo impresionaba bastante a los brasileños de aquella época: ¡la velocidad de los medios de comunicación y transporte! ¿Eran coches, tranvías, trenes, telégrafos, radios, teléfonos? ¿Empresas, bancos, bolsas de valores?
Desde 1922, el país parecía estar en ebullición: además de la Semana de Arte Moderna, se creó el Partido Comunista y se inició el movimiento tenentista, que, durante toda la década de los 20, desafió al gobierno federal. El clímax de este movimiento fue la Columna Prestes que recorrió 33 mil kilómetros del interior de Brasil, librando más de 100 combates, en dos años y medio (1924-1927). Arthur Bernardes y Washington Luís usaron todos los medios para combatirla, lanzando incluso al cangaceiro Lampião en su
persecución. La Columna, sin embargo, no tuvo fuerza para derribar al gobierno central, ni logró rebelar al pueblo contra el régimen. Agotada, aunque invicta, se internó en Bolivia. Sin embargo, la imagen de Luís Carlos Prestes, con sus prodigios de técnica militar y de bravura personal, constituyó un mito que ejerció sobre los intelectuales de izquierda (entre los cuales se incluían
Mário de Andrade, Murilo Mendes y Carlos Drummond de Andrade) una gran fascinación. El tenentismo (con sus levantamientos a lo largo de la década) aliado a la crisis desencadenada por el estallido de la Bolsa de Nueva York en 1929, son hechos que se suman para derribar la República Vieja en la triunfante Revolución de octubre de 1930.
(Cap. XI - La Vieja Ceiuci).
TEXTO
La síntesis de la novela - rapsodia
Capítulo I - Macunaíma
Macunaíma, "héroe de nuestra gente" nació a orillas del Uraricoera, en plena selva amazónica. Descendía de la tribu de los Tapanhumas y, desde la primera infancia, se revelaba como un sujeto "perezoso". Aún niño, busca placeres amorosos con Sofará, mujer de su hermano Jiguê, que solo le había dado para comer las tripas de una anta, cazada por Macunaíma con una trampa ingeniosa. En las varias travesuras ("juegos") con Sofará, Macunaíma se transforma en un príncipe hermoso, iniciando un
proceso constante de metamorfosis que ocurrirán a lo largo de la narrativa: indio negro, se vuelve blanco, insecto, pez e incluso un pato, dependiendo de las circunstancias.
Capítulo II - Mayoría de edad
De tanto hacer travesuras, fue abandonado por su madre en medio del monte. Tiemblado, con las piernitas arqueadas, Macunaíma puso el pie en el camino hasta que se topó con el Curupira y le preguntó cómo haría para volver a casa. Maliciosamente, el Curupira le enseña un camino equivocado que Macunaíma, por pereza, no siguió. Escapando del monstruo, el héroe se topó con una voz que cantaba una tonada lenta: era la cotorra, que después de oír al niño contar cómo había engañado al Curupira, le arrojó encima cola envenenada de mandioca. Esto hizo que Macunaíma creciera, alcanzando el "tamaño de un hombre fornido".
Capítulo III - Ci, Madre del Monte
Encuentra a Ci, la Madre del Monte, e inventa con ella hermosas y nuevas maneras de gozos amorosos. El resultado de este idilio es el nacimiento de un niño, que murió prematuramente después de mamar del único pecho de Ci, envenenado por la Cobra Negra. Enterrado el hijo, Ci también decidió dejar este mundo. Le dio al héroe su famoso muiraquitã y subió al cielo por una liana, transformándose en una estrella.
Capítulo IV - Boiúna Luna
Afligido por la tristeza, Macunaíma se despidió de las Icamiabas y partió rumbo a las selvas misteriosas. En el camino, encuentra a Capei, monstruo fantástico que abre su fauce y suelta una nube de avispones. En las luchas contra el monstruo, Macunaíma pierde su talismán y se entera, a través de un uirapuru, que la tortuga que se había tragado su piedra había sido capturada por un mariscador. Este vendió el muiraquitã a un rico hacendado llamado Venceslau Pietro Pietra, propietario de una mansión en la calle Maranhão, en
São Paulo. Macunaíma decide, entonces, venir a la capital paulista para recuperar su muiraquitã.
Capítulo V - Piaimã
El héroe reúne a sus hermanos y desciende el Araguaia, con su escuadra de canoas llenas de cacao. En São Paulo, se entera de que Venceslau Pietro Pietra era el gigante Piaimã, devorador de gente, compañero de una vieja caapora llamada Ceiuci, también antropófaga y muy glotona. Este capítulo presenta una de las pasajes más sabrosas de la novela: la llegada de Macunaíma y sus hermanos a la ciudad de São Paulo. En este momento, Mário de Andrade invierte los relatos quinientistas de la Literatura Informativa. Aquí es el indio quien se topa con la llamada "civilización" y procura asimilarla, digiriéndola con sus propias enzimas culturales.
Capítulo VI - La francesa y el gigante
Después de un intento de acercamiento frustrado, Macunaíma decide vestirse de francesa para conquistar a Venceslau Pietro Pietra y recuperar su muiraquitã. El regatón no le prestó la piedra ni quiso vendérsela. Pero dejó claro que podría dársela si la francesa decidía "jugar" con él. Muy inquieto, Macunaíma huye, recorriendo, en una loca carrera, gran parte del territorio brasileño.
Capítulo VII - Macumba
Como no tenía fuerza suficiente para matar al gigante, Macunaíma va a Río de Janeiro a buscar el terreiro de macumba de la tía Ciata. Pidió a la macumbeira varios castigos para el gigante Piaimã que, además de recibir la cornada de un toro salvaje, es picado por cuarenta mil hormigas de fuego.
Capítulo VIII - Vei, el Sol
Es también en Río de Janeiro donde Macunaíma reencuentra a Vei, la diosa sol que pretendía casar a una de sus tres hijas con el héroe. Aunque lo había prometido, Macunaíma no cumplió su palabra empeñada: tan pronto como anocheció, invitó a una portuguesa y jugó con ella en la jangada. Luego fueron a descansar en un banco de la avenida Beira-mar, en Flamengo, cuando surgió Mianiquê-Teibê, monstruo de garras enormes con ojos en lugar de pechos y dos grandes bocas en los pies, de dientes afilados. Macunaíma salió corriendo por la playa; el monstruo se comió a la portuguesa y desapareció.
Capítulo IX - Carta para las Icamiabas
El héroe regresa a São Paulo y, nostálgico, decide escribir una "carta para las icamiabas", relatando cómo era su vida en São Paulo. Hace, en un satírico estilo de letrado, una descripción de la agitada vida paulistana, con sus
rascacielos, calles "hábilmente estrechas" llenas de gente, cines, tiendas de moda, autobuses, estatuas y jardines. En esta pedante misiva, el corrupto Emperador se empeña en detallar a las amazonas la práctica constante de amores pecaminosos, tanto que hasta piensa en sacar provecho de la explotación de la lenocinio. Critica el capitalismo salvaje de los paulistas
locomotoras y de los italianos arribistas, destacando, horrorizado, al final,
una curiosidad original de este pueblo: "hablan en una lengua y escriben
en otra". Después de bendecir a sus súbditas, termina la carta, con la mayor
desfachatez, pidiendo otra "flauta" para sus fieles icamiabas.
Capítulo X - Pauí-pódole
La paliza que Venceslau Pietro Pietra recibió de Exu fue tan violenta que pasó meses en una hamaca, paralizado por los suplicios a los que fue sometido. Sin poder readquirir el muiraquitã, Macunaíma se ocupó entonces del complicado estudio de las dos lenguas de la tierra, "el brasileño hablado y el portugués escrito". Interrumpe a un mulato pedante que hacía un verborreico discurso sobre la
Cruz del Sur, diciendo que esas cuatro estrellas que brillan en el vasto campo del cielo son, en realidad, el Padre del Mutún, figura zoocosmologica que tuvo su cuerpo de ave metamorfoseado en una constelación. Capítulo
XI - La vieja Ceiuci
Después de haber pasado la noche jugando con la patrona de la pensión, Macunaíma dijo a sus hermanos Maanape y Jiguê que había encontrado "rastro fresco de tapir", en pleno asfalto paulistano, junto a la Bolsa de Mercaderías. Indujo a sus hermanos a cazar al animal y estos casi terminan siendo linchados por la multitud que se aglomeró para presenciar la caza. Un estudiante subió a la capota de un automóvil y discursó contra Maanape y Jiguê. Fue interrumpido por Macunaíma que, tomado por un efímero acceso de fraternidad, resolvió defender a sus hermanos entrando en medio de la multitud y repartiendo patadas y cabezazos hasta ser arrestado por un "grillo", soldado de la antigua guardia civil de São Paulo. En medio de la confusión, el héroe logró huir y fue a ver cómo estaba el gigante Venceslau Pietro Pietra, aún "convaleciendo de la paliza recibida en la macumba". Hace una apuesta con el niño Chuvisco para ver quién lograba asustar al gigante y su familia. Pierde la apuesta y decide ir a pescar. Como no tenía anzuelo, el héroe se transforma en una "piranha feroz" para cortar la línea de un inglés que pescaba a su lado. Sucede que la vieja hechicera Ceiuci, mujer del gigante, también solía pescar en el arroyo Tietê y atrapa al héroe. Al ser pescado por la red de la hechicera, Macunaíma se convierte en un pato que debía ser devorado de inmediato. Además de jugar con la hija menor de Ceiuci, la engaña y huye, montado "en un caballo castaño-pardo que para correr Dios lo hizo". Es una fuga espectacularmente surrealista: en un momento está en Manaos y en otro en Mendoza, Argentina.
Capítulo XII - Tequeteque, chupinzão y la injusticia de los hombres
Desesperado porque aún no había logrado recuperar el muiraquitã, Macunaíma se disfraza de pianista e intenta, ante el gobierno, una beca de estudios en Europa, adonde Venceslau Pietro Pietra había viajado. Al no conseguir la beca, sale a viajar con los hermanos por Brasil para ver si encuentra "alguna olla con dinero enterrado". En estas andanzas, encuentra un mono comiendo coquitos baguaçu. Como tenía hambre, el héroe pregunta al mono qué estaba comiendo y oye la siguiente respuesta cínica: "-- Estoy rompiendo mis toaliquiçus para comer." Macunaíma resolvió imitarlo, agarró un "paralelepípedo y ¡juque! en los toaliquiçus. Cayó muerto." Solo logró resucitar gracias a la hechicería de Maanape, que puso en lugar del órgano destruido dos cocos de bahía. Luego "sopló humo de pipa en el difunto-héroe" y este se reanimó, tomando guaraná y una dosis de aguardiente.
Capítulo XIII - La piolosa de Jiguê
Jiguê resolvió amancebarse con Suzi, una moza muy astuta que pasaba todo el tiempo cortejando a Macunaíma. Jiguê lo descubre, se enfurece, le da una paliza al héroe y expulsa a Suzi con un garrotazo. Llevada por sus piojos, Suzi se va "al cielo convertida en la estrella que salta".
Capítulo XIV - Muiraquitã
Maanape comunica al héroe el regreso de Venceslau Pietro Pietra. Macunaíma se llena de coraje y decide matar al gigante. Come cobra y, con mucha astucia, coloca a Piaimã balanceándose en una liana de japecanga, lo mece con fuerza y el gigante acaba cayendo dentro de un agujero donde Ceiuci, la vieja caapora, preparaba una inmensa macarronada. El gigante cae en el agua hirviendo y el olor de su cuero cocido, además de matar a todos los ticoticos de la ciudad, provoca el desmayo de Macunaíma. Cuando se recupera, el héroe
agarra el muiraquitã y regresa a la pensión.
Capítulo XV - La pacuera de Oibê
Muerto Piaimã y reconquistado su muiraquitã, Macunaíma, Maanape y Jiguê vuelven a ser indios y resuelven regresar al distante Uraricoera. El héroe llevaba en el pecho "una satisfacción inmensa", pero no deja de tener nostalgia de São Paulo. Tanto que llevaba consigo todas las cosas que más lo habían entusiasmado en la "civilización paulista": una pareja de leghorn, un revólver
Smith-Wesson y un reloj Patek. Una bandada de aves forma una gran tienda de alas coloridas que protegen al Emperador del Mato-Virgen. En este feliz viaje de regreso, el héroe tuvo nuevas aventuras amorosas, recordando con nostalgia la vida disoluta que había llevado en São Paulo: se encuentra con Iriqui (antigua compañera de Jiguê) y con una hermosa princesa que había sido transformada en un árbol de carambola. Con su muiraquitã, el héroe hace una mandinga y el carambolero se convierte en "una princesa muy chic", con quien tiene ganas de jugar, pero no puede, pues son perseguidos por el Minhocão Oibê. Gracias a una nueva mandinga, el héroe transforma a Oibê en un perro de monte, de cola peluda y fauce abierta. Como Macunaíma ahora solo quería jugar con la princesa, Iriqui se pone tristísima y sube "al cielo, llorando luz, convertida en una estrella".
Capítulo XVI - Uraricoera
Finalmente, llega al Uraricoera natal y, al pasar por un lugar llamado Pai da Tocandeira, reconoce sus raíces y llora: la maloca de la tribu era ahora una choza arruinada. Una sombra leprosa devora a sus hermanos y a la princesa, y el héroe queda "difunto sin llanto, en el abandono completo", palúdico y sin fuerzas para construir una choza. Ata su hamaca a dos cajeros en lo alto de la orilla junto al río y así pasa sus días "pateado y comiendo cajús". Todas las aves también lo abandonan, quedando solo un loro al que el héroe le cuenta todos los casos que le habían sucedido. Gracias a este loro es que se salvó del olvido la historia del héroe, parido por una india tapanhuma.
Capítulo XVII - Osa Mayor
Un día de enero de mucho calor, el héroe se despierta sintiendo unas "cosquillas", que incluso le parecen hechas "por manos de doncella". Era la última venganza de Vei, el Sol, tramando para liquidarlo de una vez por todas. Macunaíma recuerda que hace mucho no jugaba y va a bañarse en un gran lago, pensando que el agua fría vendría a amortiguar sus deseos de amor. El héroe, dirigiéndose al agua, divisa allá en el fondo "una cunhã bellísima", a veces blanca de cabellos rubios, a veces morena de cabellos negros, que comienza a tentarlo con danzas y meneos. Macunaíma duda, temeroso, pero acaba sumergiéndose en la laguna, enloquecido por los encantos irresistibles de la uiara. Ésta lo mutila, devorándole una pierna, los aretes, los cocos de bahía, las orejas, los dedos gordos de los pies, la nariz y los labios. Desaparece también con su
muiraquitã: el héroe salta y da "un grito que acortó el tamaño del día". Aún tiene fuerzas para arrojar plantas venenosas en la laguna, matando peces, pirañas y delfines que allí estaban. En el afán de recuperar sus tesoros, Macunaíma les abre las barrigas y lo que encuentra lo cose al cuerpo mutilado, con sapé y cola de pez. No logra, sin embargo, reconquistar la pierna ni el muiraquitã, "engullidos por el monstruo Ururau". Y así todo se acaba. Macunaíma, mutilado, va a la casa del Padre Mutún, que, compadecido de él, hace una hechicería y lo transforma en la constelación de la Osa Mayor. "Iba al cielo a vivir con la marvada. Sería el brillo bonito pero inútil, sin embargo, de una constelación más." En este balance que Macunaíma hace de su existencia, dialoga con su conciencia y deja su mensaje para la posteridad: "No vine al mundo para ser piedra". La piedra simboliza disciplina rígida, método, pulido de carácter, rasgos que Macunaíma, la propia encarnación de la astucia y la improvisación, nunca quiso asumir.
La Semana de Arte Moderno (1922)
La semana en realidad duró tres días. Pero nunca tres días habían sacudido tanto el mundo del arte brasileño. Los días 13, 15 y 17 de febrero de 1922, bajo el apadrinamiento del novelista pre-modernista Graça Aranha, los jóvenes paulistanos empeñados en revolucionar el arte presentaron, por primera vez en conjunto, sus ideas de vanguardia.
La Semana, realizada en el Teatro Municipal de São Paulo, se abrió con la conferencia A emoção estética na arte, de Graça Aranha, en la que atacaba el conservadurismo y el academicismo del arte brasileño. Siguieron lecturas de poemas de, entre otros, Oswald de Andrade y Manuel Bandeira, que no pudo asistir y cuyo poema Os Sapos fue leído por Ronald de Carvalho bajo un coro de graznidos y abucheos.
Mário de Andrade leyó su ensayo "A escrava que não é Isaura" en las escalinatas del teatro. Obras de Anita Malfatti, Di Cavalcanti, Victor Brecheret y otros artistas plásticos y arquitectos fueron expuestas. Finalmente, se presentaron la pianista Guiomar Novaes y el maestro y compositor Heitor Vila-Lobos, que no se libró de las vaquillas. Como se ve, la recepción de la Semana no fue tranquila. Las audacias modernistas inquietaban e irritaban al público.
Desenlace
"Se acabó la historia y murió la victoria". Los hijos de la tribu de los Tapanhumas "se acabaron uno a uno". "Una vez un hombre fue allá" y, rompiendo el "silencio enorme" que "dormía a orillas del río Uraricoera", se oye:
-- "Curr-pac, papac! curr-pac, papac!?"
Era el loro al cual Macunaíma le había contado toda su historia.
"Entonces el pájaro empezó hablando en un habla mansa, muy nueva, ¡muy!"
"Todo se lo contó al hombre y después abrió las alas rumbo a Lisboa. Y el hombre soy yo, mi gente, y yo me quedé para contaros la historia. Por eso vine aquí. Me acurruqué sobre estas hojas, recogí mis garrapatas, punteé en la guitarrilla y a toques rasgados abrí la boca al mundo cantando en el habla impura las frases y los casos de Macunaíma, héroe de nuestra gente".
Era el propio Mário de Andrade. "No hay más".
Las fuentes
Mário de Andrade nunca ocultó que tomó como fuente principal para la redacción de Macunaíma la obra Vom Roroima zum Orinoco (Del
Roraima al Orinoco) de Theodor Koch-Grünberg, publicada en cinco volúmenes entre 1916 y 1924. Gracias al monumental trabajo de Manuel Cavalcanti Proença, Roteiro de Macunaíma, podemos seguir cómo el escritor paulista fue reelaborando las narrativas recogidas en la obra del alemán, mezclándola con otras fuentes, como libros de Capistrano de Abreu, Couto Magalhães, Pereira da Costa o incluso relatos orales, como el que el gran compositor Pixinguinha le hizo de una ceremonia de macumba,
para ir tejiendo su rapsodia.
En las leyendas de héroes taulipang y arecuná, presentadas por Koch-Grünberg, Mário de Andrade encontró al héroe Macunaíma, que, según el estudioso alemán, "aún era niño, pero más pícaro que todos los otros hermanos".
En palabras del poeta-crítico Haroldo de Campos:
"El propio Koch-Grünberg, en su 'Introducción' al volumen, resalta la ambigüedad del héroe, dotado de poderes de creación y transformación, nutridor por excelencia, al mismo tiempo, sin embargo, malicioso y pérfido. Según el etnógrafo alemán, el nombre del supremo héroe tribal parece contener como parte esencial la palabra MAKU, que significa "malo" y el sufijo IMA, "grande". Así, Macunaíma significaría "El Grande Malo", nombre -observa Grünberg- "que encaja perfectamente con el carácter intrigante y funesto del héroe". Por otro lado, los poderes creativos de Macunaíma llevaron a los misioneros ingleses en sus traducciones de la Biblia a la lengua indígena a denominar a Dios cristiano con el nombre del contradictorio héroe tribal, decisión que Koch-Grünberg comenta
críticamente".
El héroe sin ningún carácter
Fue, por lo tanto, en la obra del etnólogo alemán que Mário de Andrade, paradójica y muy antropofágicamente, encontró la esencia del brasileño. El propio autor de Macunaíma, en un prefacio que nunca llegó a publicar con el libro, nos cuenta cómo ocurrió el descubrimiento:
. ¡Y Macunaíma es un héroe sorprendentemente sin carácter. (¡Me gocé!)".
Las metamorfosis por las que pasa el personaje, de sabor surrealista, pueden muy bien asociarse a su "falta de carácter", así como el fascinio que revela por la "lengua de Camões", en las Icamiabas. Carta a Foco Narrativo
Aunque predomina el foco de la 3ª persona, Mário de Andrade innova utilizando la técnica cinematográfica de cortes bruscos en el discurso del narrador, interrumpiéndolo para dar paso a la fala de los personajes, principalmente Macunaíma. Esta técnica imprime velocidad,
simultaneidad y continuidad a la narrativa. Ejemplo:
"Llegado allá reunió a los vecinos, criados, patrona, mozas mecanógrafas, estudiantes, empleados públicos, ¡muchos empleados públicos! Todos estos vecinos y les contó que había ido a cazar a la feria de Arouche y había matado dos?
-- ¿mates, no eran venados mateiros, no, dos venados catingueiros que comí con los hermanos. Hasta venía trayendo un pedazo para ustedes pero sin embargo resbalé en la esquina, caí tiré el bulto y el perro se comió todo."
(Cap. XI - La Vieja Ceiuci)
Espacio y tiempo
Las andanzas sucesivas de Macunaíma se viven en un espacio mágico, propio de la atmósfera fantástica y maravillosa en la que se desarrolla la narrativa. En su Roteiro de Macunaíma, maestro Cavalcanti Proença afirma que Macunaíma se aproxima de la epopeya medieval, pues "tiene en común con aquellos héroes la sobrehumanidad y lo maravilloso. Está fuera del espacio y del tiempo. Por este motivo puede realizar aquellas fugas espectaculares y asombrosas en las que, de la capital de São Paulo huye a la Ponta do Calabouço, en Río, y luego ya está en Guarajá-Mirim, en las fronteras de Mato Grosso y Amazonas para, después, chupar manga-
jazmín en Itamaracá de Pernambuco, tomar leche de vaca cebú en Barbacena, Minas Gerais, descifrar litoglifos en la Serra do Espírito Santo y finalmente esconderse en el hueco de un hormiguero, en la Ilha do Bananal, en Goiás". Macunaíma es un personaje outsider, mientras que marginal, antihéroe, fuera de la ley, en la medida en que se contrapone a una sociedad moderna, organizada en un sistema racional, frío y tecnológico. Así, el tiempo es totalmente subvertido en la narrativa. El héroe del presente entra en contacto con figuras del pasado, estableciéndose un curioso "diálogo con los muertos": Macunaíma habla con João Ramalho (s. XVI), con los holandeses (s. XVII), con Hércules Florence (s. XIX) y con Delmiro Gouveia (pionero de la central hidroeléctrica de Paulo Afonso e industrial nordestino que creó la primera fábrica nacional de hilos de coser).
(Cap. XI - A Velha Ceiuci).
TEXTO
A síntese do romance - rapsódia
Capítulo I - Macunaíma
Macunaíma, "herói de nossa gente" nasceu à margem do Uraricoera, em plena floresta amazônica. Descendia da tribo dos Tapanhumas e, desde a primeira infância, revelava-se como um sujeito "preguiçoso". Ainda menino, busca prazeres amorosos com Sofará, mulher de seu irmão Jiguê, que só lhe havia dado pra comer as tripas de uma anta, caçada por Macunaíma numa armadilha esperta. Nas várias transas ("brincadeiras") com Sofará, Macunaíma transforma-se num príncipe lindo, iniciando um
processo constante de metamorfoses que irão ocorrer ao longo da narrativa: índio negro, vira branco, inseto, peixe e até mesmo um pato, dependendo das circunstâncias.
Capítulo II - Maioridade
De tanto aprontar, foi abandonado pela mãe no meio do mato. Tremelicando, com as perninhas em arco, Macunaíma botou o pé na
estrada até que topou com o Curupira e perguntou-lhe como faria para voltar pra casa. Maliciosamente, o Curupira ensina-lhe um caminho errado que Macunaíma, por preguiça, não seguiu. Escapando do monstro, o herói topou com uma voz que cantava uma toada lenta: era a cotia, que depois de ouvir o piá contar como enganara o Curupira, jogou-lhe em cima calda envenenada de mandioca. Isto fez Macunaíma crescer, atingindo o "tamanho dum homem taludo".
Capítulo III - Ci, Mãe do Mato
Encontra Ci, a Mãe do Mato e inventa com ela lindas e novas maneiras de gozos de amor. O resultado desse idílio é o nascimento de um curumi, que morreu prematuramente depois de mamar no único peito de Ci, envenenado pela Cobra Preta. Enterrado o filho, Ci também resolveu deixar este mundo. Deu ao herói sua muiraquitã famosa e subiu pro céu por um cipó, transformando-se numa estrela.
Capitulo IV - Boiúna Luna
Tomado de tristeza, Macunaíma despediu-se das Icamiabas e partiu rumo às matas misteriosas. No caminho, encontra Capei, monstro fantástico que abre a goela e solta uma nuvem de marimbondos. Nas lutas contra o monstro, Macunaíma perde seu talismã e fica sabendo, através de um uirapuru, que a tartaruga que engolira sua pedra tinha sido apanhada por um mariscador. Este vendera a muiraquitã a um rico fazendeiro chamado Venceslau Pietro Pietra, proprietário de uma mansão na rua Maranhão, em
São Paulo. Macunaíma resolve, então, vir para a capital paulista recuperar sua muiraquitã.
Capítulo V - Piaimã
O herói junta seus irmãos e desce o Araguaia, com sua esquadra de igarités cheias de cacau. Em São Paulo, fica sabendo que Venceslau Pietro Pietra era o gigante Piaimã, comedor de gente, companheiro de uma caapora velha chamada Ceiuci, também antropófaga e muito gulosa. Esse capítulo apresenta uma das passagens mais saborosas do romance: a chegada de Macunaíma e seus irmãos à cidade de São Paulo. Nesse momento, Mário de Andrade inverte os relatos quinhentistas da Literatura Informativa. Aqui é o índio que se depara com a dita "civilização" e procura assimilá-la, digerindo-a com suas próprias enzimas culturais
Capítulo VI - A francesa e o gigante
Depois de uma tentativa de aproximação frustrada, Macunaíma resolve se vestir de francesa para conquistar Venceslau Pietro Pietra e reconquistar sua muiraquitã. O regatão não emprestou a pedra nem quis vendê-la. Mas deixou claro que poderia dá-la se a francesa resolvesse "brincar" com ele? Muito inquieto, Macunaíma foge, percorrendo, em louca correria, grande parte do território brasileiro
Capítulo VII - Macumba
Como não tivesse força suficiente pra matar o gigante, Macunaíma vem para o Rio de Janeiro procurar o terreiro de macumba da tia Ciata. Pediu à macumbeira vários castigos pro gigante Piaimã que, além de receber a chifrada de um touro selvagem, é ferroado por quarenta mil formigas-de-fogo.
Capítulo VIII - Vei, a Sol
É também no Rio de Janeiro que Macunaíma reencontra a Vei, a deusa-sol que pretendia casar uma de suas três filhas com o herói. Embora tivesse prometido, Macunaíma não cumpriu a palavra empenhada: logo que anoiteceu, convidou uma portuguesa e brincou com ela na jangada. Depois foram descansar num banco da avenida Beira-mar, no Flamengo, quando surgiu Mianiquê-Teibê, monstro de garras enormes com olhos no lugar dos peitos e duas bocarras nos pés, de dentes aguçados. Macunaíma saiu correndo pela praia; o monstro comeu a portuga e desapareceu.
Capítulo IX - Carta pras Icamiabas
O herói retorna a São Paulo e, saudoso, resolve escrever uma "carta pras icamiabas", relatando como era sua vida em São Paulo. Faz, num satírico estilo beletrista, uma descrição da agitada vida paulistana, com seus
arranha-céus, ruas "habilmente estreitas" cheias de gente, cinemas, casas de moda, ônibus, estátuas e jardim. Nesta pernóstica missiva, o corrupto Imperador faz questão de detalhar para as amazonas a prática constante de amores pecaminosos, tanto que ele até pensa em tirar proveito da exploração do lenocínio. Critica o capitalismo selvagem dos paulistas
locomotivas e dos italianos arrivistas, destacando, horrorizado, ao final,
uma curiosidade original deste povo: "falam numa língua e escrevem
noutra". Depois de abençoar as suas súditas, termina a carta, com a maior
desfaçatez, pedindo mais uma "gaita" pras suas fiéis icamiabas
Capítulo X - Pauí-pódole
A surra que Venceslau Pietro Pietra recebeu de Exu foi tão violenta que ele ficou meses numa rede, travado pelos suplícios a que foi submetido. Sem poder readquirir a muiraquitã, Macunaíma ocupou-se então do complicado estudo das duas línguas da terra, "o brasileiro falado e o português escrito". Interrompe um mulato pedante que fazia um verborrágico discurso sobre o
Cruzeiro do Sul, falando que aquelas quatro estrelas que brilham no vasto campo do céu são, na verdade, o Pai do Mutum, figura zoocosmológica que teve seu corpo de ave metamorfoseado numa constelação. Capítulo
XI - A velha Ceiuci
Depois de ter passado a noite brincando com a patroa da pensão, Macunaíma falou pros seus irmãos Maanape e Jiguê que tinha achado "rasto fresco de tapir", em pleno asfalto paulistano, junto à Bolsa de Mercadorias. Induziu seus irmãos a caçarem o animal e estes quase acabam sendo linchados pela multidão que se aglomerou pra assistir à caçada. Um estudante subiu na capota de um automóvel e discursou contra Maanape e Jiguê. Foi interrompido por Macunaíma que, tomado por um efêmero acesso de fraternidade, resolveu defender os irmãos entering no meio da multidão e distribuindo rasteiras e cabeçadas até ser preso por um "grilo", soldado da antiga guarda-civil de São Paulo. No meio da confusão, o herói conseguiu fugir e foi ver como passava o gigante Venceslau Pietro Pietra, ainda "convalescendo da sova apanhada na macumba". Faz uma aposta com o curumi Chuvisco pra ver quem conseguia assustar o gigante e sua família. Perde a aposta e resolve fazer uma pescaria. Como não tivesse anzol, o herói se transforma numa "piranha feroz" pra cortar a linha de um inglês que pescava a seu lado. Acontece que a velha feiticeira Ceiuci, mulher do gigante, também costumava pescar no igarapé Tietê e prende o herói. Ao ser pescado pela tarrafa da feiticeira, Macunaíma vira um pato que devia ser logo comido. Além de brincar com a filha mais moça de Ceiuci, ludibria-a e foge, montado "num cavalo castanho-pedrez que pra carreira Deus o fez". É uma fuga espetacularmente surrealista: num momento está em Manaus e noutro em Mendoza, na Argentina.
Capítulo XII - Tequeteque, chupinzão e a injustiça dos homens homens
Desesperado porque ainda não conseguira reaver a muiraquitã, Macunaíma se disfarça de pianista e tenta, junto ao governo, uma bolsa de estudos na Europa, para onde Venceslau Pietro Pietra havia viajado. Não conseguindo a bolsa, sai a viajar com os manos pelo Brasil pra ver se acha "alguma panela com dinheiro enterrado". Nestas andanças, encontra um macaco comendo coquinho baguaçu. Como estava com fome, o herói pergunta ao macaco o que estava comendo e ouve a seguinte resposta cínica: "-- Estou quebrando os meus toaliquiçus pra comer." Macunaíma resolveu imitá-lo, agarrou um "paralelepípedo e juque! nos toaliquiçus. Caiu morto." Só conseguiu ressuscitar graças à feitiçaria de Maanape, que colocou no lugar do órgão destruído dois cocos-da-baía. Depois "assoprou fumaça de cachimbo no defunto-herói" e este reanimou-se, tomando guaraná e uma dose de pinga.
Capítulo XIII - A piolhenta de Jiguê
Jiguê resolveu se amulherar com Suzi, cunhatã muito velhaca que passava todo o tempo namorando Macunaíma. Jiguê descobre, fica furioso, dá uma baita surra no herói e expulsa Suzi com uma porretada. Levada por seus piolhos, Suzi vai "pro céu virada na estrela que pula".
Capítulo XIV - Muiraquitã
Maanape comunica ao herói a volta de Venceslau Pietro Pietra. Macunaíma enche-se de coragem e decide matar o gigante. Come cobra e, com muita esperteza, coloca Piaimã balançando num cipó de japecanga, embala-o com força e o gigante acaba caindo dentro de um buraco onde Ceiuci, a velha caapora, preparava uma imensa macarronada. O gigante cai na água fervente e o cheiro de seu couro cozido, além de matar todos os ticoticos da cidade, provoca o desmaio de Macunaíma. Quando se recupera, o herói
apanha a muiraquitã e volta pra pensão.
Capítulo XV - A pacuera de Oibê
Morto Piaimã e reconquistada sua muiraquitã, Macunaíma, Maanape e Jiguê são novamente índios e resolvem voltar para o distante Uraricoera. O herói levava no peito "uma satisfação imensa", mas não deixa de ter saudade de São Paulo. Tanto que levava consigo todas as coisas que mais o haviam entusiasmado na "civilização paulista": um casal de legornes, um revólver
Smith-Wesson e um relógio Patek. Um bando de aves forma uma grande tenda de asas coloridas que protegem o Imperador do Mato-Virgem. Nestaviagem de volta feliz, o herói teve novas aventuras amorosas, lembrando-se com saudade da vida dissoluta que levara em São Paulo: encontra-se com Iriqui (antiga companheira de Jiguê) e com uma linda princesa que tinha sido transformada num pé de carambola. Com sua muiraquitã, o herói faz uma mandinga e o caramboleiro vira "uma princesa muito chique", com quem tem vontade de brincar, mas não pode, pois são perseguidos pelo Minhocão Oibê. Graças a uma nova mandinga, o herói transforma Oibê num cachorro-do-mato, de rabo cabeludo e goela escancarada. Como Macunaíma agora só queria brincar com a princesa, Iriqui fica tristíssima e sobe "pro céu, chorando luz, virada numa estrela".
Capítulo XVI - Uraricoera
Finalmente, chega ao Uraricoera natal e, ao passar por um lugar chamado Pai da Tocandeira, reconhece suas raízes e chora: a maloca da tribo era agora uma tapera arruinada. Uma sombra leprosa devora seus irmãos e a princesa, e o herói fica "defunto sem choro, no abandono completo", empaludado e sem forças para construir uma oca. Ata sua rede em dois cajueiros no alto da barranca junto do rio e assim passa seus dias "caceteado e comendo cajus". Todas as aves também o abandonam, ficando somente um papagaio pra quem o herói conta todos os casos que lhe tinham acontecido. Graças a este papagaio é que se salvou do esquecimento a história do herói, parido por uma índia tapanhumas.
Capítulo XVII - Ursa maior
Num dia de janeiro de muito calor, o herói acorda sentindo umas "cosquinhas", que até lhe parecem feitas "por mãos de moça". Era a última vingança de Vei, a Sol, tramando para liquidá-lo de vez. Macunaíma lembra-se de que há muito não brincava e vai tomar banho num lagoão, pensando que a água fria viria amortecer seus desejos de amor. O herói, encaminhando-se para a água, enxerga lá no fundo "uma cunhã lindíssima", ora branca de cabelos louros, ora morena de cabelos negros, que começa a tentá-lo com danças e meneios. Macunaíma hesita, temeroso, mas acaba mergulhando na lagoa, desvairado pelos encantos irresistíveis da uiara. Estao mutila, devorando-lhe uma perna, os brincos, os cocos-da-baía, as orelhas, os dedões, o nariz e os beiços. Desaparece também com sua
muiraquitã: o herói pula e dá "um grito que encurtou o tamanho do dia". Tem ainda força para lançar plantas venenosas no lagoão, matando peixes, piranhas e botos que lá estavam. No afã de recuperar seus tesouros, Macunaíma abre-lhe as barrigas e o que encontra reprega no corpo mutilado, com sapé e cola de peixe. Não consegue, todavia, reconquistar a perna nem a muiraquitã, "engolidas pelo monstro Ururau". E assim tudo se acaba. Macunaíma, mutilado, vai bater na casa do Pai Mutum, que, com dó dele, faz uma feitiçaria e transforma-o na constelação da Ursa Maior. "Ia pro céu viver com a marvada. Ia ser o brilho bonito mas inútil porém de mais uma constelação." Neste balanço que Macunaíma faz de sua existência, ele dialoga com sua consciência e deixa sua mensagem para a posteridade: "Não vim no mundo para ser pedra". A pedra simboliza disciplina rígida, método, lapidação de caráter, traços que Macunaíma, a própria encarnação da esperteza e da improvisação, nunca quis assumir.
A Semana de Arte Moderna (1922)
A semana na realidade durou três dias. Mas nunca três dias abalaram tanto o mundo da arte brasileira. Nos dia 13, 15 e 17 de fevereiro de 1922, sob o apadrinhamento do romancista pré-modernista Graça Aranha, os jovens paulistanos empenhados em revolucionar a arte apresentaram, pela primeira vez em conjunto, suas idéias de vanguarda.
A Semana, realizada no Teatro Municipal de São Paulo, foi aberta com a conferência A emoção estética na arte, de Graça Aranha, em que atacava o conservadorismo e o academicismo da arte brasileira. Seguiram-se leituras de poemas de, entre outros, Oswald de Andrade e Manuel Bandeira, que não pôde comparecer e cujo poema Os Sapos foi lido por Ronald de Carvalho sob um coro de coaxos e apupos.
Mário de Andrade leu seu ensaio "A escrava que não é Isaura" nas escadarias do teatro. Obras de Anita Malfatti, Di Cavalcanti, Victor Brecheret e outros artistas plásticos e arquitetos foram expostas. Por fim, apresentaram-se a pianista Guiomar Novaes e o maestro e compositor Heitor Vila-Lobos, que não foi poupado das vaias. Como se vê, a recepção da Semana não foi tranqüila. As ousadias modernistas inquietavam e irritavam o público.
Desfecho
"Acabou-se a história e morreu a vitória". Os filhos da tribo dos Tapanhumas "se acabaram de um em um". "Uma feita um homem foi lá" e, rompendo o "silêncio enorme" que "dormia à beira-rio do Uraricoera", ouve-se:
-- "Curr-pac, papac! curr-pac, papac!?"
Era o papagaio ao qual Macunaíma havia contado toda a sua história.
"Então o pássaro principiou falando numa fala mansa, muito nova, muito!"
"Tudo ele contou pro homem e depois abriu asa rumo de Lisboa. E o homem sou eu, minha gente, e eu fiquei pra vos contar a história. Por isso que vim aqui. Me acocorei em riba destas folhas, catei meus carrapatos, ponteei na violinha e em toques rasgado botei a boca no mundo cantando na fala impura as frases e os casos de Macunaíma, herói da nossa gente".
Era o próprio Mário de Andrade. "Tem mais não".
As fontes
Mário de Andrade nunca escondeu que tomou como fonte principal para a redação de Macunaíma a obra Vom Roroima zum Orinoco (Do
Roraima ao Orenoco) de Theodor Koch-Grünberg, publicada, em cinco volumes, entre 1916 e 1924. Graças ao monumental trabalho de Manuel Cavalcanti Proença, Roteiro de Macunaíma, podemos acompanhar como o escritor paulista foi reelaborando as narrativas colhidas na obra do alemão, mesclando-a a outras fontes, como livros de Capistrano de Abreu, Couto Magalhães, Pereira da Costa ou mesmo relatos orais, como o que o grande compositor Pixinguinha lhe fez de uma cerimônia de macumba,
para ir tecendo sua rapsódia.
Nas lendas de heróis taulipang e arecuná, apresentadas por Koch-Grünberg, Mário de Andrade encontrou o herói Macunaíma, que, segundo o estudioso alemão, "ainda era menino, porém mais safado que todos os outros irmãos."
Nas palavras do poeta-crítico Haroldo de Campos:
"O próprio Koch-Grünberg, em sua "Introdução" ao volume, ressalta a ambigüidade do herói, dotado de poderes de criação e transformação, nutridor por excelência, ao mesmo tempo, todavia, malicioso e pérfido. Segundo o etnógrafo alemão, o nome do supremo herói tribal parece conter como parte essencial a palavra MAKU, que significa "mau" e o sufixo IMA, "grande". Assim, Macunaíma significaria "O Grande Mau", nome - observa Grünberg - "que calha perfeitamente com o caráter intrigante e funesto do herói". Por outro lado, os poderes criativos de Macunaíma levaram os missionários ingleses em suas traduções da Bíblia para a língua indígena a denominar o Deus cristão pelo nome do contraditório herói tribal, decisão que Koch-Grünberg comenta
criticamente".
O herói sem nenhum caráter
Foi, portanto, na obra do etnólogo alemão que Mário de Andrade, paradoxal e muito antropofagicamente, encontrou a essência do brasileiro. O próprio autor de Macunaíma, em prefácio que nunca chegou a publicar com o livro, nos conta como ocorreu a descoberta:
. E Macunaíma é um herói surpreendentemente sem caráter. (Gozei)"
As metamorfoses pelas quais passa a personagem, de sabor surrealista, podem muito bem ser associadas à sua "falta de caráter", assim como o fascínio que revela pela "língua de Camões", na Icamiabas. Carta pra Foco Narrativo
Embora predomine o foco da 3a pessoa, Mário de Andrade inova utilizando a técnica cinematográfica de cortes bruscos no discurso do narrador, interrompendo-o para dar vez à fala dos personagens, principalmente Macunaíma. Esta técnica imprime velocidade,
simultaneidade e continuidade à narrativa. Exemplo:
"Lá chegado ajuntou os vizinhos, criados a patroa cunhãs datilógrafos estudantes empregados-públicos, muitos empregados-públicos! Todos esses vizinhos e contou pra eles que tinha ido caçar na feira do Arouche e matara dois?
-- ?mateiros, não eram viados mateiros, não, dois viados catingueiros que comi com os manos. Até vinha trazendo um naco pra vocês mas porém escorreguei na esquina, caí derrubei o embrulho e o cachorro comeu tudo."
(Cap. XI - A Velha Ceiuci)
Espaço e tempo
As estripulias sucessivas de Macunaíma são vividas num espaço mágico, próprio da atmosfera fantástica e maravilhosa em que se desenvolve a narrativa. Em seu Roteiro de Macunaíma, mestre Cavalcanti Proença afirma que Macunaíma se aproxima da epopéia medieval, pois "tem de comum com aqueles heróis a sobre-humanidade e o maravilhoso. Está fora do espaço e do tempo. Por esse motivo pode realizar aquelas fugas espetaculares e assombrosas em que, da capital de São Paulo foge para a Ponta do Calabouço, no Rio, e logo já está em Guarajá-Mirim, nas fronteiras de Mato Grosso e Amazonas para, em seguida, chupar manga-
jasmim em Itamaracá de Pernambuco, tomar leite de vaca zebu em Barbacena, Minas Gerais, decifrar litóglifos na Serra do Espírito Santo e finalmente se esconder no oco de um formigueiro, na Ilha do Bananal, em Goiás". Macunaíma é um personagem outsider, enquanto marginal, anti-herói, fora-da-lei, na medida em que se contrapõe a uma sociedade moderna, organizada em um sistema racional, frio e tecnológico. Assim, o tempo é totalmente subvertido na narrativa. O herói do presente entra em contato com figuras do passado, estabelecendo-se um curioso "diálogo com os mortos": Macunaíma fala com João Ramalho (séc. XVI), com os holandeses (séc. XVII), com Hércules Florence (s. XIX) e com Delmiro Gouveia (pioneiro da usina hidrelétrica de Paulo Afonso e industrial nordestino que criou a primeira fábrica nacional de linhas de costura).



