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Lucíola - José de Alencar (Resumen - Análisis)
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LuciolaEn pocas palabras, el crítico Manuel Cavalcanti Proença sitúa al escritor José de Alencar en el contexto de los escritores románticos brasileños: "Para la idea aún hoy corriente del artista antisocial, rebelde a las convenciones, inadaptado y bohemio, la vida de José de Alencar es una decepción. No tiene ese grano de locura que aparece en Fagundes Varela, dipsómano, descendiendo a ofrecer coplas improvisadas a cantineros, a cambio de aguardiente; no tiene ese rasgo de destino
trágico que marca la frente de un Castro Alves, muriendo de amores por mujeres bellas y fatales, muriendo de gangrena a los veinte años; no tiene ese marginalismo de Bernardo Guimarães, en que la cultura no pasó de barniz para redescubrir un alma de arriero nómada. José de Alencar fue un hombre normal, de vida plena y clara en la superficie; si murió de tuberculosis, ello se debe al atraso de la medicina de su época más que a la escuela romántica. Lo que distingue de sus contemporáneos es la conciencia, despertada temprano, de que el artista se hace por el dominio de su instrumento de trabajo. Fantasía, la tenía, y vertiginosa a veces, pero bajo sus leves nubes, había suelo sólido de preparación, de lectura y de ejercicios, en los que afirmaba pie
los saltos, vuelos y hasta cabriolas que ejecutó." (en José de Alencar na Literatura Brasileira, 2ª ed., Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 1972, p.7).
Varias han sido las divisiones de las obras de Alencar. Prácticamente todas se basan en la división hecha por él mismo cuando, en el prefacio de la novela Sonho d'Ouro, 1872, trazó el probable plan general de sus obras. Los críticos modernos sugieren más o menos esta clasificación:

1. Novelas urbanas: Cinco Minutos, A Viuvinha, LUCÍOLA, Diva, A Pata da Gazela, Sonhos d'Ouro, Senhora, Encarnação.

2. Novelas históricas: O Guarani, As Minas de Prata, Alfarrábios, Guerra dos Mascates, Iracema e Ubirajara.

3. Novelas regionalistas: O Gaúcho, O Tronco do Ipê, Til, O Sertanejo.

LUCÍOLA es la quinta novela de Alencar y la primera de la trilogía que él denominó de "perfiles de mujeres" (Lucíola, Diva y Senhora). Se sitúa entre sus novelas urbanas que representan un levantamiento de nuestra vida burguesa del siglo pasado más considerable que el llevado a cabo por Machado de Assis, en opinión de Heron de Alencar. Fijan el Río de Janeiro de la época, con su fisonomía burguesa y tradicional, con una sociedad adinerada que frecuentaba el Teatro Lírico, paseaba por la tarde en la Rua do Ouvidor y por la noche en el Passeio Público, vivía en Flamengo, en Botafogo o Santa Teresa y era protagonista de dramas de amor que iban del simple noviazgo a la pasión desquiciada.
En todas las novelas urbanas, Alencar aborda el amor como tema central. O, para ser más exacto, "aborda la situación social y familiar de la mujer, frente al matrimonio y al amor" según Heron de Alencar. Pero el amor como lo entendía la mentalidad romántica de la época, "un amor sublimado, idealizado, capaz de renuncias, de sacrificios, de heroísmos e incluso de crímenes, pero redimiéndose por la propia fuerza acrisoladora de su intensidad y de su pasión." (Oscar Mendes, en José de Alencar - romances urbanos, Río de Janeiro, Agir, 1965, Col. Nossos Clássicos - p.10).
Basándose en la enorme aceptación de Alencar entre el público, Antônio Cândido comprueba la existencia de al menos dos Alencares:

"el Alencar de los muchachos, heroico, altisonante, creando héroes como Peri, Ubirajara, Estácio Correia (As Minas de Prata), Manuel Canho (O Gaúcho), Arnaldo Louredo (O Sertanejo).

el Alencar de las jovencitas, gracioso, a veces pícaro, otras, casi trágico, creador de mujeres cándidas y de muchachos impecablemente buenos, que danzan a los ojos del lector una blanda cuadrilla, al compás del deber y de la conciencia, más fuertes que la pasión. Las reglas  de este juego bien conducido exigen inicialmente un obstáculo, que amenace la unión de los novios, sin


destruir, sin embargo, la misma. Todavía, hay al menos un tercer Alencar, el que se podría llamar de los adultos, formado por una serie de elementos poco heroicos y poco elegantes, pero detonadores de un sentido artístico y humano que da contorno aguileño a algunos de sus perfiles de hombre y de mujer. Este Alencar, difuso por los otros libros, se contiene más visiblemente en Senhora y,
sobre todo, LUCÍOLA, únicos libros en los que la mujer y el hombre se enfrentan en un plano de igualdad, dotados de peso específico y capaces de ese maduramiento interior inexistente en los otros muñecos y muñecas." (en Formação da Literatura Brasileira, 4ª ed., São Paulo, Martins, 1971, 2º vol. P.222).

EL AMOR DE LÚCIA Y PAULO

LUCÍOLA, publicado en 1862, es una novela de amor muy al sabor del Romanticismo, aunque una u otra manifestación del estilo Realista ahí se haga presente. Se trata de una novela de "primera persona", es decir, el narrador de la historia es un personaje importante de la misma, Paulo Silva. Y él la narra en cartas dirigidas a una señora, G. M. (pseudónimo de Alencar), que
las publica en libro con el título de LUCÍOLA. Paulo Silva, el personaje-narrador, es un chico de 25 años, pernambucano, recién llegado a Río de Janeiro, en 1855, con la intención de establecerse allí. El mismo día de su llegada a la corte (Río de Janeiro), tras la cena, sale en compañía de un amigo a conocer la ciudad. En la Rua das Mangueiras ve pasar en un carruaje a una joven muy bella. Un imprevisto hace que el carruaje se detenga, dando a Paulo la oportunidad de observarla mejor. Días después, en compañía de otro amigo, el Dr. Sá, Paulo participa de la fiesta de N. Sra. de la Gloria, cuando le aparece la hermosa muchacha. Al informarse de su amigo, se entera de que se trata de Lúcia, la prostituta más bella, refinada y codiciada de la ciudad. Pero él se impresiona con la "expresión cándida del rostro y la graciosa modestia del gesto, incluso cuando los labios de esa mujer revelan a la cortesana franca e impúdica." Más o menos un mes después de su llegada, Paulo va en busca de Lúcia, llevado, por supuesto, por el deseo de poseer a esa hermosa mujer. Tras una larga y agradable conversación, termina sorprendiéndose con el "casto e ingenuo perfume que respiraba de toda su persona". Ante un mínimo movimiento de sus pechos, "ella se ruborizó como una niña y se ajustó la bata" discretamente. Y él, que había estado ardiente de deseos, ahora, en la calle, se siente ridículo por no haber osado más. Además, el Dr. Sá le había confirmado que "Lúcia es la compañera más alegre que puede haber para una noche, o incluso algunos días de extravagancia."
Al día siguiente Paulo regresa a casa de la heroína. Ante su primer ataque, Lúcia se opone con dos lágrimas en los ojos. Suponiendo que es fingimiento, se muestra molesto y ella reacciona arrojándose completamente desnuda a sus brazos, ya que eso era lo que Paulo quería. Pero en el apogeo del placer sexual, Paulo percibe algo diferente en las caricias de Lúcia: incluso en el clímax del goce, parece que ella sufría. Siente, en ese momento, una inmensa lástima, a lo que ella responde cínicamente: "- ¿Qué importa? ¡Con tal de que haya gozado de mi juventud! ¿De qué sirve la vejez a mujeres como yo?" Él quiere pagarle, ella lo rechaza con un tierno apretón de manos. Y él se retira realmente confundido con "la singularidad de aquella cortesana, que ora llevaba la impudencia hasta el cinismo, ora olvidaba su papel en el simple y modesto recato de una señora".
Y las informaciones que le llegan sobre ella son las peores. Cunha dice que ella es "la mujer más hermosa de Río y también la más caprichosa y excéntrica. Nadie la comprende." Nunca se queda mucho tiempo con el mismo amante, "pues no admite que nadie adquiera derechos sobre ella." Además, es avara. Vende todo lo que gana. Incluso ropa. Para Paulo, sin embargo, ella
parece ser lo contrario de todo eso. Al fin y al cabo, ¿finge para él o ya lo ama? Paulo queda en una duda atroz.
Por aquellos días, en una cena en casa de Sá, con personas (Lúcia, Paulo, Sr. Couto, Laura, Nina, Rochinha, etc...) maliciosamente invitadas para transformar la cena en bacanal, Lúcia desfila completamente desnuda, imitando las poses lascivas de los cuadros que estaban en las paredes, ante las miradas voluptuosas de los presentes. Después, entre lágrimas, en los jardines de la casa, se explica a Paulo. Hizo
aquello por desesperación, pues él se había burlado de ella momentos antes: "si usted no se burlara de mí, ¡no lo habría hecho por cosa alguna en este mundo..." Y después porque habría sido una decepción total, después de todo, lo que Sá pretendía era mostrar a su amigo Paulo quién era Lúcia. "¿No fue para eso que se dio esta cena?! - explicó Lúcia. Y los dos se amaron profundamente, allí mismo
en el jardín, a la luz de la luna, hasta el amanecer.
Transcurridos algunos días, Paulo de cierto modo pasa a vivir con Lúcia, y, a pesar de las prevenciones y restricciones, se liga cada vez más a ella por afecto. Lúcia, por su parte, ya ama a Paulo y se entrega a él como a un dueño y señor. Hay momentos de fricción entre ambos. Pasajeros, y todos causados por el egoísmo e incomprensión de Paulo que no entiende las profundas transformaciones
que su afecto operó en ella. Y a tal punto, que ella no soportaría más la idea de entregársele en la cama, pues siente por él un amor muy puro y profundo. Y él, impulsado más por deseo que por afecto, no logra aceptar ese comportamiento sublime.
Las malas lenguas ya comentan que Paulo, además de vivir a costa de Lúcia, aún le prohíbe frecuentar la sociedad. Lúcia, que ya entonces procuraba vivir más retraída, se dispone a volver a la vida mundana solo
para salvarle la reputación. Pero Paulo - complicado, sádico, estúpido y aburrido - no comprende.
Lúcia ya no vibra como antes. Incluso cuando es excitada por Paulo. Es la enfermedad la que ya se hace sentir. Paulo no entiende esa frialdad y a veces se exaspera. Ella sufre en silencio pues reconoce que "¡el amor para una mujer como yo sería el castigo más terrible que Dios podría infligirle!".
El gran sentimiento que los unía, se enfría, dando lugar a una amistad simplemente. El comportamiento de Lúcia es cada vez más sublime y heroico. Ya no queda nada de la antigua cortesana. Y Paulo, por fin, entiende esa nobleza de carácter y comprende el porqué de sus negativas. Ella le negaba el cuerpo porque lo amaba en espíritu. Y también porque ya está enferma.
Paulo promete respetarla de ahora en adelante.
Lúcia un día le revela todo su pasado. Se llamaba María da Glória. Era una niña feliz de 14 años y vivía con sus padres, cuando, en 1850, sobrevino la terrible fiebre amarilla. Sus padres, los tres hermanos, una tía cayeron en cama. Ella quedó sola. En el apogeo del desespero, resolvió pedir ayuda a un vecino rico, el Sr. Couto, que a cambio de algunas monedas de oro le quitó la inocencia. "el dinero ganado con mi vergüenza salvó la vida de mi padre y nos trajo un rayo de esperanza." Su padre, sin embargo, sabiendo el origen del dinero, y suponiendo que su hija tenía un amante, la expulsó de casa. Sola, sin tener a dónde ir, fue acogida por una mujer, Jesuína, que, quince días después, la condujo a la prostitución, estipulando por la belleza de su cuerpo un alto precio. El dinero, ella lo usaba para cuidar de lo que quedaba de la familia: "y tuve el supremo alivio de comprar con mi desgracia la vida de mis padres y de mi hermana". Una colega de infortunio fue a vivir con ella. Se llamaba Lúcia. Se hicieron amigas. Lúcia murió poco después. En el certificado de defunción, la heroína hizo constar que la fallecida se llamaba María da Glória, adoptando para sí el nombre de la amiga muerta. "Morí pues para el mundo y para mi familia.
Mis padres lloraban a su hija muerta; pero ya no se avergonzaban de su hija prostituida." Y todo el dinero que ganaba, lo destinaba a la preparación de un dote para su hermana, Ana, a la que pasó a mantener en un colegio interno después de la muerte de sus padres.
Ahora Paulo comprende aún mejor las actitudes misteriosas y contradictorias que Lúcia tomaba como cortesana. Y es que ese género de vida le parecía sórdido y abyecto. Ella lo soportaba como un martirio, una autopunición, una manera de reparar su pecado. Conocido su pasado heroico, él pasa a sentir por Lúcia una gran ternura y un amor sincero. Siguen días tranquilos. Lúcia se muda a una casita modesta y Ana vive con ella. "¡Esto no puede durar mucho! ¡Es imposible!" Es el presentimiento de la muerte. Lúcia intenta convencer a Paulo de que se case con Ana, que ya lo ama también. Sería una manera de perpetuar el amor de ambos, ya que ella se juzga indigna del puro amor conyugal. Paulo rechaza con vehemencia en nombre del amor que no siente por Ana.
Lúcia aborta el hijo que esperaba de Paulo. Se niega a tomar medicina para expulsar el feto muerto, diciendo "Tu madre te servirá de tumba". Y ya en el lecho de muerte, recibe el juramento de Paulo prometiéndole cuidar de Ana como a su hija. Y muere dulcemente en los brazos de su amado, para amarlo por toda la eternidad.

CARACTERÍSTICAS ROMÁNTICAS EN LA OBRA

1- SUBJETIVISMO - el mundo del romántico gira en torno de su "yo": de lo que siente, de lo que piensa, de lo que quiere. Por eso el poeta y el personaje en la ficción romántica están en continua desarmonía con los valores e imposiciones de la sociedad y/o de la familia.
En LUCÍOLA se encuentran al menos dos grandes manifestaciones de este subjetivismo romántico. La primera está en la propia estructura narrativa de la novela. Se trata de una novela de "primera persona", en la que la historia es narrada desde el punto de vista de una sola persona. En el caso, Paulo. Todo gira en torno de lo que él vio, pensó, sintió junto a Lúcia. Todo, por lo tanto, muy individual. Ya en el cap. I, Paulo aclara que escribió estas páginas para justificarse ante una señora que extrañó "mi (suya) excesiva indulgencia por las criaturas infelices, que escandalizan a la sociedad con la ostentación de su lujo y extravagancia." Para ello, "escribí las páginas que le envío, a las cuales la señora dará un título y el destino que merezcan. Es un 'perfil de mujer' apenas esbozado." (José de Alencar, Lucíola, 3ª ed. São Paulo, Ática, 1976, p.11).
La segunda está en la oposición individuo x sociedad. Para Edgard Cavalheiro "el divorcio entre el hombre y el medio es la piedra de toque de un auténtico espíritu romántico. Sobreponer sentimiento a razón, el entusiasmo al razonamiento, el subjetivismo al objetivismo, son directrices que marcaron la escuela..." En la novela, Paulo y Lúcia ora se insurgen contra las convenciones sociales: "¿Qué me importa lo que piensen de mí?" (op. cit. p.64), ora satisfacen esas mismas convenciones, aunque siempre reafirmando el propio "yo" y haciendo su personalidad. - "... Hay ciertas vidas que no se pertenecen, sino a la sociedad donde existen. Tú  eres una celebridad por tu belleza. El público, a cambio del favor y admiración que rodea a sus ídolos, les pide cuentas de todas sus acciones. Quiere saber por qué andas tan retirada."
- "¡Ah! Olvidaba que una mujer como yo no se pertenece; ¡es una cosa pública, un coche de plaza que no puede negarse a quien llega..." (op. cit. p.67-68).

2- EXALTACIÓN DEL AMOR - El amor es el motor principal de la ficción romántica en prosa y verso. Pero el amor sublime, ajeno a las convenciones sociales, hecho de sacrificio y, a veces, de heroísmos. En Lucíola, la temática central está exactamente en esta exaltación del amor como fuerza purificadora, capaz de transformar a una prostituta en una amante sincera y fiel. "- el amor purifica y siempre da un nuevo encanto al placer. Hay mujeres que aman toda la vida; y su corazón, en lugar de gastarse y envejecer, rejuvenece como la naturaleza cuando vuelve la primavera."(op. cit. p.83).
"Tuve fuerza para sacrificarles antaño mi cuerpo virgen; hoy, después de cinco años de infamia, siento que no tendría el valor de profanar la castidad de mi alma. No sé lo que soy, sé que empiezo a vivir, que he resucitado ahora", dijo Lúcia tras sentir el afecto de Paulo. (Op. cit. p.113).
Y la novela termina con esta patética exaltación del amor, balbuceada por una prostituta regenerada por ese mismo amor, momentos antes de su muerte: "¡Te amé desde el momento en que te vi! Te amé por siglos en estos pocos días que pasamos juntos en la tierra. Ahora que mi vida se cuenta por instantes, te amo en cada momento por una existencia entera. Te amo
al mismo tiempo con todas las afecciones que se puede tener en este mundo. ¡Voy a amarte por fin por toda la eternidad." (op. cit. p.127)

3- AMOR Y MUERTE - En defensa del derecho de amar y ser amado, los héroes y heroínas románticos son capaces de sacrificios y renuncias increíbles. Ante la imposibilidad de la concreción de ese amor fuerte, por injerencias de la sociedad o de la familia, la actitud más común entre los románticos es el deseo de muerte. Muerte natural o suicidio. Las páginas románticas están repletas de tales ejemplos:
Werther, Eurico, Carlota Ángela, Helena, Iracema, etc. La vida pasa a no tener sentido para ellos, ya que la muerte en tales casos es vida.
LUCÍOLA se encuadra perfectamente en esta línea trágica. La novela está impregnada de la idea de muerte, pues Lúcia se queja continuamente de una enfermedad misteriosa que Paulo no comprende ni acepta, suponiendo que se trata de una refinada excusa para no entregarse a él sexualmente. Lúcia no cree ni admite que una mujer como ella pueda disfrutar de las alegrías y gozos del amor conyugal, dando al esposo "el mismo cuerpo que tantos otros tuvieron". (op. cit. p. 83) Sería una profanación del verdadero amor. "¡El amor!... el amor para una mujer como yo sería el castigo más terrible que Dios podría infligirle! Pero el verdadero amor del alma." (Ídem, p.83)
Ante, por lo tanto, la imposibilidad de realización de un amor puro, solo le resta a Lúcia, como personaje de una novela genuinamente romántica, una salida: la muerte. Ni siquiera un hijo merece, pues sería el fruto de un amor vilipendiado. "¡Un hijo, si Dios me lo diera, sería el perdón de mi culpa! ¡Pero siento que no podría vivir en mi seno!" (op. cit. p.103). Y, en una actitud típica de heroína romántica, Lúcia anhela morir en los brazos del hombre amado: "Incluso cuando supiera que moriría en tus brazos... ¡Qué muerte más dulce podía desear!" (op. cit. p91)  "... deseaba que fuera posible morirnos así el uno en el otro... ¡una sola vida extinguiéndose en un solo cuerpo!" (op. cit. p.102). Y así se hizo. Murió al lado del ser amado, diciéndole: "te amaré por fin por toda la eternidad. (...) ¡Recíbeme... Paulo!" (op. cit. p.127).

4- SENTIMENTALISMO MELANCÓLICO - el romántico es, sobre todo, un sentimental. La poesía, sobre todo, está infestada de estas sensitivas melancólicas, pesimistas y sentimentales: Álvares de Azevedo, Casimiro de Abreu, Junqueira Freire, Varela y otros. Aquí y fuera. También en la novela se encuentra una galería enorme de héroes y heroínas lloronas,  que colocan el
sentimiento por encima de la razón, eligiendo el corazón como norma suprema de conducta personal y social. El comportamiento de tales personajes es impredecible, dependiendo de sus estados de ánimo.
En LUCÍOLA, por ejemplo, un mínimo contratiempo es suficiente para lanzar a Lúcia o a Paulo en la más profunda tristeza. Numerosas pasajes de la novela colocan al lector ante cuadros profundamente melancólicos. Como este:
"Fue terrible. Mi padre, mi madre, mis hermanos, todos cayeron enfermos: solo quedábamos en pie mi tía y yo. Una vecina que había venido a ayudarnos, enfermó por la noche y no amaneció. Nadie más se animó a hacernos compañía. Estábamos en la penuria; algo de dinero que nos habían prestado apenas alcanzó para la farmacia. El médico, que nos hacía el favor de atendernos, tuvo una caída de caballo y estaba mal. Para colmo de desesperación, mi tía una mañana no pudo levantarse de la cama; ¡estaba también con fiebre. Me quedé sola! Una niña de 14 años para atender a seis enfermos graves, y encontrar recursos donde no los había. No sé cómo no enloquecí."(op. cit. p.110)
Y esta otra, donde Lúcia se hizo pasar por una amiga muerta para aliviar el sufrimiento de sus padres: "Lucía murió tísica; cuando vino el médico a pasar el certificado, cambié nuestros nombres. Mi padre leyó en el periódico el óbito de su hija; y muchas veces lo encontré junto a esa tumba donde iba a rezar por mí, y yo por la única amiga que tuve en este mundo. Morí pues para el mundo y para mi familia. Mis padres lloraban a su hija muerta; pero ya no se avergonzaban de su hija prostituida." (op. cit. p.112).
Muchas de las actitudes tomadas por Paulo o Lúcia son propias de personas que se dejan guiar por el sentimiento. Esta, por ejemplo, extraña e inexplicable de Lúcia " - ¡Iremos juntos!... murmuró cayendo inerte sobre los cojines de la cama. Tu madre te servirá de tumba." (op. cit. p. 126).
En fin, la novela entera, de principio a fin, está impregnada de una atmósfera melancólico-sentimental.

5- ILOGISMO - Para Domício Proença este ilogismo, en la literatura romántica, "lleva, incluso, a una inestabilidad emocional traducida en actitudes antitéticas o paradójicas: alegría y tristeza, entusiasmo y depresión."
Tal ilogismo parece ser uno de los puntos álgidos de LUCÍOLA. Las paradojas; el comportamiento ora excéntrico ora dubitativo de Lúcia, ora virtuoso, ora pecaminoso que va sumiendo a Paulo en una duda angustiosa; la propia duplicidad comportamental de Paulo, generoso y mezquino, comprensivo e intransigente, correcto y canalla; todo eso da a la intriga de la novela un atractivo todo
especial que, a su vez, ora atrae ora aburre al lector.
Hay aún otras manifestaciones de Romanticismo en la novela, tales como, imaginación y fantasía, culto de la naturaleza, sentido del misterio, exageración. Pero son de importancia secundaria.

CARACTERÍSTICAS DE JOSÉ DE ALENCAR

1- LIRIRMO - No en el sentido de género literario, sino en el sentido de visión lírica de la realidad. En este aspecto, Alencar es un escritor eminentemente lírico, pues es delicado, tierno, de sensibilidad fina, imaginación fértil, estilo lleno de gracia y armonía. La realidad, principalmente la naturaleza, siempre que es posible, es embellecida poéticamente en su pluma. La mayoría de los críticos coinciden en que él creó su estilo, expresado en una musicalidad toda suya.
Hay un lirismo bien bucólico en este pasaje de LUCÍOLA: "Nos sentamos sobre la hierba cubierta de flores y al borde de un pequeño estanque natural, cuyas aguas límpidas espejaban la dulce serenidad del cielo azul. Lúcia sacó de su bolsillo su crochet y el ovillo de hilo, y continuó una corbata que estaba haciendo para mí. Mientras ella trabajaba, yo arrancaba las flores silvestres
para adornarle los cabellos; o me arrastraba por la hierba para besarle la punta del zapato que
aparecía bajo el borde del vestido." (p.105)
Y en este otro hay gracia, ternura, sentimiento: "Toqué con mis labios la raíz de aquellos cabellos sedosos que ondulaban con el soplo de mi respiración. Ana tuvo un estremecimiento íntimo; y se bañó en la onda de púrpura que descendiendo de su frente, se derramó por los hombros roseando la blanca espuma." (p. 120)

2- GUSTO POR LA DESCRIPCIÓN - La descripción parece ser el fuerte de Alencar. Principalmente de estas tres realidades: paisaje, personaje y vestuario femenino. La descripción del paisaje sobresale en calidad y cantidad en sus novelas regionalistas e indigenistas. Incluso en las urbanas, siempre habrá un paréntesis reservado para el paisaje (naturaleza) o el escenario (salones, ambientes). En LUCÍOLA, de vez en cuando aparece la naturaleza como para aliviar al lector de las tensiones de los dramas humanos.
En cuanto a la descripción de los personajes, Alencar parece preocuparse más por el aspecto externo para luego llegar al temperamento.  "Lo físico, incluso antes de las acciones e intenciones, define a sus personajes. Para mostrarles el alma, el autor nos advierte sobre sus planes y proyectos, pero primero les describe rostro y cuerpo, ojos, voz, gestos. Y siempre tiene el cuidado de acentuar rasgos que le parecen reveladores de defectos o virtudes, guiones para el conocimiento psicológico" (M. Cavalcanti Proença, op. cit. p.47).
Antes incluso de que el lector sepa quién era ella, Alencar ya le ha mostrado el retrato de Lúcia en el cap. II: "Admiréle de primera mirada una talla esbelta y de suprema elegancia. El vestido que la moldeaba era gris con bordes de terciopelo castaño y daba un extraño realce a uno de esos rostros suaves, puros y diáfanos, que parecen deshacerse al menor soplo, como los tenues vapores del alba. Exudaba en su muda contemplación dulce melancolía y no sé qué destellos de tan ingenua castidad, que mi mirada reposó calma y serena en la mimosa aparición." (p. 13). En el siguiente pasaje Alencar parece llevarnos del exterior al interior de Lúcia: "El rostro suave y armonioso, el cuello y los hombros desnudos, nadaban como cisnes en aquel mar de leche, que ondeaba sobre formas divinas. La expresión angélica de su fisonomía en ese instante, la actitud modesta
y casi íntima, y la sencillez de los vestidos níveos y transparentes, le daban frescura y vigor de infancia, que debía influir pensamientos calmos, si no puros." (p.27).
En lo que concierne al vestuario femenino es innegable la influencia que Balzac ejerció en Alencar. Y Antônio Cândido confirma: "Alencar no denota la influencia marcada del maestro francés solo en la creación de mujeres cuyo porte espiritual domina a los hombres, o en la mezcla de lo novelesco y la realidad. La denota principalmente en la intuición del vestuario femenino, que aborda como elemento de revelación de la vida interior: los vestidos de Lúcia, por ejemplo, desde el discreto, de sarga gris, con que aparece en la fiesta de la Gloria, hasta la llama de sedas rojas con que se envuelve en un momento de desesperada resolución, son tratados con expresivo discernimiento." (op. cit. p.234).
En esta cita de LUCÍOLA, Alencar demuestra que realmente entiende del "volante": "Lúcia se miró por mucho tiempo, y se acercó al espejo para dar los últimos retoques a su traje, que se componía de un vestido escarlata con anchos volantes de encaje negro, bastante escotado para dejar ver sus bellos hombros, de un velo blanco y transparente que flotaba por su seno ciñendo su cuello, y de una profusión de brillantes magníficos capaz de tentar a Eva, si ella hubiera resistido al fruto prohibido.
Una guirnalda de espigas de trigo, le ceñía la frente y caía sobre los hombros con la vasta madeja de cabellos, mezclando los rubios rizos a los negros anillos que jugaban." (p.71).

3- COMPARACIONES - Es un corolario del gusto por la descripción. Las comparaciones de Alencar, generalmente, se refieren a los personajes, ora en sus detalles físicos, ora en sus estados de ánimo, ora en sus atributos morales. El segundo término de la comparación se recoge, en la aplastante mayoría de las veces, de elementos de la naturaleza: reino vegetal, animal o mineral. Una confirmación
de lo dicho está en este trocito: "Como las aves de arribación, que al volver al nido abandonado, traen aún en las alas el aroma de los árboles exóticos en que pousaron en las remotas regiones, Lúcia conservaba del mundo la elegancia y la distinción que se habían, por así decir, impreso y grabado en su persona." (p.117).

4- DESARMONÍAS - Es más o menos lo que antes se llamó "ilogismo". Allí, tal ilogismo se mostró como una de las características románticas en el libro. Aquí, las "desarmonías" aparecen como una de las características del estilo alencariano. Quien las explica es el maestro Antônio Cândido: "Otro factor dinámico en la obra de Alencar es la desarmonía, el contraste de una situación, de una persona o de un sentimiento normal, y tenido por ello como bueno, con una situación, persona o sentimiento discordante. Bajo forma más elemental, es el choque del bien y del mal. (...) En Lucíola, la lujuria del viejo Couto, y más tarde la práctica del vicio, tuercen la personalidad de Lúcia. La forma refinada de este sentimiento de la discordancia es cierta preocupación por la desviación del equilibrio fisiológico o psíquico. Recuérdese la depravación con que Lúcia se estimula y castiga al mismo tiempo, y cuyo
momento culminante es la orgía promovida por Sá - orgía espectacular, con alfombras de terciopelo escarlata, cuadros vivos obscenos, flores y media luz, superando el realismo cualquier otra escena en nuestra literatura seria."(op. cit. p.230).
Ya se dijo antes que el ilogismo, es decir, el contraste de situaciones, personas o sentimientos constituye el aspecto más significativo en la intriga novelesca de LUCÍOLA. Y no será difícil al lector observar la presencia de estas desarmonías o contrastes en el libro. Entre muchos ejemplos que se podrían dar de "desarmonía" de situaciones, está el contraste entre María da Glória y Lúcia: aquella, pobre, simple, escondida; esta, rica, caprichosa, pública. Pero eso ya es un conflicto entre el pasado y el presente. Sin embargo, los contrastes más importantes en la técnica narrativa del libro son aquellos relacionados con personas y sentimientos. De Paulo y Lúcia, naturalmente. La misma Lúcia que compuso recatadamente la bata ante los ojos ávidos y voluptuosos de Paulo que vislumbraban el simple contorno de un seno fue capaz de desfilar desnuda en la cena en casa de Sá.
Ella es así: contradictoria. Ama y odia. Se arroja al vicio y tiende a la virtud, según sus propias palabras: "He aquí mi vida... me dejé arrastrar al más profundo abismo de la depravación; sin embargo, cuando entraba en mí, en la soledad de mi vida íntima, sentía que no era una cortesana como aquellas que me rodeaban. Quedaron grabados en mi corazón ciertos
gérmenes de virtudes..."(p. 112).
También Paulo presenta un comportamiento paradójico. Ora desea violentamente a Lúcia, ora promete respetarla. La ofende y le pide perdón; le da libertad y la quiere solo para sí; la desprecia y siente de ella un punzante celo; la ve como una prostituta refinada y como una niña de quince años, pura y cándida. También Paulo es contradictorio: vil y magnánimo, como todo bípedo implume y social llamado hombre.

ESTRUCTURA DE LA OBRA

1- TÉCNICA NARRATIVA - Por técnica narrativa se entiende el conjunto de recursos utilizados por el autor para que la trama (la acción) llegue hasta el lector.
LUCÍOLA es una novela en primera persona, es decir, quien narra la historia no es Alencar directamente. Lo hace a través de un personaje que vivió los episodios. En este caso, ese personaje narrador es Paulo, quien en cartas dirigidas a una señora (por quien el autor se hace pasar) cuenta una historia de amor ocurrida hace seis años entre él y Lúcia. La señora reunió las cartas e hizo el libro de ellas. "He aquí el destino que les doy; en cuanto al título, no me fue difícil encontrarlo. El nombre de la muchacha, cuyo perfil el señor me dibujó con tanto esmero, me recordó el nombre de un insecto. 'Lucíola' es el luciérnago nocturno que brilla con una luz tan viva en medio de la oscuridad y a la orilla de los charcos. ¿No será la imagen verdadera de la mujer que en el abismo de la perdición conserva la pureza de alma?"
En el capítulo I, el narrador explica la razón de las cartas: "La señora extrañó, la última vez que estuvimos juntos, mi excesiva indulgencia por las criaturas infelices, que escandalizan a la sociedad con la ostentación de su lujo y extravagancias." (p.11).
En la estructura narrativa de LUCÍOLA, por lo tanto, se puede observar lo siguiente:
a) hay un autor real, José de Alencar;
b) un autor ficticio, la señora G. M., destinataria de las cartas de Paulo.
c) Un narrador, Paulo, con la encomienda y el privilegio de ordenar los hechos, comentarlos y sacar conclusiones de ellos.
A medida que transmite los hechos, va proporcionando al lector elementos para el análisis de Lúcia y de sí mismo.

En la novela analizada, los hechos se presentan bajo dos puntos de vista, dos ángulos diferentes: el de Paulo/personaje que transmite al lector las sensaciones vividas con Lúcia y el de Paulo/narrador que, por veces, interrumpe la narrativa haciendo reflexiones o dirigiéndose a la destinataria de sus cartas.

La trama abarca un período de aproximadamente seis meses. Fue lo que duró el noviazgo de la pareja romántica. A veces, el autor avanza la narrativa con soluciones muy simples: "Esta vida calma y tranquila, remanso de una existencia tan agitada, duraba cerca de un mes."(p.1116). En otras, la retrasa: dedicó tres capítulos a la cena en casa de Sá (capítulos VI, VII y VIII).

2- TÉCNICA DE COMPOSICIÓN - En el estudio de una novela es costumbre observar, además de la técnica narrativa del autor, la acción, el tiempo, el lugar y los personajes.

A - ACCIÓN. Ya se dijo antes que la acción de LUCÍOLA (=trama) gira en torno a una historia entre Paulo y Lúcia, con todos los ingredientes de una novela romántica: héroes y villanos, heroínas incomprendidas, vírgenes pálidas y tiernas y cortesanas depravadas, la muerte como única salida para un amor verdadero pero imposible, etc.
La acción en una novela, como en una película, se caracteriza por una "simultaneidad dramática".
Explicando: son varios episodios recogidos, por el autor, en una realidad social o personal e interconectados en la novela. Tales episodios ocurren simultáneamente, como en la vida real. Pero a esta simultaneidad, el autor confiere mayor evidencia a uno de los "casos" que funciona como núcleo central de la narrativa. Hay, por lo tanto, en la novela un episodio central alrededor del cual giran otros secundarios.
En LUCÍOLA, el núcleo central de la narrativa se concentra en Paulo y Lúcia, ora como dos individualidades con pasado y presente propios, ora como el "par romántico". Y se concentra con tal intensidad, (después de todo, el narrador es exactamente Paulo - el héroe, el galán - que ama a Lúcia - la heroína) que los episodios que involucran a los demás personajes quedan totalmente eclipsados.
En el núcleo central - la historia de amor entre Paulo y Lúcia - influirán principalmente las posiciones del Sr. Couto y de Ana: aquel en el sentido negativo de estorbar este amor; esta, en el positivo, como símbolo de una casi perfecta perpetuación del amor de ambos en la tierra.

B - TIEMPO - Significando "época retratada", es el siglo pasado: 1855 - "La primera vez que vine a Río de Janeiro fue en 1855". En una lectura atenta, el lector percibe en el libro el Río de Janeiro de la época de D. Pedro II, con sus salones, su burguesía, sus escaparates chic en la Rua do Ouvidor con mercancías elegantes venidas de París o Londres, sus tilburis, su vestuario, etc.
Como tiempo narrativo, es eminentemente "cronológico". Es decir, en LUCÍOLA los acontecimientos se suceden en un orden casi normal, con una secuencia natural de horas, días, meses, años. Solo hay un momento en que el flujo narrativo retrocede: cuando Lúcia narra a Paulo su pasado. (Cap. XVIII y XIX). Y en dos momentos avanza: el capítulo I y el final del último revelan el estado de ánimo de Paulo seis años después de la muerte de su querida Lúcia:
"Terminé ayer este manuscrito, que le envío aún húmedo de mis lágrimas. (...) Hace seis años que me dejó; pero recibí su alma, que me acompañará eternamente." (p. 127)

C - LUGAR - El escenario donde se desarrolla la acción es Río de Janeiro. Hay referencias a sus barrios (Santa Teresa), calles (das Mangueiras), población, fiestas (la de la Gloria), teatros, tiendas elegantes, etc.
Es curiosa la relación entre los lugares y el comportamiento amoroso-sexual de Paulo y Lúcia, actuando aquellos en el sentido de aproximación o alejamiento, de mayor o menor realización de la pareja. El cuarto de Lúcia es un lugar de lujuria: "... y haciendo correr con un movimiento brusco la cortina de seda, desveló de repente una alcoba elegante y primorosamente adornada."(p. 23) De las varias veces que se unieron sexualmente en este lujoso aposento, ninguna, parece, satisfizo de hecho a la pareja. La primera de ellas terminó así: "Al delirio había sucedido prostración absoluta, orgasmo de la constitución violentamente alterada. Viendo entonces este cuerpo inerte y pasmado, con los ojos vidriosos y las manos crispadas, me dio lástima."(p.25)
El segundo encuentro ya fue totalmente diferente, en lugar y desenlace. Fue en los jardines de la casa del Dr. Sá, donde Lúcia desfiló desnuda ante los invitados. El escenario es muy del gusto del romanticismo: la naturaleza. El lecho es bucólico: "Fuimos a través de los árboles hasta un lecho de hierba cubierto por un espeso dosel de jazmines en flor. Lúcia está vibrando: "- ¡Sí! Olvida todo, y ni te acuerdes que ya me viste. ¡Sea ahora la primera vez!... Los besos que te guardé, nadie los tuvo nunca. ¡Este, créeme, son puros!" (p.47). Y el clímax fue aquel que solo una pareja enamorada consigue extraer del sexo: "No fui yo quien poseí a esa mujer; sino ella quien me poseyó por completo, y tanto, que no me resta de aquella noche más que una larga sensación de inmenso deleite, en la cual me sentía ahogar en un mar de voluptuosidad. " (p.47)
Cuando Lúcia pasó a vivir en una casa pequeña y pobre, en Santa Teresa, en compañía de su hermana Ana, niña inocente, ya no hubo unión carnal entre ellos. Es que los dos ya estaban unidos por un amor espiritual. Una afección muy pura unía a esas dos almas. Y tanto la simplicidad del lugar que "recuerda el espacio feliz de su infancia en São Domingos" como la
inocencia de la niña no comportaban más la depravación del sexo." Su beso casi de hermana apenas de vez en cuando me acariciaba la frente." (p.120)

D- PERSONAJES - Críticas y más críticas han sido hechas a la falsedad de sus héroes y a la fantasía descontrolada con que Alencar maneja el destino. Por ejemplo, esta de Olívio Montenegro, su férreo crítico: "Un novelista con la imaginación de José de Alencar puede pintar una naturaleza extraordinaria, como la naturaleza virgen de Brasil y dar una impresión de grandeza, de invariada grandeza. El elemento humano, sin embargo, nadie lo representa verdaderamente con el capricho de su fantasía. Hay que observar, descubrir al hombre. Y ese descubrimiento es que en verdad nadie reconoce en las novelas de Alencar. Él procuró crear al hombre no a su propia semejanza, como fue una humildad del propio Dios, sino a semejanza de su paisaje, y deforme como ella."(in Romance Brasileiro, 2ª ed., Río de Janeiro, José Olympio, 1953, p.54). Les falta densidad psicológica, según el crítico citado. Pero hay que recordar que el romanticismo se da a la exploración de los sentimientos de los personajes sin la preocupación de indagar la causa última y profunda de los mismos. Es lo que explica M. Cavalcanti Proença: "No hay que buscarle, en la obra, (de Alencar) pozos psicológicos, subterráneos de pasiones y de instintos, abismos de dudas filosóficas tragando sentimientos. A pesar de ser 'fisiólogos', no eran esos sus temas. Él fue un visual, un apasionado de los colores vivos, de las superficies iluminadas, de las formas armoniosas. Como acentúa Augusto Meyer, 'no se le ocurre a nadie buscar en sus páginas otra cosa, sino el encanto de esa misma superficie. Es bello el espectáculo y, como tal,
satisface'." (p.75).
En Lucíola, un personaje presenta gran complejidad psicológica, a la par del idealismo romántico con que fue concebida:
a) LÚCIA - Su principal característica es la contradicción. Como cortesana era la más depravada. Basta recordar la orgía romana en casa de Sá. Sin embargo, la prostitución le era un tormento constante, ya que no se entregaba totalmente a ella. Y los actos libidinosos constituían para ella una verdadera autopunición aliada a un angustiante sentimiento de culpa.
Coexisten en ella dos personas: María da Glória, la niña inocente y simple, y Lúcia, la cortesana seductora y caprichosa. En el libro, sobresale Lúcia, Lucifer, donde aparece 348 veces contra 10 veces como María da Glória, ángel. Tal disparidad realza el motivo de la novela: a medida que Lúcia va amando y siendo amada por Paulo, ella va asumiendo a María da Glória, su verdadera personalidad. Y reencuentra así, a través de él, la dignidad e inocencia perdidas.
Se puede expresar esta duplicidad de la siguiente manera:

LUCÍA
mujer
depravación, lujuria
sentimiento de culpa
prostitución
caprichosa, excéntrica
rechaza el amor
demonio


MARÍA DA GLÓRIA
niña
pureza, ingenuidad
dignidad
inocencia
simple, tierna
tiende al amor
ángel

Perdida la virginidad física, Lúcia, a través de la comprensión y amor de Paulo, tiende hacia la virginidad del espíritu. "¡Ellas no saben, como tú, que yo tengo otra virginidad, ¡la virginidad del corazón!" (p.119). Para ello renuncia a cualquier amor sensual. Incluso al de Paulo, de quien fuera amante y a quien pasó a negar un simple beso. Después que lo conoció, no se entregó a
ningún otro hombre. Es por eso que no cree en el amor de Margarita, de "La Dama de las Camelias", porque ella no negó a su amado Armando el cuerpo que tantos ya habían comprado.
Y Lúcia recupera a los 19 años la María da Glória que había perdido a los 14. "Nada perturbaba la serenidad de Lúcia. Parecía realmente que su alma cándida, mucho tiempo dormida en la crisálida, había despertado por fin, y continuaba la juventud interrumpida por un largo y profundo letargo. (...) Nadie diría que esa muchacha había vivido un tiempo en una sociedad libre." (P.116). Pero esta transformación completa le costó penosos sacrificios y sobre todo mucha incomprensión inicial por parte de Paulo. "¡Mujer incomprensible! (...) Comprendo hoy las rápidas transiciones que se operaban en esa mujer; pero en aquel momento, ¡cómo podía adivinar la causa ignota que transfiguraba de repente a la cortesana depravada en la niña ingenua, o en la amante apasionada!"(p. 51).
Sus rasgos físicos: cabellos y ojos negros, la piel pálida. Su expresión, sin embargo, recuerda al lector su dualidad de carácter: la mirada ora es "elocuente, rayo voluptuoso", ora es límpida, rayo de luz de su alma". Es bien el ideal de belleza romántica, "con su virginidad de alma tan pura y tan absoluta, que no la mancharon los pecados del cuerpo. Por eso, incluso en las horas en que más le resplandece la gloria de cortesana, el novelista la viste simbólicamente de blanco."
Si algún lector no entiende bien la complejidad del personaje Lúcia, como le ocurrió a Paulo al principio de la novela, no es de extrañar, pues al fin y al cabo ella misma se autodefinió: "Es difícil conocerme; más difícil de lo que piensas. Yo misma, ¿sé lo que a veces pasa en mí? ¡No repares en estas rarezas!"(p. 51).

b) PAULO - Es un provinciano de Pernambuco, 25 años, que vino a intentar establecerse en Río de Janeiro. La novela no aclara si es o no licenciado. Solo lo sugiere. Es el narrador de la historia y como tal desvía la atención del lector hacia Lúcia y otros aspectos, no revelando ciertas informaciones suyas. Los detalles físicos, por ejemplo. Cosa, por cierto, rara en José de Alencar, tratándose de personaje central.
Trazando el perfil de Lúcia, él acaba por revelar también el suyo: espíritu observador y sensible, fue el único en comprender el extraño carácter de Lúcia. Su temperamento es reservado sin ser tímido:  "... es hábito mío, desde que entré en el mundo, no admitir a los extraños a la intimidad de mi vida, incluso cuando se trata de objetos sin consecuencia. Solo desvisto mi alma entre amigos". Y como él no posee verdaderos amigos en Río, matices de su personalidad se conocen por deducciones.
Sus reacciones psicológicas se expresan en sus reflexiones: "¡Qué miserable animalidad había en mí aquella noche! Cuando esa pobre mujer alcanzaba el sublime del heroísmo y la abnegación, yo descendía hasta la estupidez y la brutalidad!" (p.74). O en esta: "No conozco animal más estúpido que el bípedo implume y social, que llaman hombre civilizado." (p.76)
Su camino hacia el amor por la heroína fue lento. Al principio, lo que lo impulsaba hacia ella era la atracción sexual. Paulo, entonces, no la entiende y transmite al lector sus incertidumbres y desconfianzas. "Si yo amara a esa mujer... pero solo tenía sed de placer; me hacía de esa muchacha una idea quizás falsa..." (p.118). Tales desconfianzas, a veces, le eran inoculadas por la sociedad a través de algunos representantes - Dr. Sá, Sr. Couto, Cunha. "Cunha tenía razón, pensé; la codicia y la avaricia son los resortes ocultos que mueven este hermoso autómata de carne." (p.50). Y llega incluso a ser violento y sádico con ella. Esto se deduce de varios pasajes, como: "Esta noche la señora no se pertenece: es un objeto, un bien del hombre que la vistió, que la adornó y cubrió de joyas, para mostrar al público su riqueza y generosidad."(p.74). Otras veces, sintió lástima: "Sentía profunda compasión por esa mujer. Su llanto me enterneció; lloré con ella." (p.101). Hubo un período en el que el afecto de ambos se enfrió. Paulo ya la admira y le dedica gran respeto y amistad: "Entramos entonces en una nueva fase de nuestra mutua existencia, fase original y curiosa que me haría reír quince días antes. Con efecto, ¿quién podría juzgar posible una amistad fraternal y pura entre dos criaturas que meses antes intercambiaban las más ardientes expansiones de la sensualidad?" (p.103). Para al final dedicarle sincero amor hasta el punto de vibrar con un posible hijo de ambos: "- ¡Un hijo! Pero es un nuevo lazo y más fuerte que nos une uno al otro. ¿Serás madre, mi querida María?" (p.125).
Es un ingenuo personaje romántico. A pesar de declararse pobre e incluso avergonzarse por ello, vive byronianamente, de sueños, de amor. Los demás personajes son secundarios frente a los dos protagonistas.

c) Dr. SÁ y CUNHA - Amigos de Paulo, siendo el primero desde la infancia. Encarnan la moral burguesa y sus máscaras: austera con los otros, benigna consigo. No poseen personalidad bien delineada en el libro. Ambos ven en Lúcia solo a la prostituta.

d) COUTO y ROCHINHA - El primero es un viejo dado a la jovencita galante. Encarna la obsesión sexual y la vejez. Representa a la sociedad que explota y corrompe. Fue quien aprovechó la necesidad e inocencia de Lúcia. El segundo es un joven de 17 años, tez arrugada, profundas ojeras, viejo prematuro. Libertino precoz. Ellos aparecen así en la novela: "El contraste del
vicio que presentaban aquellos dos individuos: el viejo galanteador, haciéndose niño con miedo de que lo supusieran caduco; y el mozo devoto, esforzándose por parecer decrépito, para que no lo trataran de niño; esa antítesis viva debía ofrecer al espectador escenas grotescas." (p.33).

e) LAURA y NINA - Son meretrices, como Lúcia, pero sin su duplicidad de carácter. No son capaces de "bajar tan bajo" pero, no poseen la "nobleza y altivez" de la protagonista.

f) JESUÍNA y JACINTO - Aquella, es una mujer de 50 años, seca y ya encorvada. Fue quien acogió a Lúcia cuando su padre la expulsó de casa y la inició en la prostitución. Este, es un hombre de 45 años, y "vive de la prostitución de las mujeres pobres y de la devoción de los hombres ricos". (p.111). Por su intermedio Lúcia vendía las ricas joyas que ganaba y enviaba el dinero a la familia pobre. Es quien mantiene la misteriosa conexión en el libro, entre Lúcia y Ana. En fin, es quien cuida de sus negocios.

g) ANA - Es la hermana de Lúcia, a quien hizo educar en un colegio hasta los doce años como si fuera su hija. "Era el retrato de Lúcia, con la única diferencia de tener un largo cabello rubio ceniza en sus rizos. Ana ya conocía a su hermana y la amaba ignorando los lazos de sangre que existían entre ambas." (p.114). Lúcia intenta casarla con Paulo para ser una especie de perpetuación y
concreción de su amor por él: "Ana te daría los castos placeres que yo no puedo darte; y recibiéndolos de ella, aún los recibirías de mí. ¿Qué más podía yo desear en este mundo?" (p.124).

PROBLEMÁTICA PRESENTADA

Vicente Ataíde, en interesante estudio que hizo de LUCÍOLA en el Suplemento Literario del 28/2/1976 del "Minas Gerais", presenta el eje de la estructura narrativa de la novela de la siguiente manera: Paulo quiere a Lúcia, pero él tiene impedimentos de aproximación; Lúcia quiere a Paulo, pero también tiene impedimentos. Es fácil, ahora, entender cómo se arma el conflicto de la novela: PAULO X LÚCIA

 

1- TÉCNICA NARRATIVA - Por técnica narrativa se entiende el conjunto de recursos utilizados por el autor para que la trama (la acción) llegue hasta el lector.
LUCÍOLA es una novela en primera persona, es decir, quien narra la historia no es Alencar directamente. Lo hace a través de un personaje que vivió los episodios. En este caso, ese personaje narrador es Paulo, quien en cartas dirigidas a una señora (por quien el autor se hace pasar) cuenta una historia de amor ocurrida hace seis años entre él y Lúcia. La señora reunió las cartas e hizo el libro de ellas. "He aquí el destino que les doy; en cuanto al título, no me fue difícil encontrarlo. El nombre de la muchacha, cuyo perfil el señor me dibujó con tanto esmero, me recordó el nombre de un insecto. 'Lucíola' es el luciérnago nocturno que brilla con una luz tan viva en medio de la oscuridad y a la orilla de los charcos. ¿No será la imagen verdadera de la mujer que en el abismo de la perdición conserva la pureza de alma?"
En el capítulo I, el narrador explica la razón de las cartas: "La señora extrañó, la última vez que estuvimos juntos, mi excesiva indulgencia por las criaturas infelices, que escandalizan a la sociedad con la ostentación de su lujo y extravagancias." (p.11).
En la estructura narrativa de LUCÍOLA, por lo tanto, se puede observar lo siguiente:
a) hay un autor real, José de Alencar;
b) un autor ficticio, la señora G. M., destinataria de las cartas de Paulo.
c) Un narrador, Paulo, con la encomienda y el privilegio de ordenar los hechos, comentarlos y sacar conclusiones de ellos.
A medida que transmite los hechos, va proporcionando al lector elementos para el análisis de Lúcia y de sí mismo.

En la novela analizada, los hechos se presentan bajo dos puntos de vista, dos ángulos diferentes: el de Paulo/personaje que transmite al lector las sensaciones vividas con Lúcia y el de Paulo/narrador que, por veces, interrumpe la narrativa haciendo reflexiones o dirigiéndose a la destinataria de sus cartas.

La trama abarca un período de aproximadamente seis meses. Fue lo que duró el noviazgo de la pareja romántica. A veces, el autor avanza la narrativa con soluciones muy simples: "Esta vida calma y tranquila, remanso de una existencia tan agitada, duraba cerca de un mes."(p.1116). En otras, la retrasa: dedicó tres capítulos a la cena en casa de Sá (capítulos VI, VII y VIII).

2- TÉCNICA DE COMPOSICIÓN - En el estudio de una novela es costumbre observar, además de la técnica narrativa del autor, la acción, el tiempo, el lugar y los personajes.

A - ACCIÓN. Ya se dijo antes que la acción de LUCÍOLA (=trama) gira en torno a una historia entre Paulo y Lúcia, con todos los ingredientes de una novela romántica: héroes y villanos, heroínas incomprendidas, vírgenes pálidas y tiernas y cortesanas depravadas, la muerte como única salida para un amor verdadero pero imposible, etc.
La acción en una novela, como en una película, se caracteriza por una "simultaneidad dramática".
Explicando: son varios episodios recogidos, por el autor, en una realidad social o personal e interconectados en la novela. Tales episodios ocurren simultáneamente, como en la vida real. Pero a esta simultaneidad, el autor confiere mayor evidencia a uno de los "casos" que funciona como núcleo central de la narrativa. Hay, por lo tanto, en la novela un episodio central alrededor del cual giran otros secundarios.
En LUCÍOLA, el núcleo central de la narrativa se concentra en Paulo y Lúcia, ora como dos individualidades con pasado y presente propios, ora como el "par romántico". Y se concentra con tal intensidad, (después de todo, el narrador es exactamente Paulo - el héroe, el galán - que ama a Lúcia - la heroína) que los episodios que involucran a los demás personajes quedan totalmente eclipsados.
En el núcleo central - la historia de amor entre Paulo y Lúcia - influirán principalmente las posiciones del Sr. Couto y de Ana: aquel en el sentido negativo de estorbar este amor; esta, en el positivo, como símbolo de una casi perfecta perpetuación del amor de ambos en la tierra.

B - TIEMPO - Significando "época retratada", es el siglo pasado: 1855 - "La primera vez que vine a Río de Janeiro fue en 1855". En una lectura atenta, el lector percibe en el libro el Río de Janeiro de la época de D. Pedro II, con sus salones, su burguesía, sus escaparates chic en la Rua do Ouvidor con mercancías elegantes venidas de París o Londres, sus tilburis, su vestuario, etc.
Como tiempo narrativo, es eminentemente "cronológico". Es decir, en LUCÍOLA los acontecimientos se suceden en un orden casi normal, con una secuencia natural de horas, días, meses, años. Solo hay un momento en que el flujo narrativo retrocede: cuando Lúcia narra a Paulo su pasado. (Cap. XVIII y XIX). Y en dos momentos avanza: el capítulo I y el final del último revelan el estado de ánimo de Paulo seis años después de la muerte de su querida Lúcia:
"Terminé ayer este manuscrito, que le envío aún húmedo de mis lágrimas. (...) Hace seis años que me dejó; pero recibí su alma, que me acompañará eternamente." (p. 127)

C - LUGAR - El escenario donde se desarrolla la acción es Río de Janeiro. Hay referencias a sus barrios (Santa Teresa), calles (das Mangueiras), población, fiestas (la de la Gloria), teatros, tiendas elegantes, etc.
Es curiosa la relación entre los lugares y el comportamiento amoroso-sexual de Paulo y Lúcia, actuando aquellos en el sentido de aproximación o alejamiento, de mayor o menor realización de la pareja. El cuarto de Lúcia es un lugar de lujuria: "... y haciendo correr con un movimiento brusco la cortina de seda, desveló de repente una alcoba elegante y primorosamente adornada."(p. 23) De las varias veces que se unieron sexualmente en este lujoso aposento, ninguna, parece, satisfizo de hecho a la pareja. La primera de ellas terminó así: "Al delirio había sucedido prostración absoluta, orgasmo de la constitución violentamente alterada. Viendo entonces este cuerpo inerte y pasmado, con los ojos vidriosos y las manos crispadas, me dio lástima."(p.25)
El segundo encuentro ya fue totalmente diferente, en lugar y desenlace. Fue en los jardines de la casa del Dr. Sá, donde Lúcia desfiló desnuda ante los invitados. El escenario es muy del gusto del romanticismo: la naturaleza. El lecho es bucólico: "Fuimos a través de los árboles hasta un lecho de hierba cubierto por un espeso dosel de jazmines en flor. Lúcia está vibrando: "- ¡Sí! Olvida todo, y ni te acuerdes que ya me viste. ¡Sea ahora la primera vez!... Los besos que te guardé, nadie los tuvo nunca. ¡Este, créeme, son puros!" (p.47). Y el clímax fue aquel que solo una pareja enamorada consigue extraer del sexo: "No fui yo quien poseí a esa mujer; sino ella quien me poseyó por completo, y tanto, que no me resta de aquella noche más que una larga sensación de inmenso deleite, en la cual me sentía ahogar en un mar de voluptuosidad. " (p.47)
Cuando Lúcia pasó a vivir en una casa pequeña y pobre, en Santa Teresa, en compañía de su hermana Ana, niña inocente, ya no hubo unión carnal entre ellos. Es que los dos ya estaban unidos por un amor espiritual. Una afección muy pura unía a esas dos almas. Y tanto la simplicidad del lugar que "recuerda el espacio feliz de su infancia en São Domingos" como la
inocencia de la niña no comportaban más la depravación del sexo." Su beso casi de hermana apenas de vez en cuando me acariciaba la frente." (p.120)

D- PERSONAJES - Críticas y más críticas han sido hechas a la falsidad de sus héroes y a la fantasía descontrolada con que Alencar maneja el destino. Por ejemplo, esta de Olívio Montenegro, su férreo crítico: "Un novelista con la imaginación de José de Alencar puede pintar una naturaleza extraordinaria, como la naturaleza virgen de Brasil y dar una impresión de grandeza, de invariada grandeza. El elemento humano, sin embargo, nadie lo representa verdaderamente con el capricho de su fantasía. Hay que observar, descubrir al hombre. Y ese descubrimiento es que en verdad nadie reconoce en las novelas de Alencar. Él procuró crear al hombre no a su propia semejanza, como fue una humildad del propio Dios, sino a semejanza de su paisaje, y deforme como ella."(in Romance Brasileiro, 2ª ed., Río de Janeiro, José Olympio, 1953, p.54). Les falta densidad psicológica, según el crítico citado. Pero hay que recordar que el romanticismo se da a la exploración de los sentimientos de los personajes sin la preocupación de indagar la causa última y profunda de los mismos. Es lo que explica M. Cavalcanti Proença: "No hay que buscarle, en la obra, (de Alencar) pozos psicológicos, subterráneos de pasiones y de instintos, abismos de dudas filosóficas tragando sentimientos. A pesar de ser 'fisiólogos', no eran esos sus temas. Él fue un visual, un apasionado de los colores vivos, de las superficies iluminadas, de las formas armoniosas. Como acentúa Augusto Meyer, 'no se le ocurre a nadie buscar en sus páginas otra cosa, sino el encanto de esa misma superficie. Es bello el espectáculo y, como tal,
satisface'." (p.75).
En Lucíola, un personaje presenta gran complejidad psicológica, a la par del idealismo romántico con que fue concebida:
a) LÚCIA - Su principal característica es la contradicción. Como cortesana era la más depravada. Basta recordar la orgía romana en casa de Sá. Sin embargo, la prostitución le era un tormento constante, ya que no se entregaba totalmente a ella. Y los actos libidinosos constituían para ella una verdadera autopunición aliada a un angustiante sentimiento de culpa.
Coexisten en ella dos personas: María da Glória, la niña inocente y simple, y Lúcia, la cortesana seductora y caprichosa. En el libro, sobresale Lúcia, Lucifer, donde aparece 348 veces contra 10 veces como María da Glória, ángel. Tal disparidad realza el motivo de la novela: a medida que Lúcia va amando y siendo amada por Paulo, ella va asumiendo a María da Glória, su verdadera personalidad. Y reencuentra así, a través de él, la dignidad e inocencia perdidas.
Se puede expresar esta duplicidad de la siguiente manera:

LÚCIA
mujer
depravación, lujuria
sentimiento de culpa
prostitución
caprichosa, excéntrica
rechaza el amor
demonio


MARÍA DA GRAÇA
niña
pureza, ingenuidad
dignidad
inocencia
simple, tierna
tiende al amor
ángel

Perdida la virginidad física, Lúcia, a través de la comprensión y amor de Paulo, tiende hacia la virginidad del espíritu. "¡Ellas no saben, como tú, que yo tengo otra virginidad, ¡la virginidad del corazón!" (p.119). Para ello renuncia a cualquier amor sensual. Incluso al de Paulo, de quien fuera amante y a quien pasó a negar un simple beso. Después que lo conoció, no se entregó a
ningún otro hombre. Es por eso que no cree en el amor de Margarita, de "La Dama de las Camelias", porque ella no negó a su amado Armando el cuerpo que tantos ya habían comprado.
Y Lúcia recupera a los 19 años la María da Glória que había perdido a los 14. "Nada perturbaba la serenidad de Lúcia. Parecía realmente que su alma cándida, mucho tiempo dormida en la crisálida, había despertado por fin, y continuaba la juventud interrumpida por un largo y profundo letargo. (...) Nadie diría que esa muchacha había vivido un tiempo en una sociedad libre." (P.116). Pero esta transformación completa le costó penosos sacrificios y sobre todo mucha incomprensión inicial por parte de Paulo. "¡Mujer incomprensible! (...) Comprendo hoy las rápidas transiciones que se operaban en esa mujer; pero en aquel momento, ¡cómo podía adivinar la causa ignota que transfiguraba de repente a la cortesana depravada en la niña ingenua, o en la amante apasionada!"(p. 51).
Sus rasgos físicos: cabellos y ojos negros, la piel pálida. Su expresión, sin embargo, recuerda al lector su dualidad de carácter: la mirada ora es "elocuente, rayo voluptuoso", ora es límpida, rayo de luz de su alma". Es bien el ideal de belleza romántica, "con su virginidad de alma tan pura y tan absoluta, que no la mancharon los pecados del cuerpo. Por eso, incluso en las horas en que más le resplandece la gloria de cortesana, el novelista la viste simbólicamente de blanco."
Si algún lector no entiende bien la complejidad del personaje Lúcia, como le ocurrió a Paulo al principio de la novela, no es de extrañar, pues al fin y al cabo ella misma se autodefinió: "Es difícil conocerme; más difícil de lo que piensas. Yo misma, ¿sé lo que a veces pasa en mí? ¡No repares en estas rarezas!"(p. 51).

b) PAULO - Es un provinciano de Pernambuco, 25 años, que vino a intentar establecerse en Río de Janeiro. La novela no aclara si es o no licenciado. Solo lo sugiere. Es el narrador de la historia y como tal desvía la atención del lector hacia Lúcia y otros aspectos, no revelando ciertas informaciones suyas. Los detalles físicos, por ejemplo. Cosa, por cierto, rara en José de Alencar, tratándose de personaje central.
Trazando el perfil de Lúcia, él acaba por revelar también el suyo: espíritu observador y sensible, fue el único en comprender el extraño carácter de Lúcia. Su temperamento es reservado sin ser tímido:  "... es hábito mío, desde que entré en el mundo, no admitir a los extraños a la intimidad de mi vida, incluso cuando se trata de objetos sin consecuencia. Solo desvisto mi alma entre amigos". Y como él no posee verdaderos amigos en Río, matices de su personalidad se conocen por deducciones.
Sus reacciones psicológicas se expresan en sus reflexiones: "¡Qué miserable animalidad había en mí aquella noche! Cuando esa pobre mujer alcanzaba el sublime del heroísmo y la abnegación, yo descendía hasta la estupidez y la brutalidad!" (p.74). O en esta: "No conozco animal más estúpido que el bípedo implume y social, que llaman hombre civilizado." (p.76)
Su camino hacia el amor por la heroína fue lento. Al principio, lo que lo impulsaba hacia ella era la atracción sexual. Paulo, entonces, no la entiende y transmite al lector sus incertidumbres y desconfianzas. "Si yo amara a esa mujer... pero solo tenía sed de placer; me hacía de esa muchacha una idea quizás falsa..." (p.118). Tales desconfianzas, a veces, le eran inoculadas por la sociedad a través de algunos representantes - Dr. Sá, Sr. Couto, Cunha. "Cunha tenía razón, pensé; la codicia y la avaricia son los resortes ocultos que mueven este hermoso autómata de carne." (p.50). Y llega incluso a ser violento y sádico con ella. Esto se deduce de varios pasajes, como: "Esta noche la señora no se pertenece: es un objeto, un bien del hombre que la vistió, que la adornó y cubrió de joyas, para mostrar al público su riqueza y generosidad."(p.74). Otras veces, sintió lástima: "Sentía profunda compasión por esa mujer. Su llanto me enterneció; lloré con ella." (p.101). Hubo un período en el que el afecto de ambos se enfrió. Paulo ya la admira y le dedica gran respeto y amistad: "Entramos entonces en una nueva fase de nuestra mutua existencia, fase original y curiosa que me haría reír quince días antes. Con efecto, ¿quién podría juzgar posible una amistad fraternal y pura entre dos criaturas que meses antes intercambiaban las más ardientes expansiones de la sensualidad?" (p.103). Para al final dedicarle sincero amor hasta el punto de vibrar con un posible hijo de ambos: "- ¡Un hijo! Pero es un nuevo lazo y más fuerte que nos une uno al otro. ¿Serás madre, mi querida María?" (p.125).
Es un ingenuo personaje romántico. A pesar de declararse pobre e incluso avergonzarse por ello, vive byronianamente, de sueños, de amor. Los demás personajes son secundarios frente a los dos protagonistas.

c) Dr. SÁ y CUNHA - Amigos de Paulo, siendo el primero desde la infancia. Encarnan la moral burguesa y sus máscaras: austera con los otros, benigna consigo. No poseen personalidad bien delineada en el libro. Ambos ven en Lúcia solo a la prostituta.

d) COUTO y ROCHINHA - El primero es un viejo dado a la jovencita galante. Encarna la obsesión sexual y la vejez. Representa a la sociedad que explota y corrompe. Fue quien aprovechó la necesidad e inocencia de Lúcia. El segundo es un joven de 17 años, tez arrugada, profundas ojeras, viejo prematuro. Libertino precoz. Ellos aparecen así en la novela: "El contraste del
vicio que presentaban aquellos dos individuos: el viejo galanteador, haciéndose niño con miedo de que lo supusieran caduco; y el mozo devoto, esforzándose por parecer decrépito, para que no lo trataran de niño; esa antítesis viva debía ofrecer al espectador escenas grotescas." (p.33).

e) LAURA y NINA - Son meretrices, como Lúcia, pero sin su duplicidad de carácter. No son capaces de "bajar tan bajo" pero, no poseen la "nobleza y altivez" de la protagonista.

f) JESUÍNA y JACINTO - Aquella, es una mujer de 50 años, seca y ya encorvada. Fue quien acogió a Lúcia cuando su padre la expulsó de casa y la inició en la prostitución. Este, es un hombre de 45 años, y "vive de la prostitución de las mujeres pobres y de la devoción de los hombres ricos". (p.111). Por su intermedio Lúcia vendía las ricas joyas que ganaba y enviaba el dinero a la familia pobre. Es quien mantiene la misteriosa conexión en el libro, entre Lúcia y Ana. En fin, es quien cuida de sus negocios.

g) ANA - Es la hermana de Lúcia, a quien hizo educar en un colegio hasta los doce años como si fuera su hija. "Era el retrato de Lúcia, con la única diferencia de tener un largo cabello rubio ceniza en sus rizos. Ana ya conocía a su hermana y la amaba ignorando los lazos de sangre que existían entre ambas." (p.114). Lúcia intenta casarla con Paulo para ser una especie de perpetuación y
concreción de su amor por él: "Ana te daría los castos placeres que yo no puedo darte; y recibiéndolos de ella, aún los recibirías de mí. ¿Qué más podía yo desear en este mundo?" (p.124).

CARACTERÍSTICAS ROMÁNTICAS EN LA OBRA

1- SUBJETIVISMO - el mundo del romántico gira en torno de su "yo": de lo que siente, de lo que piensa, de lo que quiere. Por eso el poeta y el personaje en la ficción romántica están en continua desarmonía con los valores e imposiciones de la sociedad y/o de la familia.
En LUCÍOLA se encuentran al menos dos grandes manifestaciones de este subjetivismo romántico. La primera está en la propia estructura narrativa de la novela. Se trata de una novela de "primera persona", en la que la historia es narrada desde el punto de vista de una sola persona. En el caso, Paulo. Todo gira en torno de lo que él vio, pensó, sintió junto a Lúcia. Todo, por lo tanto, muy individual. Ya en el cap. I, Paulo aclara que escribió estas páginas para justificarse ante una señora que extrañó "mi (suya) excesiva indulgencia por las criaturas infelices, que escandalizan a la sociedad con la ostentación de su lujo y extravagancia." Para ello, "escribí las páginas que le envío, a las cuales la señora dará un título y el destino que merezcan. Es un 'perfil de mujer' apenas esbozado." (José de Alencar, Lucíola, 3ª ed. São Paulo, Ática, 1976, p.11).
La segunda está en la oposición individuo x sociedad. Para Edgard Cavalheiro "el divorcio entre el hombre y el medio es la piedra de toque de un auténtico espíritu romántico. Sobreponer sentimiento a razón, el entusiasmo al razonamiento, el subjetivismo al objetivismo, son directrices que marcaron la escuela..." En la novela, Paulo y Lúcia ora se insurgen contra las convenciones sociales: "¿Qué me importa lo que piensen de mí?" (op. cit. p.64), ora satisfacen esas mismas convenciones, aunque siempre reafirmando el propio "yo" y haciendo su personalidad. - "... Hay ciertas vidas que no se pertenecen, sino a la sociedad donde existen. Tú  eres una celebridad por tu belleza. El público, a cambio del favor y admiración que rodea a sus ídolos, les pide cuentas de todas sus acciones. Quiere saber por qué andas tan retirada."
- "¡Ah! Olvidaba que una mujer como yo no se pertenece; ¡es una cosa pública, un coche de plaza que no puede negarse a quien llega..." (op. cit. p.67-68).

2- EXALTACIÓN DEL AMOR - El amor es el motor principal de la ficción romántica en prosa y verso. Pero el amor sublime, ajeno a las convenciones sociales, hecho de sacrificio y, a veces, de heroísmos. En Lucíola, la temática central está exactamente en esta exaltación del amor como fuerza purificadora, capaz de transformar a una prostituta en una amante sincera y fiel. "- el amor purifica y siempre da un nuevo encanto al placer. Hay mujeres que aman toda la vida; y su corazón, en lugar de gastarse y envejecer, rejuvenece como la naturaleza cuando vuelve la primavera."(op. cit. p.83).
"Tuve fuerza para sacrificarles antaño mi cuerpo virgen; hoy, después de cinco años de infamia, siento que no tendría el valor de profanar la castidad de mi alma. No sé lo que soy, sé que empiezo a vivir, que he resucitado ahora", dijo Lúcia tras sentir el afecto de Paulo. (Op. cit. p.113).
Y la novela termina con esta patética exaltación del amor, balbuceada por una prostituta regenerada por ese mismo amor, momentos antes de su muerte: "¡Te amé desde el momento en que te vi! Te amé por siglos en estos pocos días que pasamos juntos en la tierra. Ahora que mi vida se cuenta por instantes, te amo en cada momento por una existencia entera. Te amo
al mismo tiempo con todas las afecciones que se puede tener en este mundo. ¡Voy a amarte por fin por toda la eternidad." (op. cit. p.127)

3- AMOR Y MUERTE - En defensa del derecho de amar y ser amado, los héroes y heroínas románticos son capaces de sacrificios y renuncias increíbles. Ante la imposibilidad de la concreción de ese amor fuerte, por injerencias de la sociedad o de la familia, la actitud más común entre los románticos es el deseo de muerte. Muerte natural o suicidio. Las páginas románticas están repletas de tales ejemplos:
Werther, Eurico, Carlota Ángela, Helena, Iracema, etc. La vida pasa a no tener sentido para ellos, ya que la muerte en tales casos es vida.
LUCÍOLA se encuadra perfectamente en esta línea trágica. La novela está impregnada de la idea de muerte, pues Lúcia se queja continuamente de una enfermedad misteriosa que Paulo no comprende ni acepta, suponiendo que se trata de una refinada excusa para no entregarse a él sexualmente. Lúcia no cree ni admite que una mujer como ella pueda disfrutar de las alegrías y gozos del amor conyugal, dando al esposo "el mismo cuerpo que tantos otros tuvieron". (op. cit. p. 83) Sería una profanación del verdadero amor. "¡El amor!... el amor para una mujer como yo sería el castigo más terrible que Dios podría infligirle! Pero el verdadero amor del alma." (Ídem, p.83)
Ante, por lo tanto, la imposibilidad de realización de un amor puro, solo le resta a Lúcia, como personaje de una novela genuinamente romántica, una salida: la muerte. Ni siquiera un hijo merece, pues sería el fruto de un amor vilipendiado. "¡Un hijo, si Dios me lo diera, sería el perdón de mi culpa! ¡Pero siento que no podría vivir en mi seno!" (op. cit. p.103). Y, en una actitud típica de heroína romántica, Lúcia anhela morir en los brazos del hombre amado: "Incluso cuando supiera que moriría en tus brazos... ¡Qué muerte más dulce podía desear!" (op. cit. p91)  "... deseaba que fuera posible morirnos así el uno en el otro... ¡una sola vida extinguiéndose en un solo cuerpo!" (op. cit. p.102). Y así se hizo. Murió al lado del ser amado, diciéndole: "te amaré por fin por toda la eternidad. (...) ¡Recíbeme... Paulo!" (op. cit. p.127).

4- SENTIMENTALISMO MELANCÓLICO - el romántico es, sobre todo, un sentimental. La poesía, sobre todo, está infestada de estas sensitivas melancólicas, pesimistas y sentimentales: Álvares de Azevedo, Casimiro de Abreu, Junqueira Freire, Varela y otros. Aquí y fuera. También en la novela se encuentra una galería enorme de héroes y heroínas lloronas,  que colocan el
sentimiento por encima de la razón, eligiendo el corazón como norma suprema de conducta personal y social. El comportamiento de tales personajes es impredecible, dependiendo de sus estados de ánimo.
En LUCÍOLA, por ejemplo, un mínimo contratiempo es suficiente para lanzar a Lúcia o a Paulo en la más profunda tristeza. Numerosas pasajes de la novela colocan al lector ante cuadros profundamente melancólicos. Como este:
"Fue terrible. Mi padre, mi madre, mis hermanos, todos cayeron enfermos: solo quedábamos en pie mi tía y yo. Una vecina que había venido a ayudarnos, enfermó por la noche y no amaneció. Nadie más se animó a hacernos compañía. Estábamos en la penuria; algo de dinero que nos habían prestado apenas alcanzó para la farmacia. El médico, que nos hacía el favor de atendernos, tuvo una caída de caballo y estaba mal. Para colmo de desesperación, mi tía una mañana no pudo levantarse de la cama; ¡estaba también con fiebre. Me quedé sola! Una niña de 14 años para atender a seis enfermos graves, y encontrar recursos donde no los había. No sé cómo no enloquecí."(op. cit. p.110)
Y esta otra, donde Lúcia se hizo pasar por una amiga muerta para aliviar el sufrimiento de sus padres: "Lucía murió tísica; cuando vino el médico a pasar el certificado, cambié nuestros nombres. Mi padre leyó en el periódico el óbito de su hija; y muchas veces lo encontré junto a esa tumba donde iba a rezar por mí, y yo por la única amiga que tuve en este mundo. Morí pues para el mundo y para mi familia. Mis padres lloraban a su hija muerta; pero ya no se avergonzaban de su hija prostituida." (op. cit. p.112).
Muchas de las actitudes tomadas por Paulo o Lúcia son propias de personas que se dejan guiar por el sentimiento. Esta, por ejemplo, extraña e inexplicable de Lúcia " - ¡Iremos juntos!... murmuró cayendo inerte sobre los cojines de la cama. Tu madre te servirá de tumba." (op. cit. p. 126).
En fin, la novela entera, de principio a fin, está impregnada de una atmósfera melancólico-sentimental.

5- ILOGISMO - Para Domício Proença este ilogismo, en la literatura romántica, "lleva, incluso, a una inestabilidad emocional traducida en actitudes antitéticas o paradójicas: alegría y tristeza, entusiasmo y depresión."
Tal ilogismo parece ser uno de los puntos álgidos de LUCÍOLA. Las paradojas; el comportamiento ora excéntrico ora dubitativo de Lúcia, ora virtuoso, ora pecaminoso que va sumiendo a Paulo en una duda angustiosa; la propia duplicidad comportamental de Paulo, generoso y mezquino, comprensivo e intransigente, correcto y canalla; todo eso da a la intriga de la novela un atractivo todo
especial que, a su vez, ora atrae ora aburre al lector.
Hay aún otras manifestaciones de Romanticismo en la novela, tales como, imaginación y fantasía, culto de la naturaleza, sentido del misterio, exageración. Pero son de importancia secundaria.

CARACTERÍSTICAS DE JOSÉ DE ALENCAR

1- LIRIRMO - No en el sentido de género literario, sino en el sentido de visión lírica de la realidad. En este aspecto, Alencar es un escritor eminentemente lírico, pues es delicado, tierno, de sensibilidad fina, imaginación fértil, estilo lleno de gracia y armonía. La realidad, principalmente la naturaleza, siempre que es posible, es embellecida poéticamente en su pluma. La mayoría de los críticos coinciden en que él creó su estilo, expresado en una musicalidad toda suya.
Hay un lirismo bien bucólico en este pasaje de LUCÍOLA: "Nos sentamos sobre la hierba cubierta de flores y al borde de un pequeño estanque natural, cuyas aguas límpidas espejaban la dulce serenidad del cielo azul. Lúcia sacó de su bolsillo su crochet y el ovillo de hilo, y continuó una corbata que estaba haciendo para mí. Mientras ella trabajaba, yo arrancaba las flores silvestres
para adornarle los cabellos; o me arrastraba por la hierba para besarle la punta del zapato que
aparecía bajo el borde del vestido." (p.105)
Y en este otro hay gracia, ternura, sentimiento: "Toqué con mis labios la raíz de aquellos cabellos sedosos que ondulaban con el soplo de mi respiración. Ana tuvo un estremecimiento íntimo; y se bañó en la onda de púrpura que descendiendo de su frente, se derramó por los hombros roseando la blanca espuma." (p. 120)

2- GUSTO POR LA DESCRIPCIÓN - La descripción parece ser el fuerte de Alencar. Principalmente de estas tres realidades: paisaje, personaje y vestuario femenino. La descripción del paisaje sobresale en calidad y cantidad en sus novelas regionalistas e indigenistas. Incluso en las urbanas, siempre habrá un paréntesis reservado para el paisaje (naturaleza) o el escenario (salones, ambientes). En LUCÍOLA, de vez en cuando aparece la naturaleza como para aliviar al lector de las tensiones de los dramas humanos.
En cuanto a la descripción de los personajes, Alencar parece preocuparse más por el aspecto externo para luego llegar al temperamento.  "Lo físico, incluso antes de las acciones e intenciones, define a sus personajes. Para mostrarles el alma, el autor nos advierte sobre sus planes y proyectos, pero primero les describe rostro y cuerpo, ojos, voz, gestos. Y siempre tiene el cuidado de acentuar rasgos que le parecen reveladores de defectos o virtudes, guiones para el conocimiento psicológico" (M. Cavalcanti Proença, op. cit. p.47).
Antes incluso de que el lector sepa quién era ella, Alencar ya le ha mostrado el retrato de Lúcia en el cap. II: "Admiréle de primera mirada una talla esbelta y de suprema elegancia. El vestido que la moldeaba era gris con bordes de terciopelo castaño y daba un extraño realce a uno de esos rostros suaves, puros y diáfanos, que parecen deshacerse al menor soplo, como los tenues vapores del alba. Exudaba en su muda contemplación dulce melancolía y no sé qué destellos de tan ingenua castidad, que mi mirada reposó calma y serena en la mimosa aparición." (p. 13). En el siguiente pasaje Alencar parece llevarnos del exterior al interior de Lúcia: "El rostro suave y armonioso, el cuello y los hombros desnudos, nadaban como cisnes en aquel mar de leche, que ondeaba sobre formas divinas. La expresión angélica de su fisonomía en ese instante, la actitud modesta
y casi íntima, y la sencillez de los vestidos níveos y transparentes, le daban frescura y vigor de infancia, que debía influir pensamientos calmos, si no puros." (p.27).
En lo que concierne al vestuario femenino es innegable la influencia que Balzac ejerció en Alencar. Y Antônio Cândido confirma: "Alencar no denota la influencia marcada del maestro francés solo en la creación de mujeres cuyo porte espiritual domina a los hombres, o en la mezcla de lo novelesco y la realidad. La denota principalmente en la intuición del vestuario femenino, que aborda como elemento de revelación de la vida interior: los vestidos de Lúcia, por ejemplo, desde el discreto, de sarga gris, con que aparece en la fiesta de la Gloria, hasta la llama de sedas rojas con que se envuelve en un momento de desesperada resolución, son tratados con expresivo discernimiento." (op. cit. p.234).
En esta cita de LUCÍOLA, Alencar demuestra que realmente entiende del "volante": "Lúcia se miró por mucho tiempo, y se acercó al espejo para dar los últimos retoques a su traje, que se componía de un vestido escarlata con anchos volantes de encaje negro, bastante escotado para dejar ver sus bellos hombros, de un velo blanco y transparente que flotaba por su seno ciñendo su cuello, y de una profusión de brillantes magníficos capaz de tentar a Eva, si ella hubiera resistido al fruto prohibido.
Una guirnalda de espigas de trigo, le ceñía la frente y caía sobre los hombros con la vasta madeja de cabellos, mezclando los rubios rizos a los negros anillos que jugaban." (p.71).

3- COMPARACIONES - Es un corolario del gusto por la descripción. Las comparaciones de Alencar, generalmente, se refieren a los personajes, ora en sus detalles físicos, ora en sus estados de ánimo, ora en sus atributos morales. El segundo término de la comparación se recoge, en la aplastante mayoría de las veces, de elementos de la naturaleza: reino vegetal, animal o mineral. Una confirmación
de lo dicho está en este trocito: "Como las aves de arribación, que al volver al nido abandonado, traen aún en las alas el aroma de los árboles exóticos en que pousaron en las remotas regiones, Lúcia conservaba del mundo la elegancia y la distinción que se habían, por así decir, impreso y grabado en su persona." (p.117).

4- DESARMONÍAS - Es más o menos lo que antes se llamó "ilogismo". Allí, tal ilogismo se mostró como una de las características románticas en el libro. Aquí, las "desarmonías" aparecen como una de las características del estilo alencariano. Quien las explica es el maestro Antônio Cândido: "Otro factor dinámico en la obra de Alencar es la desarmonía, el contraste de una situación, de una persona o de un sentimiento normal, y tenido por ello como bueno, con una situación, persona o sentimiento discordante. Bajo forma más elemental, es el choque del bien y del mal. (...) En Lucíola, la lujuria del viejo Couto, y más tarde la práctica del vicio, tuercen la personalidad de Lúcia. La forma refinada de este sentimiento de la discordancia es cierta preocupación por la desviación del equilibrio fisiológico o psíquico. Recuérdese la depravación con que Lúcia se estimula y castiga al mismo tiempo, y cuyo
momento culminante es la orgía promovida por Sá - orgía espectacular, con alfombras de terciopelo escarlata, cuadros vivos obscenos, flores y media luz, superando el realismo cualquier otra escena en nuestra literatura seria."(op. cit. p.230).
Ya se dijo antes que el ilogismo, es decir, el contraste de situaciones, personas o sentimientos constituye el aspecto más significativo en la intriga novelesca de LUCÍOLA. Y no será difícil al lector observar la presencia de estas desarmonías o contrastes en el libro. Entre muchos ejemplos que se podrían dar de "desarmonía" de situaciones, está el contraste entre María da Glória y Lúcia: aquella, pobre, simple, escondida; esta, rica, caprichosa, pública. Pero eso ya es un conflicto entre el pasado y el presente. Sin embargo, los contrastes más importantes en la técnica narrativa del libro son aquellos relacionados con personas y sentimientos. De Paulo y Lúcia, naturalmente. La misma Lúcia que compuso recatadamente la bata ante los ojos ávidos y voluptuosos de Paulo que vislumbraban el simple contorno de un seno fue capaz de desfilar desnuda en la cena en casa de Sá.
Ella es así: contradictoria. Ama y odia. Se arroja al vicio y tiende a la virtud, según sus propias palabras: "He aquí mi vida... me dejé arrastrar al más profundo abismo de la depravación; sin embargo, cuando entraba en mí, en la soledad de mi vida íntima, sentía que no era una cortesana como aquellas que me rodeaban. Quedaron grabados en mi corazón ciertos
gérmenes de virtudes..."(p. 112).
También Paulo presenta un comportamiento paradójico. Ora desea violentamente a Lúcia, ora promete respetarla. La ofende y le pide perdón; le da libertad y la quiere solo para sí; la desprecia y siente de ella un punzante celo; la ve como una prostituta refinada y como una niña de quince años, pura y cándida. También Paulo es contradictorio: vil y magnánimo, como todo bípedo implume y social llamado hombre.

PROBLEMÁTICA PRESENTADA

Vicente Ataíde, en interesante estudio que hizo de LUCÍOLA en el Suplemento Literario del 28/2/1976 del "Minas Gerais", presenta el eje de la estructura narrativa de la novela de la siguiente manera: Paulo quiere a Lúcia, pero él tiene impedimentos de aproximación; Lúcia quiere a Paulo, pero también tiene impedimentos. Es fácil, ahora, entender cómo se arma el conflicto de la novela: PAULO X LÚCIA

 

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