177 MANERAS DE VOLVER LOCA A UNA MUJER EN LA CAMA - MARGOT SAINT-LOUP
INTRODUCCIÓN
La unión con los hombres hace felices a las mujeres. Ellas se sacian de placer y lujuria, y la alegría que experimentan constituye toda su satisfacción, afirma el Kama-Sutra.
¡Si al menos pudiera ser siempre así! Pero todavía estamos lejos de eso... Ya me ha sucedido varias veces, en la cama con un hombre, recordarme nostálgicamente de las caricias que yo misma me había proporcionado, sola, concluyendo con tristeza que me habían causado más placer que el acto sexual propiamente dicho.
No existe nada de sensacional en mis palabras, pero, en lo que se refiere al sexo, hay momentos más o menos felices, el puro delirio o la decepción total.
Recuerdo particularmente a un hombre. Había surgido de repente, alrededor de la medianoche, en una fiesta en casa de unos amigos.
Quedé deslumbrada cuando lo vi, hasta me sonrojé y casi perdí el habla. Yo no era la única, por cierto, en mostrarme sensible a aquel encanto y me sentía aún más alborotada al percibir que él también se interesaba por mí. El modo en que bailaba, tomándome en sus brazos con una determinación gentilmente viril, no dejaba lugar a dudas: aquel hombre sabía tratar a las mujeres. Pero...
Algunos bailes y copas de champán más tarde, accedí a acompañarlo hasta su apartamento para un último brindis. Al llegar allí, pude ver, aterrorizada, a mi príncipe encantado transformarse en un atleta de la cama desprovisto de cualquier sensibilidad para los rituales del amor. En cuestión de minutos yo ya estaba acostada, mientras él se desvestía apresuradamente, pero aun así lo suficientemente meticuloso como para doblar y arreglar con cuidado su ropa sobre una silla. Después del conmovedor ritual, se lanzó sobre mí, prácticamente arrancándome el vestido, y comenzó a trabajar. Un besito sin sentido en el cuello... y aquel eterno vaivén. El sujeto se concentraba en sus propios movimientos como si estuviera entrenando en un gimnasio. ¿Quería batir algún récord o impresionarme con una técnica infalible? La verdad es que pasados seis minutos y 12 segundos él eyaculó, jadeante y pareciendo saciado. Me agradeció con un beso rápido en los labios y entró inmediatamente al baño para una limpieza de costumbre... Aturdida y decepcionada, me vestí con un poquito más de tiempo del que él necesitó para quitarme la ropa, tomé mi bolso, y ya me encontraba en la puerta cuando el tipo reapareció, todo ágil y alegre. Sorprendido por verme a punto de partir, pero lo suficientemente discreto o (no está prohibido soñar) perspicaz para no hacer preguntas, aceptó mis despedidas diciendo que me llamaría lo antes posible.
Pensando aún que el hombre podía ser realmente seductor y hasta cierto punto inteligente, decidí que no había problema alguno en darle una segunda y hasta una tercera oportunidad. Al final, errar es humano... ¡No sé dónde tenía la cabeza! Después de la segunda investida, agotado por el desempeño, se quedó dormido sin siquiera acogerme en sus brazos. Y, en la tercera vez, habiéndole explicado que yo necesitaba un poco más de tiempo para alcanzar el orgasmo, él accedió, como un favor, a prolongar el acto, pero sin mirarme, muy preocupado por la eficacia de los movimientos de sus propias caderas. No pude dejar de admirar su dedicación, aquella seriedad perfectamente concentrada... mientras yo misma permanecía
ajena a lo que estaba sucediendo. De repente me encontré pensando en un montón de tonterías que en general casi no me preocupan: formularios de la Seguridad Social para completar, una ida a la tintorería para llevar las cortinas de la sala... las mismas cortinas por donde yo habría subido llena del fuego de la pasión para caer después vencida por el goce. Pero probablemente ya estaba escrito que con ese hombre tan guapo yo no saldría nunca del colchón.
Peor para mí... Y para él también. Esta breve aventura al menos me enseñó una cosa: un hombre guapo no es necesariamente un buen amante. La más perfecta de las técnicas no sustituye la ternura, la atención hacia el otro, la solicitud, la delicadeza, la locura, la imaginación, la fantasía, la generosidad... El amor, en suma.
Si ese hombre tuviera un conocimiento adecuado del cuerpo femenino, incluso sin amor o involucramiento especial, él habría conseguido darme algo de placer, pero ciertamente sus nociones sobre el asunto se habían quedado en lo que aprendió en los bancos de la escuela primaria.
Y claro que las primeras veces raramente son las mejores.
Muchas veces se necesita algo de tiempo para llegar a las alturas.
Los compañeros se buscan, se van descubriendo poco a poco, hay toda una trama de toques, secretos y caricias. La sexualidad es una cuestión de cuerpo, corazón y espíritu. Después de la primera mirada se opera toda una alquimia, donde también entran los sentimientos, la atracción recíproca, las pieles que se complementan, los olores que se combinan, la compatibilidad sexual entre los compañeros.
Conocí hombres maravillosos con quienes "eso" no funcionaba de ninguna manera, a pesar de ser indiscutiblemente atractivos. Y otros mucho menos estimulantes a primera vista que me llevaron a éxtasis inolvidables. Se trata de algo misterioso, en realidad una sutileza más que yo llamaría saber amar.
¡No es una cosa tan complicada! El lector percibirá que no le pedimos casi nada. Y sin embargo ese casi nada es prácticamente todo, es decir, debe aprender a seducirnos, sorprendernos y sobre todo descubrir pacientemente cómo somos para llegar juntos al ápice del placer.
¡No necesita dudar de sí mismo! Estamos listas para admirar el vigor de sus atributos, para quedarnos con la boca abierta ante su desempeño, pero... ¿Y nosotras en todo esto? ¿Necesitamos recordar que no estamos ahí como espectadoras, sino como actrices actuantes, dedicadas y superdeseosas de participar de este juego que tanto nos gusta?
El amor no es la yuxtaposición de dos placeres solitarios; es la fusión de dos cuerpos, de dos corazones, de dos espíritus; un dúo mágico en que las voces se responden y combinan para alcanzar un entendimiento perfecto.
Espero que todos aquellos que se acostumbraron a cantar solos, y nunca se preocuparon en saber si la melodía nos estaba agradando, encuentren en este libro la oportunidad de perfeccionar la técnica del dúo y del desempeño a cuatro manos.
¡Música, maestro!
Margot Saint-Loup
Me enteré de que mucha gente ha descargado este libro por internet. Yo recomiendo que usted lo compre. El espacio de abajo es para comentarios y sugerencias. ¡Gracias!



