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Expansión del Universo

Una misteriosa fuerza acelera la expansión del cosmos. El extraño efecto trabaja contra la gravitación, empujando toda la materia de dentro hacia afuera
Por José Tadeu Arantes / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. / Ilustraciones de Ronaldo Lopes Teixeira

Este puede ser el mayor descubrimiento del final del siglo XX. Y el principal desafío científico del inicio del nuevo milenio. Para sorpresa de los científicos, dos equipos rivales de astrónomos mostraron que la expansión del universo, causada por el Big Bang (la gran explosión que dio origen al cosmos), no está siendo desacelerada, debido a la atracción gravitacional de la materia. Por el contrario, se está acelerando cada vez más. Es decir: una extraña fuerza continúa empujando el universo "hacia afuera", haciendo que las galaxias se alejen unas de otras con velocidad cada vez mayor.

Hace solo un año, se imaginaba que la expansión del cosmos podría ser incluso completamente frenada. Y, a partir de ahí, la atracción gravitacional atraería todo de vuelta, hasta provocar una nueva superexplosión - el Big Crunch. Este escenario catastrófico está siendo ahora completamente descartado. Impulsado por la misteriosa fuerza que trabaja contra la gravitación, el universo parece destinado a expandirse para siempre. Hasta el final de los tiempos. El nuevo descubrimiento deberá provocar una revolución en la física. Y lleva también a una revisión en los cálculos de la edad del universo. Quizás sea mucho más viejo de lo que se imaginaba.

El descubrimiento de la aceleración de la expansión del universo fue anunciado simultáneamente por dos equipos multinacionales de astrónomos: el High Z Supernova Search Team, liderado por el australiano Brian Schmidt, y el Supernova Cosmology Project, del americano Saul Perlmutter (lea el cuadro abajo), ambos fuertes candidatos al Premio Nobel de Física de este año. La noticia es tan extraordinaria que astrónomos de todo el mundo están intentando desmentirla. Si se confirma, sin embargo, deberá modificar toda nuestra visión de la realidad. Pues revelará la existencia de una fuerza - antes desconocida y cuya naturaleza física es un completo misterio - que actúa en sentido contrario al de la gravitación, alejando los cuerpos materiales unos de otros. La única explicación encontrada hasta ahora para esta fuerza repulsiva es que sería producida por el vacío.

Parece un absurdo. Pero, en la física cuántica, el vacío es un formidable reservorio de energía, que crea y aniquila partículas sin parar. Nada menos que el 70% de la energía del universo estaría asociada a este vacío, mientras que la materia propiamente dicha contribuiría con solo el 30%. "No tenemos todavía una física suficientemente sofisticada para lidiar con el vacío. Esto significa que el 70% del contenido del universo jamás ha sido explorado por la ciencia", resalta el astrónomo Amâncio Friaça, del Instituto Astronómico y Geofísico (IAG), de la USP.

Pero el asombro suscitado por el nuevo descubrimiento no termina ahí. El contenido de energía del vacío puede ser hasta 10120 veces mayor de lo necesario para provocar la aceleración del universo. Esta cifra fantástica corresponde al algarismo 1 seguido de 120 ceros: un número simplemente inimaginable. "Investigar la naturaleza de este vacío será el gran desafío científico de las próximas décadas", se entusiasma Friaça. "Estamos viviendo un momento privilegiado y emocionante de la historia de la ciencia."

La existencia o no de la fuerza repulsiva tiene consecuencias directas en el cálculo de la edad del universo. Si existe - esto es, si la expansión del cosmos se está realmente acelerando, como afirman los dos equipos de astrónomos -, entonces el universo debe ser más viejo de lo que se suponía. Pues, habiendo tenido en el pasado una velocidad de expansión menor que hoy, probablemente necesitó más tiempo para alcanzar el tamaño actual (vea ilustración). Una expansión desacelerada, como se imaginaba hasta el año pasado, confiere al universo una edad de 9,3 mil millones de años. Con la expansión acelerada es posible estirar el tiempo de vida del cosmos hasta 13,4 o incluso 15 mil millones de años. Esta ganancia de 4,1 a 5,7 mil millones de años es imprescindible para compatibilizar la edad del universo con la de nuestra galaxia, estimada en unos 12 mil millones de años.

Cómo se hizo el descubrimiento

Los investigadores descubrieron que la expansión del universo estaba siendo acelerada gracias a la observación de una clase específica de estrellas, las supernovas de tipo 1a. Las radiaciones luminosas emitidas por estos astros son tan rigurosamente iguales que los astrónomos las utilizan como patrones universales. La idea de los equipos del Supernova Cosmology Project y del High Z Supernova Search fue comparar entonces el brillo de supernovas cercanas con el de otras, muy distantes. Después de años de observaciones sistemáticas, los dos equipos llegaron, independientemente, al mismo resultado: la luminosidad aparente de las estrellas distantes era menor de lo esperado.

Confrontando estos datos con las predicciones de los modelos teóricos, los grupos concluyeron que esto se debía a una aceleración de la velocidad de alejamiento de las galaxias donde tales estrellas estaban localizadas. Un descubrimiento como este no sería posible hace solo una década. El Supernova Cosmology Project y el High Z Supernova Search tuvieron a su disposición el más sofisticado conjunto de equipos jamás utilizado en astronomía: el telescopio espacial Hubble, los fantásticos telescopios Keck, de 10 metros de apertura, situados en Hawái, y varios telescopios de 4 metros esparcidos por el mundo.

Valiéndose de los telescopios de 4 metros, los astrónomos fotografiaron diversas regiones del cielo y volvieron a fotografiarlas tres semanas después. Cada imagen obtenida contenía el registro de cientos de millones de galaxias. El siguiente paso era rastrear las diferencias existentes entre las dos imágenes de cada región - algo más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Pero no imposible cuando se cuenta con la ayuda de computadoras de última generación. Estas diferencias - razonaron los astrónomos - solo podían ser el resultado de la explosión de supernovas, ocurridas durante el intervalo de tiempo entre una foto y otra. En el conjunto de supernovas encontradas, se seleccionaron las de tipo 1a. Se llegó a cerca de un centenar de astros, algunos antiquísimos, con hasta 10 mil millones de años de edad. Localizados los objetos deseados, los equipos utilizaron entonces el Hubble y los Keck para determinar, con la máxima exactitud posible, su distancia y luminosidad aparente. Y, comparando los dos conjuntos de números, llegaron a la aceleración de la expansión del cosmos.

La edad del cosmos

En mayo último, trabajando con datos recogidos por el telescopio espacial Hubble, un equipo de astrónomos liderado por el americano Wendy Freedman anunció haber llegado a un nuevo valor para la edad del universo: 12 mil millones de años. Esta estimación se basó en un cálculo preciso de la llamada constante de Hubble, que relaciona la velocidad con la que las galaxias se alejan unas de otras y su distancia relativa.

Antes, el cálculo de la constante era tan impreciso que los astrónomos solían divergir por un factor de dos - es decir, atribuían al universo una edad que variaba de 10 a 20 mil millones de años. Esta imprecisión se redujo ahora a solo el 10%. Freedman logró esto estudiando unas 800 estrellas del tipo cefeidas - astros de brillo variable que los astrónomos utilizan para medir distancias. Usando las cefeidas como marcadores, determinó la distancia a la Tierra de 18 galaxias, situadas en un radio de 65 millones de años-luz. Combinando estos datos con las velocidades de las mismas galaxias, estimadas a partir de las características de la luz que recibimos de ellas, los astrónomos llegaron al nuevo valor de la constante de Hubble y, de ahí, a los 12 mil millones de años. Esta es la mejor determinación jamás hecha de la edad del universo. Pero aún no es definitiva. Hasta porque, se basa solo en el valor actual de la tasa de expansión del cosmos. Si esta tasa se está acelerando, la edad deberá superar la marca de los 13,4 mil millones de años.

La increíble inflación

La expansión lleva al enfriamiento. Y fue él quien posibilitó la estructuración de la materia, imponiendo al universo transformaciones dramáticas. Instantes después del Big Bang, la caída brusca de la temperatura provocó un desequilibrio que aceleró violentamente la expansión del espacio. Este fenómeno, bautizado con el nombre de inflación, duró una minúscula fracción de segundo. Pero fue tan intenso que hizo que el universo pasara del volumen de un protón al tamaño que hoy puede ser observado por los telescopios más potentes.

A pesar de haber caído mucho, la temperatura aún permanecía altísima - del orden de 1027 grados Kelvin, es decir, mil millones de mil millones de mil millones de grados por encima del cero absoluto. El universo estaba constituido entonces de pura energía, en frenética actividad, con partículas y antipartículas siendo producidas y aniquiladas sin parar. Estos primeros corpúsculos pertenecían a las clases de los quarks y antiquarks, y leptones y antileptones. Un millonésimo de segundo después del Big Bang, la temperatura había bajado al nivel de 10 billones de grados, permitiendo que tríos de quarks y antiquarks se unieran para formar protones, neutrones y sus respectivas antipartículas.

Tres minutos más y el universo se había enfriado tanto que los protones y neutrones ya podían combinarse, formando los núcleos atómicos de los elementos más simples: hidrógeno (un protón), deuterio (un protón y un neutrón), helio (dos protones y dos neutrones), litio (tres protones y cuatro neutrones). El termómetro cósmico registraba entonces la marca de un millón de grados. Esta formación de núcleos, conocida como "nucleosíntesis primordial", prosiguió durante unos 20 minutos. Pero fue preciso esperar de 300 mil a 400 mil años de enfriamiento para que los núcleos pudieran capturar los electrones libres, formando los primeros átomos.

Y surge la vida

Antes de la formación de los átomos, el universo era opaco, pues la interacción entre los electrones libres y los fotones (las partículas de luz) impedía la propagación de la radiación luminosa. Con la captura de los electrones libres, los fotones pudieron viajar libremente. Y el cosmos se volvió transparente. Menos de mil millones de años después, la atracción gravitacional entre los átomos dio origen a las primeras generaciones de estrellas y galaxias. La nucleosíntesis prosiguió en el interior de las estrellas, enriqueciendo el cosmos con núcleos atómicos de elementos más complejos (carbono, oxígeno, hierro, etc.). Estos participarían de la formación de estrellas de generaciones posteriores - eventualmente dotadas de planetas, donde, en situaciones especiales, la organización de la materia crearía condiciones para el aparecimiento de la vida.

Solo uno entre muchos universos

¿Qué vino antes del Big Bang? Hasta hace algunos años, esta pregunta parecía no tener el menor sentido. Los científicos creían que el espacio y el tiempo habían nacido con el Big Bang. Por lo tanto, la palabra "antes" solo podía ser utilizada después de ese acontecimiento. Hoy en día, ya se empieza a pensar de modo diferente. "Muchos cosmólogos creen que nuestro cosmos sea solo uno entre muchos universos, quizás infinitos", afirma el astrónomo Laerte Sodré, del IAG-USP. "El Big Bang marcaría solo el nacimiento de nuestro universo, pero habría otros, eventualmente mucho más antiguos."

Estos universos podrían tener propiedades físicas muy diferentes del nuestro. Y, en el actual estado de desarrollo de la ciencia, están totalmente fuera de nuestra capacidad de observación. "Pero es preciso tener claro que estas ideas son puramente especulativas", alerta Sodré. "No poseemos todavía una física suficientemente desarrollada ni para entender lo que ocurrió en las primeras fracciones de segundo después del Big Bang, cuanto menos lo que vino antes." Una de las virtudes de la cosmología, además, es dar al hombre una pequeña noción del tamaño de su ignorancia.

Como ya se ha dicho, el 70% de la energía del universo puede originarse de un vacío que la ciencia apenas ha comenzado a investigar. Pero eso aún no es todo: del 30% de contenido restante, solo un tercio corresponde a la materia convencional, estudiada por la física. Los otros dos tercios estarían formados por la llamada "materia oscura", cuya naturaleza es completamente desconocida (lea el cuadro abajo). Lejos de deprimirlos, este atisbo de lo desconocido es un formidable estímulo para los científicos creativos. "Cosas increíblemente interesantes empiezan a presentarse para la investigación científica", anuncia Amâncio Friaça. "La ciencia está solo comenzando."

La exótica materia oscura

Protón, electrón, neutrón: todos estos conceptos asociados a la materia convencional no valen para la materia oscura. Los científicos aún no tienen la menor idea de su naturaleza. Pero están cada vez más convencidos de que existe. "Esta convicción comenzó a firmarse en la década de 1930", informa Laerte Sodré. "En aquella época, estudiando el comportamiento de los cúmulos de galaxias, el astrónomo búlgaro Fritz Zwicky (1898-1974) calculó cuál debería ser la masa de las galaxias para que su movimiento relativo contrarrestara la atracción gravitacional, impidiendo que se aplastaran unas a otras. Y llegó a la conclusión de que contenían mucha más materia que el monto que podría atribuirse a la suma de sus estrellas."

Desde entonces, las evidencias a favor de la materia oscura han aumentado sin parar. Llenaría el cosmos, formando, alrededor de las galaxias, halos mucho mayores que su núcleo visible. Aunque no pueda ser percibida por los medios convencionales, la materia oscura estaría presente también en la Tierra - incluso en el interior de los cuerpos humanos. Y su existencia podría explicar muchos misterios que hasta hoy desafían a la ciencia.

Una misteriosa fuerza acelera la expansión del cosmos. El extraño efecto trabaja contra la gravitación, empujando toda la materia de dentro hacia afuera
Por José Tadeu Arantes / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. / Ilustraciones de Ronaldo Lopes Teixeira

Este puede ser el mayor descubrimiento del final del siglo XX. Y el principal desafío científico del inicio del nuevo milenio. Para sorpresa de los científicos, dos equipos rivales de astrónomos mostraron que la expansión del universo, causada por el Big Bang (la gran explosión que dio origen al cosmos), no está siendo desacelerada, debido a la atracción gravitacional de la materia. Por el contrario, se está acelerando cada vez más. Es decir: una extraña fuerza continúa empujando el universo "hacia afuera", haciendo que las galaxias se alejen unas de otras con velocidad cada vez mayor.

Hace solo un año, se imaginaba que la expansión del cosmos podría ser incluso completamente frenada. Y, a partir de ahí, la atracción gravitacional atraería todo de vuelta, hasta provocar una nueva superexplosión - el Big Crunch. Este escenario catastrófico está siendo ahora completamente descartado. Impulsado por la misteriosa fuerza que trabaja contra la gravitación, el universo parece destinado a expandirse para siempre. Hasta el final de los tiempos. El nuevo descubrimiento deberá provocar una revolución en la física. Y lleva también a una revisión en los cálculos de la edad del universo. Quizás sea mucho más viejo de lo que se imaginaba.

El descubrimiento de la aceleración de la expansión del universo fue anunciado simultáneamente por dos equipos multinacionales de astrónomos: el High Z Supernova Search Team, liderado por el australiano Brian Schmidt, y el Supernova Cosmology Project, del americano Saul Perlmutter (lea el cuadro abajo), ambos fuertes candidatos al Premio Nobel de Física de este año. La noticia es tan extraordinaria que astrónomos de todo el mundo están intentando desmentirla. Si se confirma, sin embargo, deberá modificar toda nuestra visión de la realidad. Pues revelará la existencia de una fuerza - antes desconocida y cuya naturaleza física es un completo misterio - que actúa en sentido contrario al de la gravitación, alejando los cuerpos materiales unos de otros. La única explicación encontrada hasta ahora para esta fuerza repulsiva es que sería producida por el vacío.

Parece un absurdo. Pero, en la física cuántica, el vacío es un formidable reservorio de energía, que crea y aniquila partículas sin parar. Nada menos que el 70% de la energía del universo estaría asociada a este vacío, mientras que la materia propiamente dicha contribuiría con solo el 30%. "No tenemos todavía una física suficientemente sofisticada para lidiar con el vacío. Esto significa que el 70% del contenido del universo jamás ha sido explorado por la ciencia", resalta el astrónomo Amâncio Friaça, del Instituto Astronómico y Geofísico (IAG), de la USP.

Pero el asombro suscitado por el nuevo descubrimiento no termina ahí. El contenido de energía del vacío puede ser hasta 10120 veces mayor de lo necesario para provocar la aceleración del universo. Esta cifra fantástica corresponde al algarismo 1 seguido de 120 ceros: un número simplemente inimaginable. "Investigar la naturaleza de este vacío será el gran desafío científico de las próximas décadas", se entusiasma Friaça. "Estamos viviendo un momento privilegiado y emocionante de la historia de la ciencia."

La existencia o no de la fuerza repulsiva tiene consecuencias directas en el cálculo de la edad del universo. Si existe - esto es, si la expansión del cosmos se está realmente acelerando, como afirman los dos equipos de astrónomos -, entonces el universo debe ser más viejo de lo que se suponía. Pues, habiendo tenido en el pasado una velocidad de expansión menor que hoy, probablemente necesitó más tiempo para alcanzar el tamaño actual (vea ilustración). Una expansión desacelerada, como se imaginaba hasta el año pasado, confiere al universo una edad de 9,3 mil millones de años. Con la expansión acelerada es posible estirar el tiempo de vida del cosmos hasta 13,4 o incluso 15 mil millones de años. Esta ganancia de 4,1 a 5,7 mil millones de años es imprescindible para compatibilizar la edad del universo con la de nuestra galaxia, estimada en unos 12 mil millones de años.

Cómo se hizo el descubrimiento

Los investigadores descubrieron que la expansión del universo estaba siendo acelerada gracias a la observación de una clase específica de estrellas, las supernovas de tipo 1a. Las radiaciones luminosas emitidas por estos astros son tan rigurosamente iguales que los astrónomos las utilizan como patrones universales. La idea de los equipos del Supernova Cosmology Project y del High Z Supernova Search fue comparar entonces el brillo de supernovas cercanas con el de otras, muy distantes. Después de años de observaciones sistemáticas, los dos equipos llegaron, independientemente, al mismo resultado: la luminosidad aparente de las estrellas distantes era menor de lo esperado.

Confrontando estos datos con las predicciones de los modelos teóricos, los grupos concluyeron que esto se debía a una aceleración de la velocidad de alejamiento de las galaxias donde tales estrellas estaban localizadas. Un descubrimiento como este no sería posible hace solo una década. El Supernova Cosmology Project y el High Z Supernova Search tuvieron a su disposición el más sofisticado conjunto de equipos jamás utilizado en astronomía: el telescopio espacial Hubble, los fantásticos telescopios Keck, de 10 metros de apertura, situados en Hawái, y varios telescopios de 4 metros esparcidos por el mundo.

Valiéndose de los telescopios de 4 metros, los astrónomos fotografiaron diversas regiones del cielo y volvieron a fotografiarlas tres semanas después. Cada imagen obtenida contenía el registro de cientos de millones de galaxias. El siguiente paso era rastrear las diferencias existentes entre las dos imágenes de cada región - algo más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Pero no imposible cuando se cuenta con la ayuda de computadoras de última generación. Estas diferencias - razonaron los astrónomos - solo podían ser el resultado de la explosión de supernovas, ocurridas durante el intervalo de tiempo entre una foto y otra. En el conjunto de supernovas encontradas, se seleccionaron las de tipo 1a. Se llegó a cerca de un centenar de astros, algunos antiquísimos, con hasta 10 mil millones de años de edad. Localizados los objetos deseados, los equipos utilizaron entonces el Hubble y los Keck para determinar, con la máxima exactitud posible, su distancia y luminosidad aparente. Y, comparando los dos conjuntos de números, llegaron a la aceleración de la expansión del cosmos.

La edad del cosmos

En mayo último, trabajando con datos recogidos por el telescopio espacial Hubble, un equipo de astrónomos liderado por el americano Wendy Freedman anunció haber llegado a un nuevo valor para la edad del universo: 12 mil millones de años. Esta estimación se basó en un cálculo preciso de la llamada constante de Hubble, que relaciona la velocidad con la que las galaxias se alejan unas de otras y su distancia relativa.

Antes, el cálculo de la constante era tan impreciso que los astrónomos solían divergir por un factor de dos - es decir, atribuían al universo una edad que variaba de 10 a 20 mil millones de años. Esta imprecisión se redujo ahora a solo el 10%. Freedman logró esto estudiando unas 800 estrellas del tipo cefeidas - astros de brillo variable que los astrónomos utilizan para medir distancias. Usando las cefeidas como marcadores, determinó la distancia a la Tierra de 18 galaxias, situadas en un radio de 65 millones de años-luz. Combinando estos datos con las velocidades de las mismas galaxias, estimadas a partir de las características de la luz que recibimos de ellas, los astrónomos llegaron al nuevo valor de la constante de Hubble y, de ahí, a los 12 mil millones de años. Esta es la mejor determinación jamás hecha de la edad del universo. Pero aún no es definitiva. Hasta porque, se basa solo en el valor actual de la tasa de expansión del cosmos. Si esta tasa se está acelerando, la edad deberá superar la marca de los 13,4 mil millones de años.

La increíble inflación

La expansión lleva al enfriamiento. Y fue él quien posibilitó la estructuración de la materia, imponiendo al universo transformaciones dramáticas. Instantes después del Big Bang, la caída brusca de la temperatura provocó un desequilibrio que aceleró violentamente la expansión del espacio. Este fenómeno, bautizado con el nombre de inflación, duró una minúscula fracción de segundo. Pero fue tan intenso que hizo que el universo pasara del volumen de un protón al tamaño que hoy puede ser observado por los telescopios más potentes.

A pesar de haber caído mucho, la temperatura aún permanecía altísima - del orden de 1027 grados Kelvin, es decir, mil millones de mil millones de mil millones de grados por encima del cero absoluto. El universo estaba constituido entonces de pura energía, en frenética actividad, con partículas y antipartículas siendo producidas y aniquiladas sin parar. Estos primeros corpúsculos pertenecían a las clases de los quarks y antiquarks, y leptones y antileptones. Un millonésimo de segundo después del Big Bang, la temperatura había bajado al nivel de 10 billones de grados, permitiendo que tríos de quarks y antiquarks se unieran para formar protones, neutrones y sus respectivas antipartículas.

Tres minutos más y el universo se había enfriado tanto que los protones y neutrones ya podían combinarse, formando los núcleos atómicos de los elementos más simples: hidrógeno (un protón), deuterio (un protón y un neutrón), helio (dos protones y dos neutrones), litio (tres protones y cuatro neutrones). El termómetro cósmico registraba entonces la marca de un millón de grados. Esta formación de núcleos, conocida como "nucleosíntesis primordial", prosiguió durante unos 20 minutos. Pero fue preciso esperar de 300 mil a 400 mil años de enfriamiento para que los núcleos pudieran capturar los electrones libres, formando los primeros átomos.

Y surge la vida

Antes de la formación de los átomos, el universo era opaco, pues la interacción entre los electrones libres y los fotones (las partículas de luz) impedía la propagación de la radiación luminosa. Con la captura de los electrones libres, los fotones pudieron viajar libremente. Y el cosmos se volvió transparente. Menos de mil millones de años después, la atracción gravitacional entre los átomos dio origen a las primeras generaciones de estrellas y galaxias. La nucleosíntesis prosiguió en el interior de las estrellas, enriqueciendo el cosmos con núcleos atómicos de elementos más complejos (carbono, oxígeno, hierro, etc.). Estos participarían de la formación de estrellas de generaciones posteriores - eventualmente dotadas de planetas, donde, en situaciones especiales, la organización de la materia crearía condiciones para el aparecimiento de la vida.

Solo uno entre muchos universos

¿Qué vino antes del Big Bang? Hasta hace algunos años, esta pregunta parecía no tener el menor sentido. Los científicos creían que el espacio y el tiempo habían nacido con el Big Bang. Por lo tanto, la palabra "antes" solo podía ser utilizada después de ese acontecimiento. Hoy en día, ya se empieza a pensar de modo diferente. "Muchos cosmólogos creen que nuestro cosmos sea solo uno entre muchos universos, quizás infinitos", afirma el astrónomo Laerte Sodré, del IAG-USP. "El Big Bang marcaría solo el nacimiento de nuestro universo, pero habría otros, eventualmente mucho más antiguos."

Estos universos podrían tener propiedades físicas muy diferentes del nuestro. Y, en el actual estado de desarrollo de la ciencia, están totalmente fuera de nuestra capacidad de observación. "Pero es preciso tener claro que estas ideas son puramente especulativas", alerta Sodré. "No poseemos todavía una física suficientemente desarrollada ni para entender lo que ocurrió en las primeras fracciones de segundo después del Big Bang, cuanto menos lo que vino antes." Una de las virtudes de la cosmología, además, es dar al hombre una pequeña noción del tamaño de su ignorancia.

Como ya se ha dicho, el 70% de la energía del universo puede originarse de un vacío que la ciencia apenas ha comenzado a investigar. Pero eso aún no es todo: del 30% de contenido restante, solo un tercio corresponde a la materia convencional, estudiada por la física. Los otros dos tercios estarían formados por la llamada "materia oscura", cuya naturaleza es completamente desconocida (lea el cuadro abajo). Lejos de deprimirlos, este atisbo de lo desconocido es un formidable estímulo para los científicos creativos. "Cosas increíblemente interesantes empiezan a presentarse para la investigación científica", anuncia Amâncio Friaça. "La ciencia está solo comenzando."

La exótica materia oscura

Protón, electrón, neutrón: todos estos conceptos asociados a la materia convencional no valen para la materia oscura. Los científicos aún no tienen la menor idea de su naturaleza. Pero están cada vez más convencidos de que existe. "Esta convicción comenzó a firmarse en la década de 1930", informa Laerte Sodré. "En aquella época, estudiando el comportamiento de los cúmulos de galaxias, el astrónomo búlgaro Fritz Zwicky (1898-1974) calculó cuál debería ser la masa de las galaxias para que su movimiento relativo contrarrestara la atracción gravitacional, impidiendo que se aplastaran unas a otras. Y llegó a la conclusión de que contenían mucha más materia que el monto que podría atribuirse a la suma de sus estrellas."

Desde entonces, las evidencias a favor de la materia oscura han aumentado sin parar. Llenaría el cosmos, formando, alrededor de las galaxias, halos mucho mayores que su núcleo visible. Aunque no pueda ser percibida por los medios convencionales, la materia oscura estaría presente también en la Tierra - incluso en el interior de los cuerpos humanos. Y su existencia podría explicar muchos misterios que hasta hoy desafían a la ciencia.

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