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El Elefante - Carlos Drummond de Andrade (Análisis - Resumen)
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En A Rosa do Povo, libro de Carlos Drummond de Andrade, al que pertenece el poema "El Elefante", objeto central de este trabajo, se encuentra también el poema Procurada Poesia, en el que el poeta expone su concepto sobre la construcción del arte poética:

"Penetra sigilosamente en el reino de las palabras.
Allí están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, pero no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta."

En El Elefante, encontramos una relación similar a la de este texto transcrito arriba: el poeta será aquel que se enfrenta a su designio - la palabra -, esperando descodificarla, nombrarla poéticamente; hecho esto, se establece la relación creador/creación, autor/material. Tal fusión será tan intensa, que llegaremos al momento en que uno se confundirá con el otro, en un mismo instante poético.
La dialéctica creador/creación es uno de los puntos más abordados por el arte literario moderno, tanto en su escritura como en su crítica. Modernamente, el contenido es consecuencia del trabajo que el poeta hace con la palabra, y no más su causa. La creación poética pasa a ser exactamente esta relación entre el autor y su material.
Según Alfredo Bosi, en O Ser e o Tempo na Poesia, el hombre, al crear, se posiciona como el "dios" de la creación, a partir del momento en que, como el "Gran Creador", tiene el poder de nombrar a los seres. Nombrar significa reconocer, identificar; en el nombre, se encuentra toda la vivencia del creador: es como él ve el mundo, como entra en contacto con él, como establece esta interrelación. En el caso del poeta-creador, este mundo a ser reconocido es el "reino de las palabras"; la palabra es su mayor desafío, en el designio de nombrarla, dándole sentidos especiales, haciéndola poética.
Siendo así, al nombrar, es como si se colocara ante la vida, creando un proceso metalingüístico de ella. Es el reconocimiento de que la "Gran Obra" del Creador está incompleta... Después de todo, es como si Él dejara una parte - pequeña solo en apariencia - a su criatura, que se transforma en creador al relacionarse con ella.
La sensibilidad del poeta reconoce todo esto: a imagen del Creador, que se extiende en su Gran Obra, se desdobla en la creación... se desdobra tanto, hasta llegar a un momento en que no hay diferencia entre uno y otro - creador y creación se funden en un único espacio y tiempo, sin límites, como resistencia - como pone Alfredo Bosi - ante la rotulación preestablecida.
Así, también busca algo, al mismo tiempo grande y grandioso en su designio: su creación es un elefante; no es el elefante, sino un elefante; no se pretende único, definido, específico, sino que busca solo ser uno, modestamente compuesto de "pocos recursos"; es grande (elefante), sin embargo, indefinido (uno). Es como si hubiera ahí el primero de una secuencia de paradojas: "el elefante" - como lo conocemos - es definido al extremo (visible y ostentoso en su forma), pero "un elefante" - este, creado por el poeta - será indefinido, etéreo, con todo el derecho a serlo... es su creación, en su capacidad de percibir la forma, que pide ser interpretada.

El material de que será compuesto saldrá de la observación de la "vida presente" (de la que el poeta habla en "Mãos Dadas"), parte a parte, aún etéreo, indefinido: "Un poco de madera / sacada de muebles viejos / quizás le dé apoyo". Así es el pretendido apoyo del elefante - "muebles viejos"; el mundo, la vida ya existente, que el poeta pretende recrear.
Su esencia mantiene la estructura diáfana: "... lo lleno de algodón, / de pelusa, de dulzura". ¡Es ligero - es todo lo que no esperábamos de un elefante!
Las orejas son "pensas", manteniendo la estructura inicialmente delineada: tienen en ellas, por su audición, su acceso inicial - aunque ineficiente - al mundo. Pero "la parte más feliz / de su arquitectura" es la trompa. El elefante, como observamos en el transcurso del montaje, tendrá en ella su acceso más posible: es posible oler el mundo, inhalarlo y envolverlo en el relleno de dulzura y algodón, sin embargo, es poco posible oírlo y comunicarse con él. ¿Quién vería un elefante tan etéreo ("Va mi elefante/ por la calle poblada, / pero no quieren verlo")?
Tal imposibilidad de comunicación será aún más flagrante en el intento de figurar los colmillos. Todos sabemos que el mundo valora el marfil; se mata por él... y es precisamente esta parte la que el creador no consigue edificar - esta la deja para los circos; su elefante es para la calle.
En la actitud del poeta de colocarlo en la calle, se localiza el punto álgido de tensión del poema: el elefante es la creación del poeta enviada a las calles, en un deseo de contacto sensacionalista, en un deseo de comunicación... es querer alcanzar el mundo... el creador se expone a través de la criatura, en el inicio de la fusión entre el autor y el material.
La tensión resulta del hecho de que el yo poético no concretará su deseo. El primer índice de esto está en el hecho, ya anteriormente mencionado, de no conseguir figurar los colmillos, precisamente aquello que, de forma más convencional, se observa en un elefante. La riqueza de su creación irá para los ojos - "la parte del elefante / más fluida y permanente, / ajena a todo fraude", pues, como portales del alma, los ojos transmiten y generan vida; así siendo, nadie mata por ellos: nadie los ambiciona, porque nadie los entiende.
En esta tensión, el elefante, ingenuamente, intenta el contacto, pues "sale en busca de amigos": "y mueve lentamente / la piel cosida / donde hay flores de tela / y nubes, alusiones / a un mundo más poético / donde el amor reagrupa / las formas naturales". ¡Es esta su mayor arma: el amor! Como Platón, también cree en el Amor como energía mayor del Mundo Inteligible, capaz de reagrupar, articular lo que se presenta desarticulado.
Su inocencia es tan etérea como su forma incognoscible; su percepción no es suficiente para captar su inmensa fragilidad ("la cola amenaza dejarlo ir solo"). En un proceso de gradación, consigue ser "todo gracia", aunque "las piernas no ayudan / y su vientre abultado / se arriesga a desmoronarse / al más leve empujón". El vientre, refugio de la vida, está lleno también de dulzura... pero aún falta, siempre falta, y él todavía está "hambriento". Como no es visto, corre el riesgo de ser empujado; como solo está cosido, corre el riesgo de reventar y desmoronarse. Aun así, sustenta "su mínima vida", aunque no haya "...en la ciudad / alma que se disponga / a recoger en sí / de este cuerpo sensible / la fugitiva imagen".
Sensible y gracioso, dos adjetivos paradójicamente entrelazados. La paradoja se da debido a la existencia de dos ángulos de enfoque: es sensible en su

esencia; es gracioso a partir de la mirada ajena - es conmovedor, pero no es tocable. Es como si los seres, como máximo, consiguieran apiadarse de él... de ahí a tocarlo, hay una gran distancia, visto que, para llegar cerca de lo que no se conoce, da miedo, es arriesgado, principalmente si es algo que puede desmoronarse en cualquier momento, de tan pesado. Es un peso la incomprensión... el elefante está abultado de tanta vida; respira por la trompa enorme. Está demasiado vivo para que se pueda soportar, de ahí la idea de la comicidad... la risa llena el vacío dejado por la falta de entendimiento: algo cómico se vuelve algo descomprometido y, por consiguiente, no hay razón para entender.
El mundo retrocede... y él avanza, acentuando la paradoja inicial; todo porque "el campo de batalla" lo invita. En detrimento de la risa ajena, el elefante se mantiene hambriento. Es la tensión del Yo X Mundo la que se refuerza: los otros ríen; él tiene hambre. La contraposición se intensifica en la conjunción adversativa utilizada por el poeta - "pero" - revelando toda la desarmonía, la desarticulación entre el universo del creador/criatura y el del mundo.
"Pero hambriento de seres / y de situaciones patéticas" - también (y, quizás, principalmente) lo patético forma parte de la "vida presente"; pero es necesario entenderlo para poder proseguir. La risa patética es el desafío para llegar a los "encuentros a la luz de la luna / en el océano más profundo / bajo la raíz de los árboles / o en el seno de las conchas / de luces que no ciegan / y brillan a través de los troncos más gruesos" - es la máxima docilidad, que busca alcanzar lo que lo común jamás alcanza, el estrato vivo y esencial de cada ser, la luz, brillo en la totalidad, desde el "océano profundo", llegando al "seno de las conchas" - el afuera (océano, árboles) y el adentro (conchas)... en un camino ascendente, sin causar daño a nada, "sin aplastar las plantas / en el campo de batalla".
Más importante que todo es caminar "en busca de sitios, / secretos, episodios / no contados en libro", aquello que "los hombres ignoran", por traer la "párpula cerrada"; nuevamente, para el hombre, es necesario ignorar por miedo a sorprenderse.
Hecho de "nubes" y "flores de tela", él "vuelve fatigado / las patas vacilantes / se desmoronan en el polvo". Los pasos, hasta ahora torpes y constantes, flaquean, por algunos instantes, tristes y cansados.
"No encontró aquello de que carecía, / aquello de que carecemos, / yo y mi elefante, / en el que amo disfrazarme." Hasta ese instante del poema, teníamos un elefante andando solo, buscando solo, cual personaje creado, "aquello de que carecía, / aquello de que carecemos". El pronombre demostrativo el es neutro: la esencia buscada es vaga, amplia, demasiado grande, pues es luz (como anteriormente se mencionó), toda resumida en el demostrativo el; es la simplicidad reforzada.
La creación carece... el creador carece... más que eso, uno carece a través del otro y viceversa. En fin, "yo y mi elefante, / en el que amo disfrazarme", en un momento de epifanía para el lector: el elefante fabricado es el poeta y su poesía (autor/material). Esta vez, el torpe del "Poema das Sete Faces" se transformó en un gran y torpe elefante, manteniendo, en su origen, el estigma de personaje torcida: "se le cayó el vasto ingenio / como simple papel", despegado, "y todo su contenido / de perdón, de caricia, / de pluma, de algodón, / chorrea sobre la alfombra, / cual mito desmontado"... imagen triste que puede generar la idea de que el creador va a desistir.
Nuevamente, contrariando nuestras expectativas, con la forma simple que le es característica, afirma: "Mañana recomienzo".

Recomezar, reconstruir, rehacer... la poesía, constante diálogo con el mundo, se perpetúa en la certeza de la posibilidad de búsqueda... es la palabra que se vuelve vida, continuamente.

Recomeçar, reconstruir, refazer... a poesia, constante diálogo com o mundo, perpetua-se na certeza da possibilidade de busca... é a palavra tornando-se vida, continuamente.

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