IV
Silvio y Anna mantuvieron la rutina.
Anna trabajaba por la tarde en el centro comercial mientras Silvio escribía un nuevo libro. Se encontraban todos los días en la facultad y con este ritmo se reencontraron. Y aunque los secretos compartidos fortalecieron la complicidad de la pareja, ciertamente los jóvenes nunca más volvieron a ser los mismos. Anna conoció a un chico rebelde y fiestero que la involucró en un mundo de irresponsabilidades que, más allá de los perjuicios, servía para sacarla por unos instantes de las tensiones de aquellos días. Silvio, analizando su propia vida, vio cuánto le hacía sufrir aquel amor y decidió no esperar más.
Sin embargo, los misterios del tiempo existen, y Anna, al verse despreciada por otros chicos, comprendió cuánto el amor de Silvio le sería reconfortante. Era tarde; Silvio, a pesar de ser el amigo fiel y servicial, no se atrevería a prolongar aquella historia.
Y como en la mañana en que la pareja se vio por primera vez en un saludo de mano, se vieron por última vez mientras se despedían con la mano en la estación de autobuses. Anna se mudó a un estado lejano, pero esa es otra historia...
Por ahora me dedico a contar sobre Alex, cómo continuaba solo en su choza, en sus textos. Pasó cuatro meses sin ningún contacto con María y pocos con Leo.



