Hoy en estos turbulentos momentos en que la paz y la fe se hacen tan necesarios, retornamos la mirada hacia María. Llenándonos de pinturas maravillosas, íconos de grandes artistas. María es la madre y la mujer perfecta. En ella la concepción de lo sagrado se hace más humana. No solo los ángeles son despojados de gracias, sino también ella una criatura, alguien sufriente, con preocupaciones y dependiente de esperanzas, un verdadero ser humano, que nos hace cuestionar sobre las verdaderas características de lo que es divino. "¿Entonces el hombre sufriente, ante sus dilemas es un ser divino?". De cierto, es, que no es la pureza de esta asunta en cuerpo y alma lo que atrae a la multitud de fieles, sino tan solo la certeza de que en ella serán comprendidos en sus preocupaciones, incluso infundadas. Al fin y al cabo hay un hecho indiscutible en todo, el de que María es madre. Y madre es madre, ¿no?
Silvio Lobo



